MI NIÑA DE LUNARES (I)

mi niña de lunares

Querida niña de lunares:

Viernes. 13:30. A solo media hora para comenzar un fin de semana que esperaba con ganas.Cuando ya había apagado el ordenador y había desenchufado las ideas. Cuando creía que la semana laboral llegaba a su fin,  llegas con  tu carita de interrogante.

Tienes 13 años, me tocas por la espalda. Y me preguntas: “¿Qué me pasa?”.

Buena pregunta.

Todos creen que se trata de algo propio de la edad. La adolescencia siempre tiene la culpa de todo. Aunque sucede que, en ocasiones, lo que el espejo devuelve no siempre se corresponde con la realidad. Sin embargo te equivocas al pensar que nadie te comprende.

Entiendo tu preocupación desmesurada por tu pelo, tu desagrado desmedido por tu acné, la valoración exagerada de tu altura, tu constitución, o el resto de TODOS tus defectos e imperfecciones.

También entiendo que nadie parece darle la importancia que tiene para ti. En el mejor de los casos te ofrecerán, con noble intención, consejos para que mejores o cambies esos “complejos” que pareces tener; en el peor de los casos, acabarán juzgándote o reprochándote que te quejas, pero no haces nada por evitarlo.

Seguro que has mirado en internet mil veces cómo mejorar tu imagen. Seguro que has planificado miles de acciones, has realizados infinitos intentos o te has comparado con cada persona que conoces.

Es posible que te mires frecuentemente en el espejo para confirmar tu diagnóstico de la situación; o por el contrario, procures no mirar cuando pases por delante de un cristal que te devuelva “tu realidad”, para no tener que ver la fatalidad.

Aunque no lo creas, cabe la remota posibilidad de que entienda cómo te sientes.  Hay más de una oportunidad para la nula conformidad con el aspecto físico propio en tu día a día.

Y no. Tampoco se trata del típico complejo o las ganas de verse un poco más guapa, más alta, mas delgada.

Querida niña,

El Trastorno Dismórfico Corporal o Dismorfofobia, recogido en el Manual Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales es el trastorno en el que una persona se ve de forma exagerada o completamente diferente a como es en realidad y siente rechazo por sí misma o por su aspecto.

Este trastorno lleva a probar todo tipo de remedios o retoques para “verse” mejor. Podrán tomar todas las medidas al alcance para verse mejor. Pero nada cambiará, porque el problema no es físico. ¿Te identificas, mi niña de lunares?

A ver cómo hago yo el lunes para explicárselo a tu mamá. A una madre que te quiere. Que te ve bonita. Que te percibe siempre tan alegre y divertida. Que ve lo mejor de ti. Que piensa que son cosas de la edad. Que le duele lo que a ti pueda dolerte.

Empezaré por explicarle que lo tú que percibes y la realidad no coinciden.  Que no es un capricho, que no lo haces por llamar la atención. Que no eres capaz de cuestionar tu percepción, un concepto siempre subjetivo.

Tanto es así que, aunque todos te digamos lo bonita que eres o que exageras tu autovaloración,  tú te castigas demasiado y sufres convencida de que los demás te lo dicen para consolarte.

También habrá que explicarle bien que la solución no está en que te cuides más, que comas más sano o que hagas deporte. Al menos, de momento, no es la solución a tu problema.

Ahí es donde está la clave. Porque NO SE CUIDA LO QUE NO SE QUIERE. NO SE QUIERE, LO QUE NO TIENE VALOR. Y tú has llegado incluso a aborrecerte, lo que te lleva a vivir continuamente en un estado de gran ansiedad y angustia.

Al principio habrá que centrar todos los esfuerzos en trabajar esto.  NO SE CUIDA LO QUE NO SE QUIERE.

Me recuerda a la teoría de las vidrieras rotas. Lo utilizaré como ejemplo para explicárselo a mamá.

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Para quien no sea capaz de entenderlo, a partir de la percepción distorsionada del propio cuerpo, se genera una forma incorrecta de pensamiento y una rumiación constante, y en consecuencia aparecen comportamientos que crean conflictos, y que también producen conductas de elevado riesgo, radicales y agresivas consigo mismo. En el mejor de los casos, llevan a tomar actitudes  de descuido del propio cuerpo, como comer compulsiva y compasivamente. Convertidos en el propio contrincante, en el saboteador de los propios deseos y necesidades. El enemigo al otro lado.

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Si hemos entendido bien que se trata de un trastorno, si comprendemos que estamos hablando de distorsión perceptiva, es fácil entender que hacer dieta, deporte, aceptarse a sí misma o quererse un poco más, en estos términos, es más un castigo o un imposible, que una sencilla decisión.

Más allá de lo adecuado nutricionalmente y lo saludable, existe un error a nivel cognitivo. La dieta o el ejercicio solo llevará a más frustración y angustia, porque la cabeza no está funcionando correctamente para adoptar pautas saludables.

Cuando el mundo marca un canon de belleza tan cuadriculado, a mí me encantaría contarte que creo firmemente en la belleza de lo natural, en la diversidad como concepto con un gran valor añadido; y en el respeto y el aprecio, más que en la mera aceptación de lo diferente.

No te consuela. Lo sé.

Incluso cuando la sensatez que has desarrollado a tus 13 años te ayuda a entender que la belleza es un constructo social, sufres porque no encajas como los demás esperan que encajes. Incluso cuando eres capaz de ver que tienes otras “cosas bonitas” dentro de ti, parece no ser suficiente porque el contexto social ha decidido que lo bonito es “otra cosa”.  En una sociedad en la que Parecer es más importante que Ser.

Flores de IsabellaPero tranquila, mi niña de mirada cercana. Encontraremos la forma de que aprendas a  percibir tu cuerpo de forma correcta, a darle el valor adecuado a tu cuerpo. Llegarás incluso a cogerle cariño a tus rizos. Y entonces te fijarás en tu sonrisa, en tus grandes ojos que no dejan indiferentes, en tus “cosas bonitas”.

Comenzarás a pensar que merece la pena cuidar tu propio cuerpo… Y entonces, solo entonces, estarás en condiciones de hacerlo.

“¿Con qué no vas a poder? …Si yo he visto flores romper asfalto”

R.Islas

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