Dulce mindfulness.

¿Te ha pasado estar a tantas cosas a la vez, que no tienes muy claro si realmente has estado centrado en algo?

Les pedimos a nuestros alumnos que estén atentos en el cole, atentos cuando les hablamos, atentos cuando van a hacer algo, pero ¿y nosotros?

De la siembra que nos está dejando nuestra realidad multimedia, estamos recogiendo una fuerte pérdida de atención en el momento “aquí y ahora”.

Mira el siguiente vídeo y verás de que te hablo: Fernando Tobias.  Así comenzaba el último de los talleres que pude compartir en las jornadas de orientación sobre Educación Emocional, celebradas en Madrid la semana pasada.

Fernando  Tobías Moreno, doctor en psicología y colaborador como profesor de mindfulness en la distintas universidades españolas, nos enseña prácticas herramientas para enfocar nuestra atención en plena era de las distracciones. Un taller realmente interesante en los tiempos que corren.

Pero, ¿de qué se trata realmente el entrenamiento de atención plena?

El mindfulness se ha puesto de moda porque constituye una herramienta muy sencilla para estar “aquí y ahora”, y ahora está al alcance de todos, incluso de los más pequeños, si se introduce como un juego. Esta semana he puesto en práctica lo aprendido y funciona. Los efectos inmediatos  de esta intervención en el aula, con  niños de primaria o de secundaria,  se comprueban al ver como poco a poco se empieza a minimizar el estrés y como se van gestionando mejor los problemas de comportamiento. Lo que empezó con risas y como un juego, se va convirtiendo en curiosidad y en ganas de querer hacer más. A mis niños les emociona. Y a la profe le encanta que a ellos les guste. Así que seguimos avanzando.

Mindfulness, o atención plena, significa estar presente aquí y ahora sin juzgar y con aceptación. Son muchos  los beneficios que el mindfulness proporciona a los niños (y no tan niños): nos permite vivir de una forma más plena y consciente. Tomar conciencia de lo que hacemos y cómo nos sentimos. Y aunque siempre existen cosas a nuestro alrededor que no podemos cambiar, sí podemos ayudar a nuestros niños a modificar su percepción y  su actitud para afrontarlo.

Por otra parte, las investigaciones nos dicen que la intervención  a largo plazo mejora el aprendizaje, la curiosidad, la eficacia de la atención, la creatividad y, por tanto, el rendimiento académico. En pocas sesiones logran concentrarse con más facilidad. Aprender a regular sus emociones, a expresar y gestionar lo que sienten, a ponerle nombre a sus estados de ánimo, incluso a encontrar una cierta serenidad y equilibrio cuando se sienten enfadados, asustados o angustiados. Mejora las habilidades prosociales como la paciencia, la empatía, la alegría por el bienestar de los demás o la ecuanimidad.Contribuye, en definitiva, a que puedan sentirse más seguros.

Sin tanta pretensión, como es mi caso, si consigues sacarlos un rato del ruido constante en el que viven, pararlos para que reflexionen sobre cómo se sienten y porqué se sienten así, me doy por satisfecha. Así que, en este pequeño espacio en el que convivo con 29 pequeñas personitas (cada una con su realidad paralela a lo que vivimos en clase), conseguir que todos coincidamos en un mismo momento con atención consciente a lo que estamos viviendo, me parece todo un reto. Es decir, que descubran por ellos mismos lo que ahora venimos llamando “introspección”. Además, cuando consiguen verbalizarlo y compartirlo, les ayuda a desahogarse, a desprenderse de miedos y a entender porqué sienten todo eso y (lo que para ellos es muy importante en el momento evolutivo que viven), saber que a todos nos pasa algo parecido, dándole un toque de normalidad que tanto les alivia.

¿Cómo lo hacemos? Después de leer diferente bibliografía sobre el tema y de asistir a varios talleres, comparto alguna de las dinámicas sencillas que he puesto en marcha  y qué más ha gustado a los “peques”:

1. Dile al niño que vas a tocar una campana, una canción o un sonido similar. Pídele que escuche atentamente el sonido y que levante las manos cuando ya no oiga nada, cuando el sonido haya desaparecido completamente.  Así trabajamos la  atención auditiva en las sesiones de mindfulness. Cada vez que suena la campana, los niños saben que deben parar y dejar cualquier cosa que estén haciendo, cerrar sus ojos, escuchar muy atentamente el sonido y permanecer en silencio hasta que dejen de oír ese sonido. Esto puede durar hasta 20 segundos. Silencio que se agradece en un día lleno de ruidos.

2. La respiración como hábito, siempre al comenzar.  Una respiración profunda nos puede devolver la calma y hacernos sentir bien en cualquier momento. Una forma que les gusta mucho es imaginar que tienen una “cañita” de refresco en la boca. Deben colocar los labios como si fueran a soplar por ella. Esto hace que tarden más en expulsar el aire, y la respiración se ralentice.

3. Otra opción: Haz un barco de papel y túmbate en el suelo boca arriba,colocando el barco sobre la tripa. Inspira y haz una gran ola desde el ombligo hacia el pecho. ¿Ves cómo se mueve el barco con la ola?

4. Podemos bailar eligiendo un animal que nos guste expresando emociones de alegría, tristeza o sorpresa; o simplemente como nos apetezca o sintamos en ese momento. El momento más divertido del día, bailar con ellos, trasmitiéndoles el mensaje de que no hay porqué tener vergüenza de hacer este tipo de dinámicas.

5. Podemos jugar a ser astronautas que visitan otros planetas (ese viaje que tanto les apasiona). Ofrécele su ingrediente favorito y pídele que lo describa con los 5 sentidos como si fuese la primera vez que lo ve:  cómo es ese alimento, qué forma tiene, su color, su peso, su olor, si es blando o crujiente, si es suave o rasposo.

6. El paseo consciente en zonas al aire libre: dar un paseo con el único propósito de pasear, mirando, oliendo, escuchando en silencio. Así descubren la belleza en cada instante; pero no sólo en la naturaleza, donde están todas las formas y los colores posibles, sino también en el lenguaje, la sonrisa, los abrazos, los gestos de complicidad… Lo de abrazar les encanta, no sé qué nos pasa cuando nos hacemos mayores. Seguir leyendo “Dulce mindfulness.”