Normalizar emociones

 

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 «No olvidemos que las pequeñas emociones son los grandes capitanes de nuestras vidas y las obedecemos sin darnos cuenta». -Vincent Van Gogh-

¿Cuándo fue la última vez que lloraste a moco tendido, o que sentiste un momento repentino de euforia descontrolada?

Con cada adulto, adolescente o niño ocurre siempre lo mismo. Detrás del dolor, de cada enfado, de cada incertidumbre, de cada sacudida, de cada circunstancia que nos acompaña o nos persigue, siempre hay un estado emocional convertido o no en un sentimiento. Es lo normal. Pero por alguna razón (que analizaremos en otra ocasión) nos empeñamos en negar la evidencia. Y es que no sé en qué momento nos han enseñado a negar/ocultar/disimular/posponer nuestros estados emocionales. Sin embargo, si supiéramos cuánto daño conlleva esta práctica de negar nuestro dolor, prestaríamos más atención.

Si además tuviéramos en cuenta que, cuanto antes  y más naturalmente le demos salida a lo emocional, más rápido pasaría todo y antes retomaríamos la normalidad, se dan entonces dos motivos de peso para profundizar más sobre este tema.

Aburrimiento, aceptación, admiración, alegría, alivio, amor, asco, asombro, compasión, confusión, culpa, decepción, desaliento, deseo, entusiasmo, envidia, euforia, felicidad, frustración, gratitud, hostilidad, ilusión, incomprensión, inseguridad, ira, irritación, melancolía, miedo, nostalgia, odio, orgullo, placer, remordimiento, satisfacción, serenidad, soledad, tensión, ternura, tristeza, vergüenza…. 40 estados emocionales, entre otros 250 posibles, que de una forma directa o indirecta forman parte de nosotros. Todas estas reacciones van a estar presentes minuto a minuto en nuestro cuerpo cada día de nuestra vida. Es lo normal. Tanto si somos conscientes, como si no. Algunos estados incluso pasan de un extremo a otro en cuestión de minutos. Es solo una muestra pequeña de la cantidad de situaciones emocionales que podemos experimentar. Así somos, así debemos ser y así debemos aceptarnos.

Esto es una especie de reivindicación. Por el bien de nuestra propia salud mental es saludable y sano normalizar las emociones, entender las reacciones emocionales como algo inexcusable para nuestro equilibrio vital. De hecho, no sentir emociones de algún tipo sí es una verdadera patología. Y tan necesario es sentirlas como darles salida cuando nos invaden.

“Vamos a curarnos emocionalmente; así podremos dejar de lastimar accidentalmente a las personas que queremos amar, al proyectar en ellas nuestras propias heridas” 

Las emociones son estados psicofisiológicos relativamente breves que todos, inevitablemente, experimentamos. Están causados por la liberación en nuestro cerebro de ciertos neurotransmisores u hormonas, que pasados por un filtro más cognitivo se convierten en sentimientos.

Imagina cualquier situación que te haga sentir mal. Ante algo así, lo clínicamente saludable, es tener una reacción inconsciente, automática, que no vamos a poder controlar.

La palabra emoción viene del latín “emovere” que quiere decir mover hacia o desde.  Porque, en contra de lo que se piensa, las emociones son algo transitorio, que nos saca de nuestro estado habitual y nos empujan a la acción. Por tanto son vitales y  necesarias para recomponernos.

Como vemos, estados emocionales hay muchos pero 4 son los grupos de emociones primarias o básicas que son la base de nuestro universo emocional: la tristeza, el enfado, el miedo y la alegría.

Como anécdota, añadiré que me resultó curioso averiguar que el enfado es una de las emociones que más fácilmente se disipa. Porque después lo que queda no es el enfado en sí, sino el orgullo, que es un estado bajo la influencia de lo cognitivo.

Decíamos que las emociones son necesarias, adaptativas… pero también breves. Sin embargo, un sentimiento es la suma de una emoción y un pensamiento.

La emoción se transforma en sentimiento cuando tomamos consciencia de ella. Además de la reacción fisiológica inicial, interviene ahora un componente cognitivo y subjetivo. Es como si le ponemos una etiqueta a la emoción y emitimos un juicio acerca de ella. Es la interpretación que hacemos de esas emociones, y se pueden regular mediante nuestros pensamientos. Solo cuando somos conscientes de nuestros sentimientos vamos a poder gestionarlos.

«Los sentimientos no pueden ser ignorados, no importa cuán injustos o ingratos nos parezcan.»  Anna Frank

Un factor importante es el pensamiento y el comportamiento que manifestamos mientras sentimos la emoción. Lo que hagamos en esas condiciones, nos va a afectar a nosotros mismos pero también a los demás.

Cuando nos invade una emoción  debemos de hacer lo más difícil del mundo: NO HACER NADA por controlarla o evitarla.  Dejarla salir, sentirla, vivirla…

Las emociones que catalogamos como negativas tienen como objetivo evolutivo pedir ayuda. Pídela.

Si fuésemos capaces de ver las emociones como datos de lo que está ocurriendo en nosotros, lo veríamos de otra manera. Solo es incómodo, no va a matarte. Es un puñado de química corriendo por tu torrente sanguíneo. No le des más dimensión, no dramatices sobre ella.

Para tener estabilidad emocional debemos tratarnos a nosotros mismos con respeto y empatía. No autojuzgarnos ni criticarnos de manera patológica. En definitiva, relacionándonos con los demás, pero también con nosotros mismos, con afectividad.

Normaliza incluso con los demás. Puede que entonces aparezca otra emoción: la vergüenza.  ¿Es tan malo sentirse mal de vez en cuando?

Cuéntale abiertamente a las personas de confianza cómo te sientes. Llora, ríe,… Compartirlo con los demás aliviará la carga, y verbalizarlo en voz alta te ayudará a comprender qué es lo que realmente está pasando. Te dará otros puntos de vista.

No olvides que tus emociones, lejos de hacerte una persona débil, están presentes para protegerte. No las escondas, vívelas, aprende de ellas y deja que te inspiren.

No es bueno callar lo que se siente. En algún momento, tarde o temprano, terminará estallando de la peor forma. Recuerda que todas las emociones que experimenta una persona son siempre válidas y tienen siempre sentido.

Normalicemos. No hay cosa más bonita que llorar o reír por algo que nos importa. En ambas ocasiones, poco a poco el alma descansa y uno termina por sentirse mejor. Eso es señal de que estamos vivos. No podemos ni debemos ser siempre fuertes. No es saludable… ni posible.

 

¡Enfócate!

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“Cambia tu atención y cambiarás tus emociones. 

Cambia tu emoción y tu atención cambiará de lugar”

Frederich Dolson

¿Quieren saber más curiosidades sobre nuestro  cajón de prioridad?

 

Por suerte, no ha hecho falta restaurar todo en nuestro cajón desastre, porque algunos compartimentos son de lujo. Esto ocurre porque hay varios niveles y algunos los tenemos muy bien organizados, dando gusto verlos. Existen diferentes modelos que explican la organización del proceso atencional en niveles, pero el modelo de Sohlberg y Mateer me parece muy clarificador.IMG_2213

– La atención interna sirve para darle prioridad a los propios procesos mentales e interoceptivos y otras sensaciones que provienen de los órganos internos del cuerpo, como el dolor, la sed, el hambre, la temperatura corporal, etc. 

 

img_0657-e1576015377949.jpg– La atención externa necesaria para captar para cualquier estímulo externo del entorno, algo que ella domina de maravilla. Tanto su atención visual como la auditiva dan miedo. Para que se hagan una idea, ella es algo así como un radar de última generación que siempre está activado, que en asociación con el pensamiento lateral al que da rienda suelta y su ilustre forma de cuestionarse y cuestionarnos todo en la vida (y lo que es peor, su interés por querer comprobarlo todo) le dan las herramientas más eficaces para un futuro comportamiento científico.

 

– La atención abierta que acompañada de alguna respuesta motora facilitan el acto de atender, como orientar nuestro cuerpo hacia el estímulo, acercar la oreja, etc.

 

– Por el contrario, la atención encubierta es la que permite atender a los estímulos sin la apariencia de estar atendiendo. Cuando decimos (especialmente los profes) “parece que está a otra cosa, pero tiene la antena activada para no perder detalle.

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– La atención selectiva o focalizada nos permite seleccionar estímulos y centrarnos en uno solo de forma voluntaria descartando todo cuanto ocurre alrededor. Es fácil adivinar que es fundamental para tareas cognitivas y académicas. Y ya sabemos que las mentes brillantes con actitud curiosa y pensamiento científico quieren estar a todo, y “a todos”. Y por ejemplo, ocurre que si hablamos con los compis, será difícil atender a las explicaciones de la profe. Por suerte, cualquier función cognitiva es fácilmente entrenable y Maripuri está en manos. Buscaremos la estrategia adecuada para que sepa diferenciar bien cuándo conversar y cuándo centrar la atención en lo relevante. Porque también es cierto que estar todo el día en clase sin hablar es muy aburrido.

 

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La atención dividida en dos o más tareas al mismo tiempo. Por ejemplo, conducir y cantar al mismo tiempo. O un término muy frecuentemente utilizado en la actualidad: los niños o personas multitareas. Hay algunos niños que en el cole reciben la etiqueta de TDAH, cuando puede ser que que en realidad estén en proceso de desarrollo de esta habilidad de poder estar atentos a muchos estímulos al mismo tiempo. Tiempo al tiempo, la multitarea humana será una realidad al ritmo que vamos.

 

– La atención sostenida para poder mantener durante el tiempo necesario la atención, haya motivación o no.

Maripuri y yo hemos tenido mucha suerte de poder restaurar artesanalmente entre las dos nuestro cajón de prioridad. Pero para quien no tenga tanta suerte, actualmente existen talleres de estimulación cognitiva, así como diferentes actividades y ejercicios de estimulación cognitiva, juegos de brain-training, entrenamiento intelectual, cuadernos de estimulación o nuevas neurotecnologías, como Elevvo, una tecnología basada en EEG para mejorar la atención sostenida y otras capacidades como la memoria de trabajo y la velocidad de procesamiento.

 

Existen profesionales a los que pedirles orientaciones para trabajar de forma casera, en los trayectos en el coche o cuando hacemos las tareas domésticas en familia.

 

Aquellos que estén interesados en restaurar también su cajón de prioridad, o el de sus “Maripuris” y quieran profundizar más sobre el tema,  recomiendo el Manual de psicología de la atención: una perspectiva neurocientífica, que explica muy bien los tipos de “cajones según taxonomías y según la actitud de cada persona.

 

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Formas de sanar (Autolesiones II)

NO ESTÁS SOLO

31416707_10214556213435668_5154302873348981578_n (1).jpgSi te autolesionas, o si piensas en lesionarte, piensa que es un signo de una situación que tiene remedio con la colaboración adecuada. Habla con alguien de confianza, como un amigo,  un familiar cercano, un profesor, un orientador escolar que te pueda ayudar a dar los primeros pasos para buscar la ayuda necesaria. Puedes sentirte avergonzado o incómodo al hablar de tu comportamiento, de tu dolor o de tu incertidumbre. Pero si das el primer paso encontrarás  apoyo, atención y ayuda sin prejuicios.

Si es tu amigo el que se autolesiona, puedes sentirte  confuso o atemorizado, pero estoy segura de que quieres ayudarle. Coméntalo igualmente con un adulto de confianza que creas que pueda ayudar sin juzgar a tu amigo. Aunque puedas sentir que estás traicionando su confianza, es algo importante como para ignorarlo o afrontarlo solo. Piensa que no solo conseguirás que deje de autolesionarse, tu colaboración servirá para calmar un dolor más profundo, más allá de las heridas en sus brazos o piernas.

No hay manera segura de prevenir esta conducta de autolesión, pero podemos contribuir a gestionarla identificando a la persona en riesgo, así como las señales que indican la existencia de problemas. Ofreciendo ayuda y entrenamiento en habilidades resilientes y gestión de emociones, y habilidades para relacionarse y comunicarse, ya que muchos de ellos se sienten solos y aislados.

Es fundamental fomentar cauces de comunicación efectiva con los niños. Enseñarles desde pequeños a expresar sus sentimientos y temores hace más sencillo que consigan gestionar sus emociones saludablemente. Aumentar el diálogo sobre la influencia de los medios de comunicación. Enseñarles a pensar críticamente sobre influencias de riesgo y crear conciencia entre los iguales, para animarles a buscar ayuda.

IMG_4026.JPGTambién es determinante la observación de cambios significativos en el comportamiento y la búsqueda de ayuda profesional. Se necesita realizar una intervención personalizada, para ayudarle a aprender formas más saludables de enfrentar la situación.

La tendencia a ocultar el problema aumenta estos riesgos ya que, ante una falta de diagnóstico es imposible el tratamiento por parte de profesionales. En la gran mayoría de los casos el diagnóstico se hace muy complicado debido a la intencionalidad de ocultar el problema por parte del adolescente. La vergüenza, la culpabilidad y el miedo a ser interrogados y juzgados les lleva a ocultarlo. Por lo que para conseguir los resultados positivos en la terapia es imprescindible el apoyo de la familia. No cuestionarlos ni juzgarlos a ellos (ni tampoco cuestionarse como padres) será determinante para que se atreva a enfrentarse al problema. Con la ayuda de profesionales es posible aprender a administrar los conflictos internos y externalizar el dolor de forma sana y eficiente sin causar daño físico.

Puede ayudarte revisar la siguiente información de la Sociedad Internacional de Autolesión

Autolesiones

 

”No sé qué me pasa. No me siento mal, pero tampoco me siento bien. En realidad no siento nada” ( E.I.T)

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Desde hace no mucho tiempo, en los centros educativos, consultas de pediatría y psicología se han incrementado llamativamente el número de casos de autolesiones: heridas que siguen patrones, arañazos, hematomas, cortes con la cuchilla del afilador o con tijeras,  rascarse hasta hacerse sangre, quemarse, arrancarse el pelo o morderse. Lo hacen de distintas formas y en distintos lugares del cuerpo como el interior de los antebrazos o de los muslos, en el torso, etc.

“Ni siquiera noto que me estoy autodestruyendo” (D.B.B.)

De fondo, si prestamos atención pueden darse otro tipo de alarmas, como dificultades en relaciones interpersonales, inestabilidad del comportamiento y emocional, impulsividad e imprevisibilidad, declaraciones de impotencia, desesperanza o falta de valor. Son personas más propensas a la autocrítica constante y a tener dificultades para resolver problemas. Suelen ser el resultado de ciertas dificultades para regular, expresar o comprender las emociones, sentimientos de inutilidad, soledad, pánico, enojo, culpa, rechazo, odio a sí mismo o sexualidad confusa.

Suelen ocultarlo a los adultos, y mostrar con orgullo a sus iguales. La mayoría sabe que no lo deberían hacer, pero no pueden dejar de hacerlo. Una especie de ritual que realizan, en sus palabras, para calmar su dolor.

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También llamado cutting, es el acto de dañarse deliberadamente el propio cuerpo. Se trata de una insana forma de enfrentar el dolor emocional, la ira intensa o la frustración. Son acciones agresivas contra uno mismo, que pueden conllevar una sensación de calma momentánea y de liberación de tensión, aunque posteriormente aparece la culpa y la vergüenza, y vuelven las emociones dolorosas.

La gran mayoría no lo hacen para llamar la atención de sus familiares y no suelen conllevar intenciones suicidas, sino que son medios usados para torturarse; aunque es conveniente ser cuidadosos con el tema y averiguar los motivos que lo causan. Con algunos indicadores depresivos o con pensamientos de querer desaparecer del mundo, ellos mismos explican que cuando se dañan es para obtener unos efectos concretos, pero nunca con intención autolítica.

Intentan controlar o reducir la angustia, buscar una sensación de alivio, distraerse de las emociones dolorosas a través del dolor físico, calmar un estado de confusión emocional, tener un sentimiento de control sobre su cuerpo, sus emociones o las situaciones de la vida, o tener cualquier sentimiento si la persona se siente vacía emocionalmente. Es una manera de expresar los sentimientos internos a través de una vía externa o castigarse por errores aparentes.

Según los profesionales y los propios adolescentes se trata de una sensación anestésica, para apaciguar y calmar el dolor emocional insoportable y descontrolado que siente. Y parece que neurológicamente funciona. Se sabe que para que una persona instale y mantenga un problema es porque le da ciertos beneficios secundarios.

Muchas personas se lastiman unas pocas veces y luego se detienen. Sin embargo, para otras, las autolesiones pueden volverse un comportamiento repetitivo a largo plazo, desencadenando una compulsión autolesiva, donde el joven lo hace cada vez con más frecuencia hasta perder el control de su comportamiento y pasa de sentir dolor a sentir un placer sutil. De hecho, se acaba convirtiendo en una búsqueda compulsiva de sensaciones fuertes.

No es algo propio de los adolescentes aunque si es la etapa de la vida donde más aparecen. La autolesión suele comenzar en la preadolescencia o en los primeros años de adolescencia, cuando las emociones son más volátiles y los adolescentes se enfrentan a la presión de los pares, la soledad y los conflictos con los padres u otras figuras de autoridad.

La adolescencia es una etapa complicada para algunas personas. Los cambios hormonales, físicos y sociales los sitúan ante situaciones que debe enfrentar por primera vez y que pueden suponer una fuerte presión emocional.

A ese desarrollo psicológico adolescente no ayudan los numerosos mensajes de contradicción a los que se ven expuestos. Se les exige ser independientes y tomar decisiones, sin una preparación previa para ello, porque lo que se trata de una etapa de mucha vulnerabilidad psicológica donde buscan la construcción de su identidad.

Al mismo tiempo se ve envuelto en una sociedad en donde es vital conocer y seguir las modas y los estándares impuestos para sentirse parte de ella. Gestionar todo esto y decidir lo correcto no es fácil, más si su personalidad  no está totalmente definida como ocurre con frecuencia en esta etapa.

Aunque no tienen que darse estas circunstancias, existen otros factores que pueden incrementar el riesgo de autolesión. Suele ser el hecho de tener amigos que se autolesionan o lastiman intencionalmente, haber sufrido algún tipo de negligencia, o situación traumática. Es posible que hayan crecido o permanezcan con una familia inestable, o que sean jóvenes que cuestionan su identidad personal o su sexualidad. Algunas personas que se autolesionan están socialmente aisladas.

¿La vemos otra vez ?

“El cine es como un juego infinito de cajas chinas, como historias superpuestas que a veces se dirigen a varios aspectos cruciales de cada uno de nosotros.

Y hacen que, a través de eso, descubramos cosas en nosotros mismos. De ahí el efecto subjetivador o terapéutico que puede llegar a tener”.

Mónica Cruppi

pexels-photo-937750.jpegEra la Nochevieja de 2004, él se había convertido en padre por segunda vez y acababa de perder al suyo no hacía muchos meses. Asumió la responsabilidad de un brindis que diera a sus invitados un poco de esperanza cuando se presentaba una navidad muy difícil. Tuvo el acierto de llevar a su discurso “El Ciclo de la vida”, del Rey León. Acierto,  porque quince años después sigo recordando aquel momento. Fue curioso que, habiendo visto esa película varias veces (costumbre que comparto con los más pequeños de la casa),  nunca había pensado en el mensaje que él trasmitió. Volví a verla una vez más.

¿Percibimos los estímulos de una película de una sola vez?

Los niños de hoy en día tienen su primer contacto con el mundo audiovisual siendo muy pequeños. Las imágenes en movimiento, el color, la música y los diálogos son estímulos muy atractivos para su actividad cerebral. Sin embargo, cuando los niños (y los no tan niños) ven la misma película una y otra vez, hay algo más que mera atracción sensorial.

Aunque los formatos infantiles tienen una velocidad más pausada, transcurren al mismo tiempo muchas cosas: personajes, emociones, reacciones, diálogos, lenguaje no verbal, etc. Es normal que se escapen muchos detalles, porque su atención y su procesamiento cognitivo no están suficientemente maduros y todavía no pueden seguir ese ritmo, lo que dificulta la comprensión.

cine_by_giovanni.jpegAdemás, las películas tienen un lenguaje propio que todos hemos tenido que aprender: planos, secuencias, cómo se estructuran las historias y cómo se mueven los personajes en tiempo y espacio. Descubrir esto nos permite entender mejor la historia, desarrollar la memoria y adquirir vocabulario. Y esto ocurre gracias al pensamiento lógico, que irá ganando calidad a medida que el niño vaya madurando.

El pensamiento lógico es un proceso cognitivo muy importante: permite hacer relaciones entre situaciones, objetos, personajes o secuencias; comparaciones, inferir información y llegar a conclusiones. Esto es clave para el desarrollo intelectual.

El marco de una película ayudará a hallar relaciones causa-efecto, establecer vínculos entre personajes, historias, gestos o palabras… Y cada vez que el niño vea la película de nuevo, captará nuevos detalles que le ayudarán a apreciar mejor la historia. A medida que se familiarice con la historia y los personajes, le parecerá más sencilla; por lo que necesitará menos esfuerzo cognitivo y disfrutará más lo que ve. Según logren todo esto, mejorarán su lenguaje, descubrirán nuevas palabras, comprenderán mejor los argumentos, y desmenuzarán más detalles, consiguiendo con ello una mayor satisfacción personal.

Como en el juego, en los cuentos, las películas o en el colegio, el aprendizaje en la infancia se produce a través de procesos repetitivos, como un sistema de patrones. Mediante el juego, los niños van asimilando conceptos. Lo mismo ocurre cuando ven la misma película una y otra vez, al integrar la historia como un patrón. Y esto tiene un elemento muy positivo en el aprendizaje. Son cadenas de significado que van descifrando cada vez mejor.

La repetición no sólo les permite desarrollar mejores habilidades cerebrales, lingüísticas y narrativas, sino que la repetición literal mejora la comprensión y el aprendizaje. Además, a diferencia de los adultos, la repetición no hace que la atención decaiga, y está demostrado que incrementa la participación porque quieren celebrar su éxito participando de lo que han visto.

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En los no tan niños, un sistema de patrones podría tener el mismo efecto. Solo que, como adultos, el conocimiento llega de forma más rápida porque el cerebro cuenta con más herramientas y con más información previa. Sin embargo, al igual que los niños, al repetir varias veces una misma película, descubriremos con seguridad nuevos detalles.

Pero hay algo más. El mayor éxito de la repetición es permitirles anticipar el futuro. El mundo es bastante impredecible para ellos, sin embargo se sienten especialmente competentes al poder anticipar lo que va a suceder en el guión. Saber lo que ocurrirá los conecta con la emoción y además les da seguridad. Por esta razón, la película o la historia contada muchas veces jamás perderá su interés. Recordar frases, diálogos o reacciones les resulta una experiencia muy divertida, casi mágica, porque son capaces de predecir el futuro del protagonista. Se sienten competentes al hacer predicciones.

Cuando pueden predecir lo que ocurrirá y consiguen validar sus expectativas, se sienten empoderados, reforzados y relajados. Tienen la confianza que les reporta controlar una parcelita de un mundo bastante caótico para su cerebro, ya que muchas de las cosas que experimentan son nuevas y se ven bombardeados de información. En un entorno así, la repetición les hace sentir que el mundo es un lugar predecible y seguro, porque no hay imprevistos que procesar en cada segundo, y no hay necesidad de estar en alerta.

Algunos niños tapan sus ojos antes de que se asome el villano o comienzan a sonreír antes de la parte graciosa. Esto sucede porque ya les resulta familiar la escena y los conecta con los sentimientos familiares. Establecen una conexión emocional más consistente, lo que hace que la película cada vez le guste más e instintivamente quieran  repetir.

Por todo esto, ver películas repetidamente es una valiosa estrategia de aprendizaje que estimula el pensamiento, al predecir involuntariamente lo que va a ocurrir, lo cual les ayuda a desarrollar su pensamiento lógico y a comprender las relaciones causa/efecto, una habilidad compleja que resulta fundamental para que los pequeños puedan comprender el concepto de consecuencia, tan necesario en las etapas de aprendizajes posteriores.

Y lo más curioso es que se mantienen más concentrados que en la primera vez. A pesar de que pueden haber memorizado algunos de los diálogos o incluso se ríen de antemano sabiendo lo que sucederá, no parecen aburrirse. Se divierten repitiendo el diálogo de una película o tarareando la canción. Es un momento de calma y felicidad.

En los adultos no ocurre de igual manera. La edad destroza el placer que podemos extraer de la repetición. Creemos que ya sabemos cómo funciona el mundo y no necesitamos poder anticipar una narración conocida. Buscamos siempre la sensación más intensa, que muchas veces creemos equivocadamente que llega por la novedad.

Sin embargo, en ocasiones, desarrollamos vínculos afectivos que nos devuelven a tiempos mejores. Y nos gusta volver a escucha canciones de otra época o ver películas que nos aportan recuerdos muy positivos. La vemos una y otra vez para revivir la nostalgia de un recuerdo, algo que no tiene relación con la calidad de la película, sino con la experiencia con la que lo vinculamos. También está relacionado con la celebración de lo aprendido. Es como repetir el gol  de Iniesta con la selección, que nadie se cansa de verlo.

El informe de Russell decía que “el reconsumo no es sólo un nostálgico intento de recuperar el pasado, sino más bien una activa búsqueda de nuevos significados, que tiene gran valor emocional y hasta puede ofrecer muchos beneficios terapéuticos”

Gilles Deleuze  decía que “el cine es pensamiento en imagen”. Tanto para niños como para adultos, se trata de un paseo inconsciente por el trastero de nuestros sueños y deseos; que generalmente nos aporta una experiencia emocional muy reconfortante.

Por lo que deberíamos cultivar más el hábito de ver películas que son o han sido importantes para nosotros. A ser posible, en familia.

… ¡A disfrutarlo!

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El cajón de prioridad

“ El verdadero arte de la memoria es el arte de la atención” (John Samuel) 

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...¡Porque confiamos ciegamente en ti, siempre!

…salgan las cosas bien o quede algo por mejorar.

…Me gusta la lección que hemos aprendido hoy: uno se siente muy bien consigo mismo cuando conseguimos los objetivos que nos proponemos.

¡¡¡A por muchos más!!!

Mi Maripuri es emoción en toda su magnitud. Vive instalada en la morada de la felicidad, donde probablemente muchos de nosotros quisiéramos ir a visitarla con frecuencia. Vehemente en la batalla, se manifiesta con ímpetu y pasión, pero sus guerras le duran cinco minutos, porque ni sabe ni quiere guardar rencor; ni su corazón alberga el mínimo atisbo de cualquier sentimiento negativo hacia nadie. 

 

Me aguanta mis interminables charlas sobre los despropósitos de cada día y nunca me castiga por ello. Al contrario, ha aprovechado mis discursitos para desarrollar ese diálogo agotador capaz de convencer al más incrédulo. Intenta aplacarme siempre con un “no sé”, que aunque sabe que lo detesto… insiste. Porque otra cosa que la define bien es que mi chica es insistente hasta agotar la paciencia de un santo. Y eso me gusta. Le ayudará mucho en la vida insistir hasta conseguir lo que quiere y no tirar nunca la toalla. Al igual que adoro su complicidad infinita y su absoluta confianza para guardar cualquier secreto. 

No conozco a nadie que tenga más claro lo que quiere y cuando lo quiere. Se trate de lo que se trate. Aunque nada es lo suficientemente importante como para quedarse atascada en un deseo u objeto material. Una actitud tendente a la maravilla, la fantasía, y los sueños que ya me gustaría patentar en cualquier consulta de psicología para el bien de la sociedad. Y para contribución social, el país agradecería tenerla como ministra de economía.

Adicta a la curiosidad y experta en las más nobles artes de la observación, es un cúmulo andante de buenos propósitos que la llevan a estar siempre en guardia cuando alguien necesita de ella, porque es puro servicio.

Así es mi Maripuri. Sin peros, sin excusas, sin nada que objetar; con la única finalidad de aprender (porque para eso está la vida, para aprender), a organizar su pensamiento en el cajón de prioridad.

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Un cajón que estamos restaurando juntas desde hace unas semanas. Unos cuantos clavos para fijarlo bien, unas capitas de pintura para darle vida y un buen letrero para tenerlo siempre, siempre, siempre bien localizado. Y así andamos las dos entusiasmadas, porque juntas restauramos su cajón pero también el mío (porque para eso está la vida, para aprender… y nunca se deja de aprender). 

En nuestro cajón de prioridad se encuentran las claves para el funcionamiento óptimo de casi cualquier cosa del día a día, porque permite tener claro a qué estímulos atender y sobre todo acertar a la hora de decidir qué circunstancias son relevantes en cada momento; y cuáles nos pueden parecer interesantes, pero irrelevantes en un momento dado. 

Permite la aplicación voluntaria de la actividad mental y de los sentidos a un determinado estímulo material o mental. Se trata de una de las funciones cognitivas más importantes que tenemos, porque de ella depende el buen funcionamiento de otros procesos cognitivos como la percepción, la memoria, el lenguaje y el pensamiento. Así que es recomendable para todos, niños y adultos, someterla de vez en cuando a una restauración consciente. 

En ese cajón de madera al que tanto mimo le estamos dando encontramos nuestra capacidad de generar, seleccionar, dirigir y mantener un nivel de activación adecuado para procesar la información importante de cada momento. Gracias a ella podemos contribuir a la supervivencia, a aprender más y mejor, a sacar mejores notas, a estar más pendientes de los demás, a ser más ordenados y organizados… pero también para que los adultos no nos tiren de las orejas y nos cuelguen la etiqueta de despistados. Algo muy fastidioso. 

Nuestro cajoncito actúa como un filtro selectivo para enfocarnos tanto en los detalles como en el “todo”,  al mismo tiempo, maximizando el aprendizaje y minimizando errores. 

 

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Hay muchas teorías sobre este tipo de cajas, pero parece existir acuerdo al menos en que tiene tres funciones básicas: la orientación hacia los estímulos sensoriales, la detección y selección de los estímulos relevantes y el mantenimiento del estado de alerta, fundamental para la supervivencia.

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Gracias a ese cajón somos capaces de guardar cantidad de información a la que podemos atender al mismo tiempo y realizar cantidad de tareas de forma simultánea. A eso se le llama amplitud del cajón. Pero ojo, hay que tener en cuenta que la capacidad de nuestro cajón es limitado y atender a más de una cosa a la vez a veces nos llevará a la pérdida de detalles o de información importante, que luego nos puede pasar factura. Además, con el paso de los años, el estrés, el agotamiento o determinadas patologías, entre otras causas, puede deteriorarse.

La cantidad de ganas puestas o recursos atencionales prestados a un estímulo o la intensidad de nuestra capacidad atencional es lo que nos lleva a hacer cosas sin prestar atenimagesción aparente (de forma automática) y o bien elegir hacerlas de forma más controladas, que demandan más atención.

Como vemos, en ese cajón de prioridades podemos guardar las cosas de forma voluntaria o involuntaria, ya que a veces guardamos cosas sin querer. Pero tratándose de un cajón donde se guardan las prioridades, debemos realizar un poco más de esfuerzo mental para poner ahí de forma voluntaria lo más importante. A eso se le llama Control.

Un aspecto importante de ese cajón que más entrenamiento requiere es el oscilamiento. La atención alternante nos permite cambiar el foco de una situación a otra, cuando simultaneamos acciones que demandan altos recursos cognitivos, ya que atender a las dos al mismo tiempo no es posible. Fundamental en tareas importantes que requieren mucha concentración. Y sugiero tanto a niños como adultos, trabajarla para ganar en eficacia. 

Nuestro cajón guarda un mundo apasionante detrás, por lo que conocer bien cómo funciona será de gran importancia para sacarle el mejor partido. Maripuri y yo les invitamos a seguir profundizando con nosotros en el conocimiento de los rincones y vericuetos de tu cajón de prioridad, para enfocarte mejor en lo importante. Te será muy útil.

 

INDONESIA, EL SÍNDROME DE MONTAIGNE Y OTROS REGALOS.

 

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*Imagen de https://images.app.goo.gl/Yhk2qMNgDtU8wKcB8

Algo se me removió por dentro y me hizo pensar, cuando no fui capaz de responder a la simple pregunta de qué era lo que más me había gustado de este viaje. Una pregunta frecuente que le hago a los niños.  Y qué me ayuda a saber por donde va su pensamiento. Aunque ahora no supiera por donde iba el mío.

Pensé en las tortugas. Los columpios. Bromo o Ijen. Los atardeceres. El cielo estrellado. Los campos de arroz o los miles de templos. Quizá el océano Pacífico, las olas kilométricas o las cataratas en medio de una vegetación sacada de un cuento. Dicho así todo parecía idílico. Pero la vida tiene una curiosa forma de mostrar las cosas.

67909609_10217884942411812_1676751615995936768_n.jpg**Añadiría más fotos del viaje, cualquiera de las miles de fotos que saqué; si no fuera porque el destino decidió que no quedara ni un solo recuerdo de él. Ni fotos, ni compras, ningún recuerdo material. Solo aprendizajes.

Fue entonces, cuando concluí en qué era lo que más me había gustado, que tuve la sensación de que todos los regalos valiosos que te da la vida llegan en forma de granadas.  Duelen, pero te enseñan.

Viajar suele ser una buena forma para mantenerse en constante crecimiento, especialmente cuando te sientes estancado. Recientemente se ha dado a conocer el síndrome de Wanderlust, que es mucho más que las ganas de irse de vacaciones que  todos tenemos. La pasión por viajar y por descubrir nuevos lugares y culturas, buscando  qué contar y dando rienda suelta al espíritu aventurero. Es la necesidad de no estar demasiado tiempo en un lugar. El centro de la vida de quienes lo padecen.

Más allá de una moda, algunos expertos aseguran que el síndrome de Wanderlust en realidad se encuentra en el gen DRD4-7r, un receptor de dopamina (neurotransmisor del placer) que ha sido bautizado como «el gen viajero».

Pero los genes son solo una parte de un milagro de tres patas. La interacción de los genes, el medio ambiente y la nutrición se unen de manera muy compleja para producir la variedad del comportamiento humano.

Nuestro entorno, con quién convivimos y en qué pensamos termina, entre otras cosas, por definir nuestro comportamiento, y en ocasiones hasta límites insospechados. Ver epigenética.

Y muchas veces ese entorno provoca más que la necesidad de viajar, la necesidad de escapar. Desde que se descubriera que una de las posibles líneas terapéuticas para tratar la esquizofrenia era sacar al paciente de su entorno tóxico, se empezó a determinar hasta qué punto el contexto vital es capaz de causar diferentes patologías.

Dicen que viajar nos permite salir de la realidad. Y a veces se trata de una huida urgente de un exceso de realidad, conocido con el síndrome de Montaigne.

Fue el humanista Michel de Montaigne (1533-1592) quien una vez acertó a decir  “A quien me pregunta la razón de mis viajes les respondo que sé bien de que huyo pero ignoro lo que busco”. No podría explicarse mejor.

Desde luego que no siempre un viaje supone una huida, pero a veces se llega a convertir en una conducta adictiva que mantiene lejos una realidad jodida que, o no podemos, o no queremos ver. Montaigne pensaba que viajar era una forma de escapar, de huir de tu realidad, de lo cotidiano, de los problemas personales.

El español Miguel de Unamuno también insistía en el concepto del viaje como huida cuando decía “se viaja no para buscar el destino sino para huir de donde se parte”. Más que preocupadas por el destino, a estas personas les atrapa el hecho de estar en ese continuo movimiento.

Así Abu Dhabi, Singapur, Yakarta, Java, Bali, Lombok o Gilli, se convirtieron en un pasaporte ideal intencionado para salir por un momento de la realidad. Un destino conocido como “El paraíso”.  Curioso concepto.

Mensajes como: “Sal de tu zona de confort”.” No te conformes con poco. Nunca pares hasta que lo bueno sea mejor, y lo mejor sea excelente.  Vivir feliz en la playa, cerveza en mano, sin preocupaciones, donde siempre sale el sol; y hagas lo que hagas, no te olvides de ser feliz” rezan en cada centímetro cuadrado de muchas de sus islas.

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Más que el paraíso, Indonesia se ha convertido en el escenario perfecto donde se invita a la búsqueda de la felicidad. Una invasión de letreros, cuadros, pinturas, carteles alusivos a la calma, el amor, la diversión, la plenitud, la esperanza, la amistad… que uno parecía casi obligado a estar allí, en EL PARAISO, buscando LA FELICIDAD.

Si uno profundiza en su historia, empezando por los terremotos y tsunamis que azotan el país con al cantidad de vidas perdidas y las enormes dificultades vitales que dejan a su paso, se entiende esa necesidad de invocar continuamente a la felicidad en cualquier esquina por cuestiones puramente de supervivencia económica y psicológica. Yogyakarta, Canggu, Lombok…,  todo estaba sumergido en un “cultura positivista” como un dogma o una obligación para remontar psicológicamente. Y me gustó que fuera así. Demuestra el coraje por sobrevivir que afortunadamente acompaña a todos los seres humanos.

Viajar sirve para ajustar la imaginación a la realidad, y para ver las cosas como son en vez de pensar cómo serán”.

-Samuel Jonhson-

Pero la realidad es que en los últimos años, en todo el mundo, al igual que en Indonesia, parece haber una tendencia a impulsar e incluso imponer la idea de estar siempre feliz.   De estar obligados a la búsqueda ansiosa de la felicidad. Y lo peor de todo es que te dicen dónde encontrarla, qué debes hacer para conseguirla y a qué renunciar para alcanzarla.

Sin duda es bonito e inspirador contribuir a transmitir energías positivas e incluso a facilitar nuestro día a día.  Pero últimamente estamos invadidos por este tipo de mensajes. “Destapa la felicidad” (refresco), “El futuro es apasionante” (telefonía), “Ser feliz cuesta muy poco” (electrónica), “La felicidad siempre es la respuesta” (muebles), “¿Te atreves a cambiar el mundo?” (chocolate), “Felicidad de la buena” (crema de cacao)…images.jpeg

La escuela, la empresa, la publicidad, … hasta la psicología positiva promete ofrecer las claves de la felicidad.  Edgar Cabanas y Eva Illouz lo explican muy bien en Happycracia, un ensayo sobre cómo  la industria de la felicidad controla nuestras vida. Hasta los propios expertos en la disciplina tienen mucha dificultades para definir el propio concepto de felicidad y sobre todo para medirla.

Y curiosamente en plena era de la felicidad, donde lo tenemos todo a nuestro alcance es cuando más personas infelices encontramos. Las estadísticas indican que el consumo de antidepresivos y ansiolíticos en España se ha triplicado, desde 26,5  DHD  consumidas en el 2000 a 79,5 DHD consumidas en 2013 (dosis por 1000 habitantes y día). Cifras similares a la media de la Unión Europea y otros países desarrollados

La felicidad, concepto vacío; y ahí la ven, dominándolo todo como una dictadura silenciosa. Parece que hemos pasado de reprimir todas y cada una de nuestras emociones a poder expresar solamente una: la felicidad.

Mi aprendizaje. Debemos aceptar desde la serenidad que el sufrimiento forma parte de la vida, al igual que resulta esencial entender que la felicidad también se encuentra igualmente a nuestro alcance. Pero no debemos empeñarnos por completo ni en uno ni en otro. Y menos a cualquier precio. 

No estamos obligados a tener que estar o ser siempre felices, ni siquiera a tener que intentarlo. A veces no está de más profundizar un poco en nuestro dolor, nuestros anhelos o nuestras inseguridades, si al final nos sirve como aprendizaje. De esos aprendizajes que si merecen la pena.

Es necesario reflexionar detenidamente sobre cuánto de esta felicidad está bajo nuestro control o cuánto depende de nuestra actitud o nuestra propia decisión. Lo que no, afrontarlo con calma, esperando sin impaciencias un concepto de felicidad más natural, sin exaltaciones e idealismos utópicos. 

Mirar nuestra vida con gratitud, valorando lo que somos y a quien tenemos, en lugar de enfocarnos en todo lo que la sociedad nos dice que nos falta. 

A veces tenemos en nuestras manos todo lo que queremos para ser felices, pero no podemos vernos. Y nos volvemos infelices aspirando a lo que no necesitamos, quitándole valor a lo verdaderamente importante.

En una entrada anterior, hay toda una reflexión sobre el sentimiento oceánico, el crecimiento personal y la autorrealización, que está bien relacionado con esto.  No es un aprendizaje que llega por casualidad. Hay que trabajarlo concienzudamente para verlo con claridad. “No es normal saber lo que queremos; es un extraño y difícil logro psicológico” decía Abraham  Maslow.

Fue esto precisamente lo que más me gustó de mi viaje por Indonesia: No solo descubrir en medio de un paisaje peculiar (cuyas fotos nunca aparecen en guías de viaje, ni en internet, ni nadie las comenta) lo que de verdad quería de la vida, lo que ansiaba o necesitaba para ser feliz; sino darme cuenta de que ya lo tenía y no lo estaba viendo.

Uno entiende la vida de otra manera cuando por fin comprende lo que está destinado a ser, en todo su sentido; y con quien. Habrá quien le parezca tarde, pero para mí llega en el momento perfecto, cuando tenia que ser. Saber lo que es para ti te permite luchar por ello hasta conseguirlo, te marca el camino de sacrificios, compromisos y renuncias. Te permite ser disciplinado en la entrega hacia el objetivo, por muy difícil que resulte.

Ojalá todos pudiéramos encontrar en un viaje a Indonesia, o en cualquier otro recorrido,  el regalo que yo me traje de recuerdo.

Experiencia cumbre. Sentimiento oceánico.

“No es normal saber lo que queremos. Es un extraño y difícil logro psicológico”. Abraham Maslow 

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Trata de explicarme algo que cree que no seré capaz de entender. Consigue que me pueda la curiosidad. Normalmente sus temas de conversación me resultan conmovedoramente realistas para su edad. Me solicita que no me ría de sus palabras, como suelen hacer los demás cada vez que se pronuncia. Inspira profundamente en un intento de llenarse de paciencia para tratar de describirme con palabras algo que, según parece, no puede ser explicado.

Valoro su confianza e intento agradecer su esfuerzo por describirme cómo se siente intentando buscar un nombre para su relato: se trata del sentimiento oceánico.

Lleva un tiempo luchando contra sombras del pasado. Una especie de agonía a la que pareciese haberse acostumbrado. Como si la mala fortuna en la vida le hubiese acompañado desde entonces y le resultara familiar moverse entre tinieblas. Le invade la soledad y el futuro le trasmite una sensación que, en sus propias palabras, se le antoja algo parecido al desamparo. No está sola, pero su entorno ni imagina  como se siente.

Curiosamente, y como por casualidad, hoy le invade una “sensación diferente”. Su vida sigue exactamente igual que ayer, pero se siente como si hubiera cambiado su suerte. No sabe el motivo, pero está feliz.

Una experiencia cumbre o peak es una experiencia natural acompañada de un estado mental eufórico alcanzado tras el recorrido de una experiencia vital singular, que como veremos, acabará por ser una experiencia de . Un momento de aprendizaje en el que el tiempo tiende a desvanecerse y el sentimiento que sobrecoge es similar a tener colmadas las necesidades más profundas.

Este concepto fue desarrollado originalmente por Abraham Maslow en 1964, que describe las experiencias cumbre como “emocionantes experiencias raras, sentimientos oceánicos, conmovedores, emocionantes, que generan una forma avanzada de percibir la realidad, llegando a confundirse con la mística, o incluso la magia, en su efecto”.

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Quien intenta hacer un esfuerzo por describirlo, suele hacerlo como una vivencia de trascendencia del yo, donde los propios límites se diluyen. No importa nuestra historia pasada, nuestros miedos o anhelos futuros. Como si todo estuviera en orden, en su sitio, en equilibrio. Y lo que se ha sufrido hasta llegar a ese punto mereciera la pena.

Desde siempre, la psiquiatría y las personas, en general, suelen ver cualquier desviación de la percepción y comprensión común de la realidad como un estado patológico o como indicadores de enfermedad mental. Sin embargo, Maslow se opuso demostrando que estas experiencias, muy al contrario de lo que se podría pensar, tienen que ver con nuestra autorrealización. Y, aunque sea difícil de creer, nos sucede a todos… aunque no siempre seamos conscientes.

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Se trata de momentos transitorios, también llamados de actualización. Que como no estamos acostumbrados a examinar nuestros sentimientos y nuestras emociones, pasan inadvertidos. Pero si lo pensamos detenidamente, a veces ocurren experiencias que a priori pueden saturarnos, pero que nos permiten aprender, evolucionar, mejorar; y una vez aceptadas, nos dejan un estado de paz mental y de equilibrio emocional.

Del mismo modo, la expresión “sentimiento oceánico” ya la utilizaba Freud, prestada de su amigo Romain Rolland, para describir este tipo de experiencias místicas, que hoy en día los psicólogos definen como estados modificados de la conciencia.

Romain Rolland, cuyo lema era “la paz por encima de todo”, recibió en 1915 el premio Nobel de literatura mientras luchaba por difundir el pacifismo y detener la sangría en la Primera Guerra Mundial. Su amigo y admirador, Stefan Zweig le consideraba como «la conciencia moral de Europa», porque siempre se atrevió a decir lo que pensaba, a pesar de enemistades o críticas.

Este sentimiento oceánico se caracteriza por una sensación de misterio y de naturalidad imposible de disociar. Los problemas personales se vuelven nimios y acompaña una experiencia de plenitud, unidad, simplicidad y serenidad.

Surjan de manera espontánea o sean buscados, nos permiten intuir la imbricación profunda y el sentido de pluralidad absoluta de lo que percibimos. Esto no tiene lugar en el encuentro con un ente superior, no se trata de trascendencia; muy al contrario, se trata precisamente de inmanencia, algo intrínseco del propio ser humano; que ocurre en el interior y tiene su fin dentro del mismo ser.

Lo numinoso viene de una sensación de conexión casi mística, pero con cierto grado de objetividad y de realidad profunda, diferente de nuestra percepción común del mundo cotidiano. La numinosidad es un término que Carl Gustav Jung utilizaba para describir un profundo sentido de lo sagrado que está asociado a ciertos procesos profundos de la psiquis.

El cerebro no es sólo materia, ya que es capaz de generar espiritualidad, un concepto más amplio que el de religión. La espiritualidad es la conciencia de la segunda realidad o consciencia límbica. Es una facultad mental más, como el lenguaje.

Este fenómeno es lo que hoy llamado flujo, o flow;  propuesto por Mihaly Csikszentmihalyi. Donde nos movemos en nuestro máximo potencial. Se trata de sentirse responsables de la propia percepción y del propio comportamiento. El uso consciente de la libre determinación. Un sentimiento verdaderamente ajustado a lo volitivo, que es capaz de sobreponerse y superar el estado subjetivo de miedo, de duda y de autocrítica, para dar paso a la espontaneidad y la expresividad.

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Csikszentmihalyi propone nueve estados para la consecución de flujo que incluye “el equilibrio de desafío-habilidad, la fusión de acción y conciencia, claridad de metas, retroalimentación inmediata y sin ambigüedades, la concentración en la tarea en cuestión, la paradoja del control, transformación del tiempo, pérdida de la conciencia de sí mismo y autotélico experiencia”.

*imagen obtenida de https://es.qwertyu.wiki/wiki/Mihaly_Csikszentmihalyi

 

Csikszentmihalyi nos explica en «Fluir» que autotélico «viene de dos palabras griegas, «auto», que significa en sí mismo, y «telos», que significa finalidad, es decir, «se refiere a una actividad que se contiene en sí misma, que se realiza no por la esperanza de algún beneficio futuro, sino simplemente porque hacerlo es en sí la recompensa».

Un flujo natural del comportamiento que no queda limitado por la conformidad, que se evidencia en un estado mental flexible y abierto a pensamientos creativos, capaz de revertir las dificultades en oportunidades; debido fundamentalmente a una atención completa en el momento presente y sin influencia de experiencias pasadas o futuras.

Las personas en estado de flujo pueden llegar a describir una experiencia cumbre por su capacidad de percibir, aceptar, comprender y disfrutar del transcurso de la vida, tal  como viene.

Es una emoción indecible, inefable. Es la sensación de armonía, libre de conflicto interno, como estar “en pleno rendimiento”, ajenos a cualquier estado mental de lucha. Un estado de coherencia, acompañado de un cambio positivo de nuestra conducta, como consecuencia de un mundo interno más rico y una mejora de la calidad en nuestro mundo emocional, asociado a una fuerte sensación de serenidad y calma.

Experiencia cumbre, sentimiento oceánico, flujo, flow… De la supervivencia al crecimiento personal. Autorrealización.

Mis pequeños crecen

“…el momento que da más miedo es justo antes de empezar” (Stephen King)

Érase una vez un nuevo comienzo…

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Este sitio empezó al mismo tiempo que ellos. Nacieron en el 2007 y los acogí en su primer año en la Educación Primaria, en la puerta del “cole de los mayores“. Fuimos conociéndonos y aprendiendo juntos: con ellos y de ellos.

Justo ese mismo  curso, escribía mi primera entrada para acompañar a los que por aquel entonces empezaban su primer curso en la E.S.O. Hoy la comparto de nuevo. Pero de una manera especial.

Recorrimos un viaje en el tiempo con Alicia en el País de las Maravillas, visitamos otros planetas con nuestro amigo el Principito, acompañamos a Dorothy de vuelta al hogar y paseamos por la calle de los cerezos con Mary Poppins.16938722_10210853332825967_7642809366078733232_n.jpg

Pero como para todos, el tiempo pasa y aunque para mí siempre serán unos peques, hoy se hacen mayores. Quien me iba a decir aquel día que hoy los estaría viendo en un paso que tan importante está siendo para ellos.  Se espera que  hoy se vuelvan mayores.

Comparto hoy sus emociones, sus dudas, sus nervios, sus incertidumbres, sus ganas de crecer y de hacerse mayores. Parece que incluso fueran a otro colegio, pero… ¡Tranquilos, SIGUEN EN CASA !!

Feliz comienzo de curso y bienvenidos a la Educación Secundaria Obligatoria. ¡Ya verán que todo irá bien!

Todo comienzo tiene su encanto. (Johann Wolfgang Goethe)

Doña María Moliner y Don Manuel

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Este sábado 30 de marzo se cumplían 119 años del nacimiento de María Moliner, autora del conocido Diccionario de uso del Español que lleva su nombre.

Con él, María pretendía, además de explicar el significado de las palabras en castellano, exponer cómo se usaban. Así que a sus 51 años, en 1951, una vez que sus hijos ya eran autónomos, decidió compaginar su trabajo de bibliotecaria de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid (llegando a ser su directora) con el desarrollo de una idea que llevaba años dando vueltas. Tardaría dieciséis años en publicar la primera edición.

Dentro de sus peculiaridades encontramos que no identificaba los dígrafos ‘ch’ y ‘ll’ como letras independientes, mucho antes de que la RAE lo hiciera. Además, empleó un orden particular, agrupando todos los vocablos con la misma raíz léxica, en lugar de ceñirse al orden alfabético estricto.

Su nombre da vida a muchos lugares de la geografía española, especialmente en Aragón, donde la siguen recordando. En su pueblo natal (Paniza) un busto da la bienvenida a la ciudad de Zaragoza. Y es que hasta Google homenajeaba ayer a María Moliner con su Doodle.

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Filóloga y lexicógrafa aragonesa, fue la primera mujer en impartir clase en la Universidad de Murcia, en 1924. También podría haber sido la primera mujer que formó parte de la Real Academia Española, pero se quedó sin ostentar este honor. Un acceso que ella misma reconocería más tarde que sí hubiese ocurrido si hubiese sido un hombre. En 1973, para tratar de compensarla, la Real Academia le concedió por unanimidad el premio ‘Lorenzo Nieto López’, aunque ella  lo rechazaría.

Al ver el Doodle no he podido evitar acordarme de Don Manuel. Martín para los amigos. Y aquí estoy, tratando de hacer un homenaje personal. Un homenaje a alguien que cada tarde me hacía buscar palabras en el diccionario, que me cronometraba el tiempo que tardaba en encontrar una palabra, que me hacía redactar listas enteras de cosas, verbos o adjetivos que empezaran por una letra en concreto y que me retaba a escoger la palabra más difícil para que él la acertara.

Curiosa costumbre y apreciado recuerdo que arrastro a lo largo de los años.

Ahora soy yo la que hago esas travesuras a mis alumnos. Con muchos consigo convertirlo en un juego, siguiendo sus mismos pasos.

Dicen que fue en Institución Libre de Enseñanza, donde, al parecer, Don Américo Castro suscitó el interés por la expresión lingüística y por la gramática en la pequeña María Moliner.

Lo mío lo llevo en la maleta que heredé de Don Manuel. Ya que conscientemente he repetido como maestra  sus “métodos” y  las estrategias  que utilizaba conmigo.

Echo de menos sus anotaciones, sus correcciones, sus esquemas, listas y estadísticas de la evolución de mis alumnos; pero cada vez que busco una palabra en el diccionario es inevitable su recuerdo. Algo que sigo haciendo a diario.

Y si no, que se lo digan a Ana. A ella le gusta mi extraña manía y ya lo hace por iniciativa propia, sin mis indicaciones. Ella las anota, algo que yo aborrecía. Dice que así no se olvida de ellas. Parece que ya le he contagiado mi costumbre.

Me sonrío al verla. Me  trae tantos recuerdos.  En un diccionario tradicional, en el móvil, con una imagen de google…  cualquier cosa sirve para averiguar un significado nuevo.  Anita siempre me pide la foto para comprobar que ha entendido lo que ha leído. Y porque como ella me dice, recuerda mejor imágenes que palabras. ¡Chica lista, mi Anita!

Jocosamente en algunos países latinos lo llaman el “mataburro”. Dicen que mata la ignorancia y que se usa para averiguar el significado de una palabra, pero hay más utilidades.

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En el aprendizaje y en el desarrollo cognitivo de los niños, el uso del diccionario aporta muchas más ventajas que el mero hecho de adquirir nuevo vocabulario, que ya de por sí no es poca cosa.

Con su ayuda, podemos aprender cómo se escriben, cómo se pronuncian y qué significan. Con el diccionario podemos saber si una palabra es sustantivo, pronombre, adjetivo, adverbio, verbo, su plural, su singular y qué origen tiene, así como los símbolos de la pronunciación en su forma fonética. Se puede consultar la ortografía, en algunos casos la separación de sílabas, conocer la función gramatical, o conocer el origen de la palabra en cuestión.

Buscar palabras consigue una mejora de la ortografía, al fijar la imagen mental de la palabra. Contribuye a la precisión en el uso del léxico y sirve para descubrir los diferentes matices de los vocablos. Nos permite conocer el valor expresivo de cualquier lengua y colabora con una mejor construcción de los mensajes.

Por otra parte, aprender el funcionamiento y la costumbre de su uso conlleva la adquisición de estrategias de planificación, atención y organización; fundamentales para un buen hábito de estudio y aprendizaje.

Para esto es importante “adiestrarlos” desde edades tempranas y continuar con este aprendizaje para fortalecerlo y ampliarlo durante la Educación Secundaria.

La supervisión y el control cognitivo que un niño hace sobre el contenido léxico de un  texto, contribuye a reparar errores de comprensión y aumenta la conciencia de la tarea que está haciendo, facilitando la atención en el proceso de lectura y, en consecuencia, la comprensión del texto. Con todo lo que eso conlleva en el proceso de aprendizaje.

Tras varios estudios realizados al respecto, se sabe que existe una relación curiosa y significativa entre el uso regular de estrategias de reflexión sobre el significado de palabras desconocidas y el nivel de regulación de la comprensión lectora  en  niños de cualquier edad. (McCutchen & Logan)

El uso de estrategias de búsqueda que se manejan con el uso de diccionarios, también ayuda a fomentar alumnos más reflexivos y estratégicos con los textos que leen.

Son muchos los alumnos con dificultades en la compresión lectora porque cuando están leyendo no están habituados a detener la lectura para reflexionar acerca de dónde pueden estar las respuestas a sus fallos, o para encontrar algunas pistas que el propio texto posiblemente les ofrece para recuperar la comprensión.

Estas conductas de supervisión y control sobre el texto, así como la comprensión del vocabulario desconocido con frecuencia no aparecen solas. Autorreguladoras del aprendizaje, son estrategias que representan destrezas de alto nivel cognitivo, que deben ser enseñadas de forma consciente. Se trata de llegar a interiorizar que “las palabras que leemos significan”.

Es importante trasmitirles la idea de que el diccionario es un buen recurso, aunque no el único, para solucionar problemas de comprensión y para afianzar conocimientos. 

Aquí les dejo con la curiosidad. Entre mis preferidas: ataraxia, gigil, melifluo, inefable, cusumbo, limerencia, arrebol, iridiscencia, inmarescible, elucidar, ósculo, rugen, cuncumen, clismafilia, … ¿A qué esperas para buscarlas en el diccionario?

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