Aguantar de más… La terrible consecuencia de ser siempre fuerte.

 

“Sabes que algo anda mal cuando sientes cansancio del que no se cura durmiendo”

     Últimamente se percibe alrededor una esfera de tensión mal gestionada. Cada vez son más las personas que sienten una verdadera agonía con su día a día por el entorno laboral, las dificultades económicas, las presiones sociales, las expectativas no alcanzadas, los problemas familiares, las discusiones entre los colegios y las familias, un tráfico caótico, desmotivaciones u otras incertidumbres vitales.

     ¿Cómo es posible que todo esté tan gris?, ¿Qué tendremos que ver nosotros, o nuestra actitud, frente a este descontento tan generalizado?

     Además del evidente mal contagio que sufrimos los seres humanos, algo tiene que ocurrir para no ser capaz de afrontar lo cotidiano con un poco más de serenidad y entusiasmo. Es cuanto menos curioso que cuando contamos con más comodidades que en toda la historia de la humanidad, resulta que más agotado anda todo el mundo. ¿Agotados emocionalmente?

Estar cansado después de una larga jornada de trabajo o un episodio puntual estresante es normal, ya que tras un descanso reparador se recuperarán las energías de nuevo. Pero, ¿qué ocurre cuando ese cansancio se intensifica y no desaparece?

     El agotamiento emocional es un estado más común de lo que creemos, tanto que a veces lo pasamos por alto. Y normalmente esconde detrás un estado profundo de tristeza no gestionada que perdura en el tiempo.

      Nuestro estado de ánimo está estrechamente relacionado con nuestro estado físico, y cuando se ve seriamente dañado, afectará también a nuestro bienestar físico, sintiendo entre otras cosas, que no tenemos la suficiente energía para afrontar nuestro día a día.

     Por ese motivo, la desesperanza aparece cuando confundimos la tristeza con el cansancio físico.

Estos son algunos de los síntomas a los que prestar más atención:

  • Te cuesta mantener el autocontrol. Estás nervioso. Incómodo. Te sientes irritado, molesto constantemente por todo cuanto ocurre, de mal humor y demasiado sensible ante cualquier hecho.
  • Sientes cansancio físico constante, mal cuerpo, fatiga, incluso habiendo descansado bien por la noche. Somatizas dolores de estómago, espalda, cuello o cabeza.
  • Sensación de estar sobrepasado y sin fuerzas para continuar.
  • Te sientes confundido, con algunas dificultades para concentrarte o pensar con facilidad incluso sobre cosas cotidianas que haces normalmente. Además te ocurren olvidos frecuentes, dificultades para recordar cosas incluso de vital importancia.
  • Tu consumo de alcohol o tabaco se ha disparado y tu alimentación es cada vez más inadecuada.
  • Sientes insomnio, por estar dando vueltas y rumiando sobre aquello que te tiene preocupado.
  • Empiezas a notar un distanciamiento afectivo, tus emociones comienzan a ser cada vez más planas e incluso en ocasiones parece que no sintieras nada, ni agradable ni desagradable.
  • Notas una falta de motivación en todos los aspectos de la vida, empiezas a actuar de manera mecánica, como si estuvieras obligado a hacer incluso lo que antes te gustaba. Actúas sin mostrar ninguna clase de entusiasmo o interés por actividades, incluso las de ocio y tiempo libre. Todo se convierte en una obligación.

     El agotamiento emocional es un estado de cansancio al que se puede llegar por una sobrecarga de esfuerzo, de mantenerse un tiempo prolongado asumiendo responsabilidades, conflictos, presiones de tipo emocional o cognitivo por encima de nuestras posibilidades. Se produce cuando hay un desbalance entre lo que damos y recibimos. Lo que nos genera una incomodidad psicológica y emocional. Puede darse en el ámbito laboral, entre parejas y sobre todo, en quienes cuidan o conviven con personas dependientes, narcisistas, depresivas, maniacas y obsesivas.

     Sucede en ámbitos de gran exigencia, que demandan grandes sacrificios prolongado a lo largo del tiempo. Especialmente promovidos por el miedo, la amenaza, la incertidumbre o el ataque emocional continuado por parte de alguien del entorno, que llevan a la persona a no tener tiempo para sí misma. A esto se le añade la falta de reconocimiento, afecto o consideración, ya que estos perfiles suelen estar rodeados de personas que exigen cada vez más de ellas y que esperan mayor rendimiento del que estas pueden afrontar. Como si no tuviera necesidades, o como si fuera más fuerte que el resto y pudiera aguantarlo todo.

     El desencadenante definitivo es cuando surgen cambios vitales importantes y existe una historia previa de problemas pendientes o situaciones sin resolver que aumenta la carga pesada que soportar.

    Esta fatiga o malestar convertido en síntomas físicos es el resultado de exigirle a nuestro sistema de afrontamiento más de lo que puede dar, o bien, de no darle tiempo a que se recupere entre desafío y desafío. A esta situación no se llega de un momento a otro, sino que se va desarrollando de manera paulatina, casi imperceptible, hasta sentir que nos desplomamos emocionalmente. Una especie de decepción, como si se hubiese esfumado las expectativas o esperanzas personales, sentimos que la vida nos pesa, que no queda más remedio que tirar la toalla, por la percepción de imposibilidad de mejorar o salir de esa situación.

      Es en ese quiebre en que las personas pueden sumergirse en una depresión profunda, en una enfermedad crónica o en una situación de indefensión y desamparo emocional o funcional. Este colapso trae importantes problemas de autoestima porque la persona se siente sobrepasada y deja de recordar sus logros y de confiar en sus capacidades. Porque incluso cuando se sacan fuerzas de donde no hay en un último intento por salir adelante, la falta de voluntad debido al cansancio nos hace fracasar una y otra vez en nuestros propósitos desesperados, lo que nos lleva a sentirnos más débiles, más agotados y más indefensos.

Lo más preocupante de todo es que cuando se cae en esta espiral y no es diagnosticada adecuadamente, resulta muy difícil de sobrellevar, dejando en muchos casos secuelas de recuperar. La situación empeora, nuestro entorno social se agrava y se vuelve más agresivo, los apoyos externos disminuyen y uno se siente a la deriva.

     Por suerte, siempre hay maneras de recuperar el rumbo y disfrutar de una travesía tranquila y sosegada…

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Alvin, dichosa ardilla

Alvin es una ardilla que llegó a su casa hace ya unos cuantos años para hacerle compañía en un momento difícil de su vida. Un animalillo sin mucha importancia que transitaba por la vida en un barquito de papel, con los peligros, debilidades, alegrías y aventuras que eso conlleva. Aunque a pesar de eso conseguía llegar a puerto. Incluso, a veces, a buen puerto.

Él, aunque admirado por muchos, se ha sentido muchas veces solo, está deseoso de sentirse acompañado; y una ardilla es bastante fácil de cuidar, porque en realidad parece que se cuiden solas.

Alvin lleva consigo esa chispa de fantasía que a todos nos hace falta a veces en la vida (a él incluso puede que todavía más). Alocada, ingenua, impaciente, deseosa de vivir una vida como si no hubiera un mañana. Pero también arrastra sus tormentas, lo que a veces le hace navegar por aguas turbulentas en su pequeño barquito de papel. La verdad es que no sé porqué lo hace o si no sabe evitarlo, pero lo cierto es que de ahí ha ido llenando su maleta de estrategias para sobrevivir y eso le ha hecho una ardilla diferente. Y aunque él lo sabe mejor que nadie, a veces lo olvida.

En la casa en la que vive la quieren, la cuidan, la miman, la alimentan bien y aunque no siempre le hacen todo el caso que a ella le gustaría, no podría estar en un lugar mejor. En ese hogar está a salvo de cualquier cosa. Después de cada travesía, agitada o tranquila, tiene allí un lugar seguro al que siempre volver, por muy negro que pinten las cosas. Alvin se siente profundamente protegida en ese hogar, algo que no suelen sentir las de su especie. Y por eso es la más feliz del mundo, aunque como es una simple ardilla no suele caer en la cuenta de eso.

De un tiempo a esta parte, Alvin está algo mustia, poco presente, como si fuera enfermando poco a poco. Su dueño tiene miedo a que Alvin se vaya algún día para siempre y no vuelva a navegar en su barquito de papel, que deje de hacer ruido corriendo pasillo arriba, viendo absorta cualquier película acurrucada bajo el edredón, jugando por la casa o comiendo frutos secos ( aunque Alvin siempre fue de buen comer y le gustaba comer de todo).

Incluso diría que a veces echa de menos hasta cuando Alvin hacía ruidos poco agradables para el oído. Porque aunque sea una pequeña ardilla, rechina y castañea con energía cuando algo no le gusta. Aunque a decir verdad, fue siempre poco rencorosa y se le pasaba rápido el enfado.

Si bien no se ha ido todavía del todo, su dueño empieza a echarla mucho de menos. Es consciente del dolor que se avecina por su pérdida. Nunca se imaginó que aquella pequeña ardilla juguetona se hiciera tan presente en esa casa, hasta el punto de convertirse en alguien esencial por ridícula que fuera su importancia.

En medio de toda esa añoranza y melancolía de tiempos pasados, descubre cuantas cosas buenas traía Alvin consigo, aunque sólo fuera una simple ardilla.

Su primera sorpresa fue descubrirse a sí mismo profundamente desolado por la inminente despedida que les acechaba, a causa de su debilitamiento y su empeoramiento.

Incluso le cuesta aceptarse a sí mismo echándola tanto de menos, nunca se sintió tan indefenso por una vulgar ardilla. Y es que a fin de cuentas, su misión en la casa era mucho más que la simple compañía: se trataba de su permanente mirada de reojo, de sus juegos, de un amor incondicional aunque a veces las cosas se pusieran feas, de poder mostrarse con total transparencia sin miedo alguno a sentirse juzgado, de complicidad infinita, de entenderse sin necesidad de hablar, de conocerse mejor que a si mismo. Se trataba de ese puerto seguro que todos necesitamos (aunque no lo reconocemos), ese soporte vital al que siempre acudir cuando nos sentimos perdidos y la vida te pesa. O al que ir a parar también cuando la vida es dulce y hay que celebrarlo. Donde él encuentra su amparo y su eje de coordenadas.

Incluso pensó en sustituirla por otras ardillas, pero por más que lo intentó, nada era lo mismo. Ya no era cuestión solo de compañía.

Entonces se dejó arrastrar por el desconsuelo profundo que conllevan las despedidas que no queremos que ocurran nunca. Aunque Alvin seguía allí, a su lado, apareció la pena, el luto, el desasosiego … y en medio de ese dolor, descubrió la verdadera alegría de lo que significa amar de verdad (aunque solo fuera una ardilla) y la experiencia de que algo te importe tanto como para generar semejante dolor.

Y entre el mayor de sus desconsuelos, contradictoriamente, se sintió feliz y agradecido por tanto dolor. No podía significar otra cosa que el haberla querido tanto y haberse sentido tan profundamente amado por ella.

En medio de tanta ruina, de tanta escabechina, de tanta guerra, de tanto desasosiego, de tanta incertidumbre logró reconocer el mejor sentimiento del mundo: la gratitud por encontrar lo que ansiaba.

Al fin y al cabo, no todo el mundo encuentra la capacidad y la suerte de amar tan profundamente en esta vida. A pesar del dolor.

Así fue como el dolor convivió con la gratitud.

Y a pesar de todo lo malo y la profunda amargura que estuviera sintiendo estos días por culpa de la despedida inminente, se alegró de haber compartido tan buenos momentos, de haber sentido más amor que nunca en su vida, de haber envejecido a su lado. Tanto que hasta el dolor empezaba a merecer la pena.

Quien descubre ese sentimiento, disponible solo para selectos corazones, sabe que no encontrará nada que lo iguale. Nada que lo sustituya. Pero aún así siente la fortuna de haberlo vivido, al menos, alguna vez en la vida.

Sin duda, seguía deseando con todas sus fuerzas que Alvin se recuperara, aunque fuera lentamente, aunque no se quedara bien del todo. Era tanto lo que quería a esa “dichosa ardilla“, que estaba dispuesto a quererla con sus cicatrices.

Aunque si lamentablemente eso no ocurría, estaba preparado para la despedida, por el profundo agradecimiento que sentía hacia aquel animalillo y hacia la vida que habían compartido juntos. Pero sobretodo, por haberle ayudado a encontrar el amparo y el amor de verdad, al menos una vez en su vida.

Normalizar emociones

 

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 «No olvidemos que las pequeñas emociones son los grandes capitanes de nuestras vidas y las obedecemos sin darnos cuenta». -Vincent Van Gogh-

¿Cuándo fue la última vez que lloraste a moco tendido, o que sentiste un momento repentino de euforia descontrolada?

Con cada adulto, adolescente o niño ocurre siempre lo mismo. Detrás del dolor, de cada enfado, de cada incertidumbre, de cada sacudida, de cada circunstancia que nos acompaña o nos persigue, siempre hay un estado emocional convertido o no en un sentimiento. Es lo normal. Pero por alguna razón (que analizaremos en otra ocasión) nos empeñamos en negar la evidencia. Y es que no sé en qué momento nos han enseñado a negar/ocultar/disimular/posponer nuestros estados emocionales. Sin embargo, si supiéramos cuánto daño conlleva esta práctica de negar nuestro dolor, prestaríamos más atención.

Si además tuviéramos en cuenta que, cuanto antes  y más naturalmente le demos salida a lo emocional, más rápido pasaría todo y antes retomaríamos la normalidad, se dan entonces dos motivos de peso para profundizar más sobre este tema.

Aburrimiento, aceptación, admiración, alegría, alivio, amor, asco, asombro, compasión, confusión, culpa, decepción, desaliento, deseo, entusiasmo, envidia, euforia, felicidad, frustración, gratitud, hostilidad, ilusión, incomprensión, inseguridad, ira, irritación, melancolía, miedo, nostalgia, odio, orgullo, placer, remordimiento, satisfacción, serenidad, soledad, tensión, ternura, tristeza, vergüenza…. 40 estados emocionales, entre otros 250 posibles, que de una forma directa o indirecta forman parte de nosotros. Todas estas reacciones van a estar presentes minuto a minuto en nuestro cuerpo cada día de nuestra vida. Es lo normal. Tanto si somos conscientes, como si no. Algunos estados incluso pasan de un extremo a otro en cuestión de minutos. Es solo una muestra pequeña de la cantidad de situaciones emocionales que podemos experimentar. Así somos, así debemos ser y así debemos aceptarnos.

Esto es una especie de reivindicación. Por el bien de nuestra propia salud mental es saludable y sano normalizar las emociones, entender las reacciones emocionales como algo inexcusable para nuestro equilibrio vital. De hecho, no sentir emociones de algún tipo sí es una verdadera patología. Y tan necesario es sentirlas como darles salida cuando nos invaden.

“Vamos a curarnos emocionalmente; así podremos dejar de lastimar accidentalmente a las personas que queremos amar, al proyectar en ellas nuestras propias heridas” 

Las emociones son estados psicofisiológicos relativamente breves que todos, inevitablemente, experimentamos. Están causados por la liberación en nuestro cerebro de ciertos neurotransmisores u hormonas, que pasados por un filtro más cognitivo se convierten en sentimientos.

Imagina cualquier situación que te haga sentir mal. Ante algo así, lo clínicamente saludable, es tener una reacción inconsciente, automática, que no vamos a poder controlar.

La palabra emoción viene del latín “emovere” que quiere decir mover hacia o desde.  Porque, en contra de lo que se piensa, las emociones son algo transitorio, que nos saca de nuestro estado habitual y nos empujan a la acción. Por tanto son vitales y  necesarias para recomponernos.

Como vemos, estados emocionales hay muchos pero 4 son los grupos de emociones primarias o básicas que son la base de nuestro universo emocional: la tristeza, el enfado, el miedo y la alegría.

Como anécdota, añadiré que me resultó curioso averiguar que el enfado es una de las emociones que más fácilmente se disipa. Porque después lo que queda no es el enfado en sí, sino el orgullo, que es un estado bajo la influencia de lo cognitivo.

Decíamos que las emociones son necesarias, adaptativas… pero también breves. Sin embargo, un sentimiento es la suma de una emoción y un pensamiento.

La emoción se transforma en sentimiento cuando tomamos consciencia de ella. Además de la reacción fisiológica inicial, interviene ahora un componente cognitivo y subjetivo. Es como si le ponemos una etiqueta a la emoción y emitimos un juicio acerca de ella. Es la interpretación que hacemos de esas emociones, y se pueden regular mediante nuestros pensamientos. Solo cuando somos conscientes de nuestros sentimientos vamos a poder gestionarlos.

«Los sentimientos no pueden ser ignorados, no importa cuán injustos o ingratos nos parezcan.»  Anna Frank

Un factor importante es el pensamiento y el comportamiento que manifestamos mientras sentimos la emoción. Lo que hagamos en esas condiciones, nos va a afectar a nosotros mismos pero también a los demás.

Cuando nos invade una emoción  debemos de hacer lo más difícil del mundo: NO HACER NADA por controlarla o evitarla.  Dejarla salir, sentirla, vivirla…

Las emociones que catalogamos como negativas tienen como objetivo evolutivo pedir ayuda. Pídela.

Si fuésemos capaces de ver las emociones como datos de lo que está ocurriendo en nosotros, lo veríamos de otra manera. Solo es incómodo, no va a matarte. Es un puñado de química corriendo por tu torrente sanguíneo. No le des más dimensión, no dramatices sobre ella.

Para tener estabilidad emocional debemos tratarnos a nosotros mismos con respeto y empatía. No autojuzgarnos ni criticarnos de manera patológica. En definitiva, relacionándonos con los demás, pero también con nosotros mismos, con afectividad.

Normaliza incluso con los demás. Puede que entonces aparezca otra emoción: la vergüenza.  ¿Es tan malo sentirse mal de vez en cuando?

Cuéntale abiertamente a las personas de confianza cómo te sientes. Llora, ríe,… Compartirlo con los demás aliviará la carga, y verbalizarlo en voz alta te ayudará a comprender qué es lo que realmente está pasando. Te dará otros puntos de vista.

No olvides que tus emociones, lejos de hacerte una persona débil, están presentes para protegerte. No las escondas, vívelas, aprende de ellas y deja que te inspiren.

No es bueno callar lo que se siente. En algún momento, tarde o temprano, terminará estallando de la peor forma. Recuerda que todas las emociones que experimenta una persona son siempre válidas y tienen siempre sentido.

Normalicemos. No hay cosa más bonita que llorar o reír por algo que nos importa. En ambas ocasiones, poco a poco el alma descansa y uno termina por sentirse mejor. Eso es señal de que estamos vivos. No podemos ni debemos ser siempre fuertes. No es saludable… ni posible.

 

¡Enfócate!

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“Cambia tu atención y cambiarás tus emociones. 

Cambia tu emoción y tu atención cambiará de lugar”

Frederich Dolson

¿Quieren saber más curiosidades sobre nuestro  cajón de prioridad?

 

Por suerte, no ha hecho falta restaurar todo en nuestro cajón desastre, porque algunos compartimentos son de lujo. Esto ocurre porque hay varios niveles y algunos los tenemos muy bien organizados, dando gusto verlos. Existen diferentes modelos que explican la organización del proceso atencional en niveles, pero el modelo de Sohlberg y Mateer me parece muy clarificador.IMG_2213

– La atención interna sirve para darle prioridad a los propios procesos mentales e interoceptivos y otras sensaciones que provienen de los órganos internos del cuerpo, como el dolor, la sed, el hambre, la temperatura corporal, etc. 

 

img_0657-e1576015377949.jpg– La atención externa necesaria para captar para cualquier estímulo externo del entorno, algo que ella domina de maravilla. Tanto su atención visual como la auditiva dan miedo. Para que se hagan una idea, ella es algo así como un radar de última generación que siempre está activado, que en asociación con el pensamiento lateral al que da rienda suelta y su ilustre forma de cuestionarse y cuestionarnos todo en la vida (y lo que es peor, su interés por querer comprobarlo todo) le dan las herramientas más eficaces para un futuro comportamiento científico.

 

– La atención abierta que acompañada de alguna respuesta motora facilitan el acto de atender, como orientar nuestro cuerpo hacia el estímulo, acercar la oreja, etc.

 

– Por el contrario, la atención encubierta es la que permite atender a los estímulos sin la apariencia de estar atendiendo. Cuando decimos (especialmente los profes) “parece que está a otra cosa, pero tiene la antena activada para no perder detalle.

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– La atención selectiva o focalizada nos permite seleccionar estímulos y centrarnos en uno solo de forma voluntaria descartando todo cuanto ocurre alrededor. Es fácil adivinar que es fundamental para tareas cognitivas y académicas. Y ya sabemos que las mentes brillantes con actitud curiosa y pensamiento científico quieren estar a todo, y “a todos”. Y por ejemplo, ocurre que si hablamos con los compis, será difícil atender a las explicaciones de la profe. Por suerte, cualquier función cognitiva es fácilmente entrenable y Maripuri está en manos. Buscaremos la estrategia adecuada para que sepa diferenciar bien cuándo conversar y cuándo centrar la atención en lo relevante. Porque también es cierto que estar todo el día en clase sin hablar es muy aburrido.

 

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La atención dividida en dos o más tareas al mismo tiempo. Por ejemplo, conducir y cantar al mismo tiempo. O un término muy frecuentemente utilizado en la actualidad: los niños o personas multitareas. Hay algunos niños que en el cole reciben la etiqueta de TDAH, cuando puede ser que que en realidad estén en proceso de desarrollo de esta habilidad de poder estar atentos a muchos estímulos al mismo tiempo. Tiempo al tiempo, la multitarea humana será una realidad al ritmo que vamos.

 

– La atención sostenida para poder mantener durante el tiempo necesario la atención, haya motivación o no.

Maripuri y yo hemos tenido mucha suerte de poder restaurar artesanalmente entre las dos nuestro cajón de prioridad. Pero para quien no tenga tanta suerte, actualmente existen talleres de estimulación cognitiva, así como diferentes actividades y ejercicios de estimulación cognitiva, juegos de brain-training, entrenamiento intelectual, cuadernos de estimulación o nuevas neurotecnologías, como Elevvo, una tecnología basada en EEG para mejorar la atención sostenida y otras capacidades como la memoria de trabajo y la velocidad de procesamiento.

 

Existen profesionales a los que pedirles orientaciones para trabajar de forma casera, en los trayectos en el coche o cuando hacemos las tareas domésticas en familia.

 

Aquellos que estén interesados en restaurar también su cajón de prioridad, o el de sus “Maripuris” y quieran profundizar más sobre el tema,  recomiendo el Manual de psicología de la atención: una perspectiva neurocientífica, que explica muy bien los tipos de “cajones según taxonomías y según la actitud de cada persona.

 

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Hay mar, aunque no pueda verse desde aquí

Realmente creo que la esperanza es la respuesta correcta al milagro de la conciencia humana” John Green

… A ti. Que hoy te has sentido orgullosa de ti misma.

…Para los que nunca tiran la toalla.

Si algo he aprendido estos años es a tener esperanza en que las cosas siempre terminarán saliendo bien. Y no por la enorme capacidad de esta vida para sorprendernos en lo cotidiano, si no por el talento de uno mismo para terminar sobreponiéndose a casi cualquier cosa… especialmente cuando se lo propone.

Así que cuando uno transita por la vida con esta lección aprendida todo es, si no más seguro, al menos más confortable.

No hay que tener prisa, no hay que adelantarse, no se debe sucumbir a los temores, no hay que controlar nada ni buscar soluciones a todo.

Hay situaciones en la vida donde lo mejor es pararse en seco, coger aire, mirar en otra dirección, observando atentamente lo que ocurre a nuestro alrededor y simplemente dejar que las cosas sigan su curso. El tiempo nos explicará. Porque siempre hay mar, aunque a veces no logremos verlo. A veces, solo está lejos; otras solo juega a esconderse.

“La esperanza prospera aún bajo las condiciones más inadecuadas” Alejandro Dolina

Hay mar, siempre lo hubo y lo sabemos, aunque no siempre pudiera verse desde aquí. Aun cuando no todo el mundo creyó, aun cuando todos lo vieron imposible, hubo una ruta para navegar.

Así que cuando uno no solo cree en el mar, sino que trabaja insistente hasta alcanzar puerto, llegan olas. Grandes y fuertes olas. Y el camino, duro y largo, se vuelve momento de celebrar, de sentir el súbito placer del frío y el alivio del mar rozando los pies.

Hoy toca celebrar y una vez más repetiré, ahora con confianza absoluta, que: ¡Hay mar!

Y gracias a Dios, llegan nuevos retos.

Hay mar a pesar de que ahora mismo no podamos verlo desde aquí. Aunque a veces cueste hasta intuirlo. Sé que lo hay. Y si lo hay, una vez más llegaremos a él. Con un esfuerzo archiconocido y con fe. Siempre con fe.

No sé si tozuda por naturaleza u obcecada por necesidad, que no ver el mar no es motivo para no creer en él. Así que nada de desánimos, de inseguridades o miedos, nada de reproches o de preguntarse más porqués. A trabajar nuevamente en otra aventura, por otra gran travesía, con una emocionante carta de navegación … para llegar, como siempre, al mar.

¡Buen viaje marineros!

Esperanza no es la convicción de que algo saldrá bien, sino la de certeza de que algo tiene sentido, salga como salga” Václav Havel

Nostalgias y anhelos

 

-¿Qué tenéis en contra de la nostalgia?
-Es la única distracción posible para quien no cree en el futuro.
 (La grande bellezza)


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“El pasado no sólo es un país extraño,

sino que es uno del cual todos estamos exiliados. 

Y al igual que en todos los exilios, a veces añoramos volver. 

Ese anhelo se llama nostalgia”

A veces añoranza, morriña, “mal de la tierra”, o a veces “pasión de ánimo”. Más allá de la connotación romántica o sentimental que confiere, lo curioso es que la nostalgia no la inventó un poeta, sino un médico. Fue en 1688, Johannes Hofer sacaba a luz este término en la presentación de su tesis preliminar en la Universidad de Basilea, en la que explicaba el comportamiento de algunos hombres de la Guardia Suiza destinados lejos de casa, quienes echaban de menos su tierra sintiendo melancolía. Pero que estando de vuelta se recuperaban rápidamente, sintiéndose felices.

Aunque a Hofer se le atribuye el nombre de nostalgia, ya existía ese concepto con otro nombre. Durante la Guerra de los Treinta Años, al menos seis soldados fueron dados de baja del ejército español de Flandes con el “mal de corazón”. Pero pronto se dieron cuenta que también estaban predispuestos a la nostalgia los niños que perdían a sus madres, los jóvenes, las mujeres y los hombres. Al parecer, casi cualquier cosa bajo el sol podría causar nostalgia; especialmente el amor feliz.

Desde entonces la palabra nostalgia es utilizada para describir la pena que se siente al recordar con melancolía algo o a alguien. Un sentimiento de anhelo por un acontecimiento pasado. Como decía Borges, ya siento nostalgia del momento en que sentiré nostalgia de este momento.

La nostalgia, del griego clásico νόστος [nóstos], «regreso», y ἄλγος [álgos], «dolor») podría traducirse como el dolor por querer regresar. Es el sentimiento resultante de pensar en algo que se ha tenido o vivido y ahora no se tiene.

Una especie de felicidad comedida al recordar algo de un momento vital que sabemos que no volverá. Además, la nostalgia puede resultar positiva e incluso atractiva, ya que el pasado feliz no suele generar ansiedad (a diferencia del presente y del futuro) y a veces nos sirve como válvula de escape o para evadirnos, aunque sea por un momento, de una realidad que no nos convence.

El ser humano es un animal nostálgico. A lo largo de nuestra experiencia hemos constatado en muchas ocasiones que el presente no sirve para aportarnos felicidad. El mundo en que vivimos, incluso cuando somos suficientemente felices y contamos con  casi todo lo necesario, ya no nos basta. 

Construir desde el pasado es la premisa para sobrevivir a algo que no nos convence. Añorar lo que supo ser, extrañar lo que muchos ni siquiera conocieron, pero sobre todo, fantasear en nuestras propias construcciones mentales. La nostalgia nos invade cuando nuestra vida avanza a un ritmo vertiginoso, lo que nos genera miedo; o cuando sentimos una queja del presente y vislumbramos un futuro aún peor.

En palabras de Mariano Ibérico, la nostalgia mezcla «un sentimiento de encanto ante el recuerdo, un sentimiento de dolor ante la asequibilidad de ese objeto, en definitiva un anhelo de retorno que quisiera transponer la enigmática distancia que separa el ayer del hoy y reintegrar el alma en la situación que el tiempo ha abolido».

Pero, tal vez, la nostalgia cumpla una función más allá de la mera sentimentalidad. Una serie de estudios realizados por el psicólogo Constantine Sedikides sugieren que la nostalgia puede actuar como un recurso al cual recurrimos para poder avanzar con menos miedo y objetivos más claros.Expertos consideran que la nostalgia nos ayuda a afrontar mejor el futuro

NOSTALGIA DE TODO LO QUE SE FUE, SIN DESTILAR LO QUE HUBIERA SIDO DESEABLE…

En una investigación al respecto, se descubrió que los participantes que reconocieron ser menos propensos a tener nostalgia en su día a día, experimentaron un aumento del sentimiento de falta de sentido en la vida cuando se les pidió que, como propósito de la investigación, pensaran en su propia muerte.

Los investigadores la llaman un “recurso para dar significado”, una parte vital de la salud mental, del equilibrio emocional. Por lo que deberíamos tratar de normalizar todos nuestros sentimientos y emociones, incluido la nostalgia. Ya que ésta actúa como un almacén de emociones positivas en la memoria, al cual podemos acceder conscientemente, y tal vez también recurramos continuamente durante nuestras vidas para reforzar nuestras emociones. Estos profundos sentimientos sobre el pasado nos ayudan a afrontar mejor el futuro.

Por lo tanto y a pesar de lo que solemos creer, la nostalgia difiere mucho de la debilidad o la indulgencia. C. Castelnau señaló en La Escuela de Medicina de París que la nostalgia era una enfermedad de hombres honestos y sensibles.

Quizá en siglos pasados se creyó que la nostalgia era una enfermedad, pero hoy afortunadamente sabemos que solo es un estado de ánimo. A través de la nostalgia se encuentran a menudo, vías de escape para un presente a menudo complejo y habitado por los problemas. Un estado de felicidad y bienestar para compensar un momento de incertidumbre. Actúa por tanto como un recurso que nos consuela en momentos bajos. Es una especie de sensibilidad especial para entender nuestra propia vida.

Wildschut, Tim, Sedikides, Constantine y Arndt realizaron un estudio en el 2006 que se publicó en el Journal of personality and Social Psychology. Según este trabajo, las personas solemos experimentar este estado como un modo de hallar impulso vital en un momento dado. Cumpliría por tanto una finalidad psicológica y un refuerzo emocional

Estarán de acuerdo conmigo en que la nostalgia se nutre precisamente de las cosas bellas que nos han pasado en la vida. Y por tanto sentir nostalgia es una evidencia absoluta de que han existido momentos de felicidad en nuestra vida.

Faulkner escribió alguna vez que “el pasado nunca muere, ni siquiera pasa”; y por este motivo deberíamos entender que además de lo que aprendemos de los errores pasados, los buenos recuerdos nos fortalecen. Lo vivido es un legado imborrable que apreciar.

Se trata de aprovechar la nostalgia por lo que hemos sido, para sentir pasión y amor por lo que podemos ser. El futuro se construye en el presente; y el pasado es parte de nuestra esencia, un lugar en construcción.

«No hace falta renunciar al pasado al entrar en el porvenir. Al cambiar las cosas no es necesario perderlas»  (John Cage)

Formas de sanar (Autolesiones II)

NO ESTÁS SOLO

31416707_10214556213435668_5154302873348981578_n (1).jpgSi te autolesionas, o si piensas en lesionarte, piensa que es un signo de una situación que tiene remedio con la colaboración adecuada. Habla con alguien de confianza, como un amigo,  un familiar cercano, un profesor, un orientador escolar que te pueda ayudar a dar los primeros pasos para buscar la ayuda necesaria. Puedes sentirte avergonzado o incómodo al hablar de tu comportamiento, de tu dolor o de tu incertidumbre. Pero si das el primer paso encontrarás  apoyo, atención y ayuda sin prejuicios.

Si es tu amigo el que se autolesiona, puedes sentirte  confuso o atemorizado, pero estoy segura de que quieres ayudarle. Coméntalo igualmente con un adulto de confianza que creas que pueda ayudar sin juzgar a tu amigo. Aunque puedas sentir que estás traicionando su confianza, es algo importante como para ignorarlo o afrontarlo solo. Piensa que no solo conseguirás que deje de autolesionarse, tu colaboración servirá para calmar un dolor más profundo, más allá de las heridas en sus brazos o piernas.

No hay manera segura de prevenir esta conducta de autolesión, pero podemos contribuir a gestionarla identificando a la persona en riesgo, así como las señales que indican la existencia de problemas. Ofreciendo ayuda y entrenamiento en habilidades resilientes y gestión de emociones, y habilidades para relacionarse y comunicarse, ya que muchos de ellos se sienten solos y aislados.

Es fundamental fomentar cauces de comunicación efectiva con los niños. Enseñarles desde pequeños a expresar sus sentimientos y temores hace más sencillo que consigan gestionar sus emociones saludablemente. Aumentar el diálogo sobre la influencia de los medios de comunicación. Enseñarles a pensar críticamente sobre influencias de riesgo y crear conciencia entre los iguales, para animarles a buscar ayuda.

IMG_4026.JPGTambién es determinante la observación de cambios significativos en el comportamiento y la búsqueda de ayuda profesional. Se necesita realizar una intervención personalizada, para ayudarle a aprender formas más saludables de enfrentar la situación.

La tendencia a ocultar el problema aumenta estos riesgos ya que, ante una falta de diagnóstico es imposible el tratamiento por parte de profesionales. En la gran mayoría de los casos el diagnóstico se hace muy complicado debido a la intencionalidad de ocultar el problema por parte del adolescente. La vergüenza, la culpabilidad y el miedo a ser interrogados y juzgados les lleva a ocultarlo. Por lo que para conseguir los resultados positivos en la terapia es imprescindible el apoyo de la familia. No cuestionarlos ni juzgarlos a ellos (ni tampoco cuestionarse como padres) será determinante para que se atreva a enfrentarse al problema. Con la ayuda de profesionales es posible aprender a administrar los conflictos internos y externalizar el dolor de forma sana y eficiente sin causar daño físico.

Puede ayudarte revisar la siguiente información de la Sociedad Internacional de Autolesión

Autolesiones

 

”No sé qué me pasa. No me siento mal, pero tampoco me siento bien. En realidad no siento nada” ( E.I.T)

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Desde hace no mucho tiempo, en los centros educativos, consultas de pediatría y psicología se han incrementado llamativamente el número de casos de autolesiones: heridas que siguen patrones, arañazos, hematomas, cortes con la cuchilla del afilador o con tijeras,  rascarse hasta hacerse sangre, quemarse, arrancarse el pelo o morderse. Lo hacen de distintas formas y en distintos lugares del cuerpo como el interior de los antebrazos o de los muslos, en el torso, etc.

“Ni siquiera noto que me estoy autodestruyendo” (D.B.B.)

De fondo, si prestamos atención pueden darse otro tipo de alarmas, como dificultades en relaciones interpersonales, inestabilidad del comportamiento y emocional, impulsividad e imprevisibilidad, declaraciones de impotencia, desesperanza o falta de valor. Son personas más propensas a la autocrítica constante y a tener dificultades para resolver problemas. Suelen ser el resultado de ciertas dificultades para regular, expresar o comprender las emociones, sentimientos de inutilidad, soledad, pánico, enojo, culpa, rechazo, odio a sí mismo o sexualidad confusa.

Suelen ocultarlo a los adultos, y mostrar con orgullo a sus iguales. La mayoría sabe que no lo deberían hacer, pero no pueden dejar de hacerlo. Una especie de ritual que realizan, en sus palabras, para calmar su dolor.

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También llamado cutting, es el acto de dañarse deliberadamente el propio cuerpo. Se trata de una insana forma de enfrentar el dolor emocional, la ira intensa o la frustración. Son acciones agresivas contra uno mismo, que pueden conllevar una sensación de calma momentánea y de liberación de tensión, aunque posteriormente aparece la culpa y la vergüenza, y vuelven las emociones dolorosas.

La gran mayoría no lo hacen para llamar la atención de sus familiares y no suelen conllevar intenciones suicidas, sino que son medios usados para torturarse; aunque es conveniente ser cuidadosos con el tema y averiguar los motivos que lo causan. Con algunos indicadores depresivos o con pensamientos de querer desaparecer del mundo, ellos mismos explican que cuando se dañan es para obtener unos efectos concretos, pero nunca con intención autolítica.

Intentan controlar o reducir la angustia, buscar una sensación de alivio, distraerse de las emociones dolorosas a través del dolor físico, calmar un estado de confusión emocional, tener un sentimiento de control sobre su cuerpo, sus emociones o las situaciones de la vida, o tener cualquier sentimiento si la persona se siente vacía emocionalmente. Es una manera de expresar los sentimientos internos a través de una vía externa o castigarse por errores aparentes.

Según los profesionales y los propios adolescentes se trata de una sensación anestésica, para apaciguar y calmar el dolor emocional insoportable y descontrolado que siente. Y parece que neurológicamente funciona. Se sabe que para que una persona instale y mantenga un problema es porque le da ciertos beneficios secundarios.

Muchas personas se lastiman unas pocas veces y luego se detienen. Sin embargo, para otras, las autolesiones pueden volverse un comportamiento repetitivo a largo plazo, desencadenando una compulsión autolesiva, donde el joven lo hace cada vez con más frecuencia hasta perder el control de su comportamiento y pasa de sentir dolor a sentir un placer sutil. De hecho, se acaba convirtiendo en una búsqueda compulsiva de sensaciones fuertes.

No es algo propio de los adolescentes aunque si es la etapa de la vida donde más aparecen. La autolesión suele comenzar en la preadolescencia o en los primeros años de adolescencia, cuando las emociones son más volátiles y los adolescentes se enfrentan a la presión de los pares, la soledad y los conflictos con los padres u otras figuras de autoridad.

La adolescencia es una etapa complicada para algunas personas. Los cambios hormonales, físicos y sociales los sitúan ante situaciones que debe enfrentar por primera vez y que pueden suponer una fuerte presión emocional.

A ese desarrollo psicológico adolescente no ayudan los numerosos mensajes de contradicción a los que se ven expuestos. Se les exige ser independientes y tomar decisiones, sin una preparación previa para ello, porque lo que se trata de una etapa de mucha vulnerabilidad psicológica donde buscan la construcción de su identidad.

Al mismo tiempo se ve envuelto en una sociedad en donde es vital conocer y seguir las modas y los estándares impuestos para sentirse parte de ella. Gestionar todo esto y decidir lo correcto no es fácil, más si su personalidad  no está totalmente definida como ocurre con frecuencia en esta etapa.

Aunque no tienen que darse estas circunstancias, existen otros factores que pueden incrementar el riesgo de autolesión. Suele ser el hecho de tener amigos que se autolesionan o lastiman intencionalmente, haber sufrido algún tipo de negligencia, o situación traumática. Es posible que hayan crecido o permanezcan con una familia inestable, o que sean jóvenes que cuestionan su identidad personal o su sexualidad. Algunas personas que se autolesionan están socialmente aisladas.

¿La vemos otra vez ?

“El cine es como un juego infinito de cajas chinas, como historias superpuestas que a veces se dirigen a varios aspectos cruciales de cada uno de nosotros.

Y hacen que, a través de eso, descubramos cosas en nosotros mismos. De ahí el efecto subjetivador o terapéutico que puede llegar a tener”.

Mónica Cruppi

pexels-photo-937750.jpegEra la Nochevieja de 2004, él se había convertido en padre por segunda vez y acababa de perder al suyo no hacía muchos meses. Asumió la responsabilidad de un brindis que diera a sus invitados un poco de esperanza cuando se presentaba una navidad muy difícil. Tuvo el acierto de llevar a su discurso “El Ciclo de la vida”, del Rey León. Acierto,  porque quince años después sigo recordando aquel momento. Fue curioso que, habiendo visto esa película varias veces (costumbre que comparto con los más pequeños de la casa),  nunca había pensado en el mensaje que él trasmitió. Volví a verla una vez más.

¿Percibimos los estímulos de una película de una sola vez?

Los niños de hoy en día tienen su primer contacto con el mundo audiovisual siendo muy pequeños. Las imágenes en movimiento, el color, la música y los diálogos son estímulos muy atractivos para su actividad cerebral. Sin embargo, cuando los niños (y los no tan niños) ven la misma película una y otra vez, hay algo más que mera atracción sensorial.

Aunque los formatos infantiles tienen una velocidad más pausada, transcurren al mismo tiempo muchas cosas: personajes, emociones, reacciones, diálogos, lenguaje no verbal, etc. Es normal que se escapen muchos detalles, porque su atención y su procesamiento cognitivo no están suficientemente maduros y todavía no pueden seguir ese ritmo, lo que dificulta la comprensión.

cine_by_giovanni.jpegAdemás, las películas tienen un lenguaje propio que todos hemos tenido que aprender: planos, secuencias, cómo se estructuran las historias y cómo se mueven los personajes en tiempo y espacio. Descubrir esto nos permite entender mejor la historia, desarrollar la memoria y adquirir vocabulario. Y esto ocurre gracias al pensamiento lógico, que irá ganando calidad a medida que el niño vaya madurando.

El pensamiento lógico es un proceso cognitivo muy importante: permite hacer relaciones entre situaciones, objetos, personajes o secuencias; comparaciones, inferir información y llegar a conclusiones. Esto es clave para el desarrollo intelectual.

El marco de una película ayudará a hallar relaciones causa-efecto, establecer vínculos entre personajes, historias, gestos o palabras… Y cada vez que el niño vea la película de nuevo, captará nuevos detalles que le ayudarán a apreciar mejor la historia. A medida que se familiarice con la historia y los personajes, le parecerá más sencilla; por lo que necesitará menos esfuerzo cognitivo y disfrutará más lo que ve. Según logren todo esto, mejorarán su lenguaje, descubrirán nuevas palabras, comprenderán mejor los argumentos, y desmenuzarán más detalles, consiguiendo con ello una mayor satisfacción personal.

Como en el juego, en los cuentos, las películas o en el colegio, el aprendizaje en la infancia se produce a través de procesos repetitivos, como un sistema de patrones. Mediante el juego, los niños van asimilando conceptos. Lo mismo ocurre cuando ven la misma película una y otra vez, al integrar la historia como un patrón. Y esto tiene un elemento muy positivo en el aprendizaje. Son cadenas de significado que van descifrando cada vez mejor.

La repetición no sólo les permite desarrollar mejores habilidades cerebrales, lingüísticas y narrativas, sino que la repetición literal mejora la comprensión y el aprendizaje. Además, a diferencia de los adultos, la repetición no hace que la atención decaiga, y está demostrado que incrementa la participación porque quieren celebrar su éxito participando de lo que han visto.

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En los no tan niños, un sistema de patrones podría tener el mismo efecto. Solo que, como adultos, el conocimiento llega de forma más rápida porque el cerebro cuenta con más herramientas y con más información previa. Sin embargo, al igual que los niños, al repetir varias veces una misma película, descubriremos con seguridad nuevos detalles.

Pero hay algo más. El mayor éxito de la repetición es permitirles anticipar el futuro. El mundo es bastante impredecible para ellos, sin embargo se sienten especialmente competentes al poder anticipar lo que va a suceder en el guión. Saber lo que ocurrirá los conecta con la emoción y además les da seguridad. Por esta razón, la película o la historia contada muchas veces jamás perderá su interés. Recordar frases, diálogos o reacciones les resulta una experiencia muy divertida, casi mágica, porque son capaces de predecir el futuro del protagonista. Se sienten competentes al hacer predicciones.

Cuando pueden predecir lo que ocurrirá y consiguen validar sus expectativas, se sienten empoderados, reforzados y relajados. Tienen la confianza que les reporta controlar una parcelita de un mundo bastante caótico para su cerebro, ya que muchas de las cosas que experimentan son nuevas y se ven bombardeados de información. En un entorno así, la repetición les hace sentir que el mundo es un lugar predecible y seguro, porque no hay imprevistos que procesar en cada segundo, y no hay necesidad de estar en alerta.

Algunos niños tapan sus ojos antes de que se asome el villano o comienzan a sonreír antes de la parte graciosa. Esto sucede porque ya les resulta familiar la escena y los conecta con los sentimientos familiares. Establecen una conexión emocional más consistente, lo que hace que la película cada vez le guste más e instintivamente quieran  repetir.

Por todo esto, ver películas repetidamente es una valiosa estrategia de aprendizaje que estimula el pensamiento, al predecir involuntariamente lo que va a ocurrir, lo cual les ayuda a desarrollar su pensamiento lógico y a comprender las relaciones causa/efecto, una habilidad compleja que resulta fundamental para que los pequeños puedan comprender el concepto de consecuencia, tan necesario en las etapas de aprendizajes posteriores.

Y lo más curioso es que se mantienen más concentrados que en la primera vez. A pesar de que pueden haber memorizado algunos de los diálogos o incluso se ríen de antemano sabiendo lo que sucederá, no parecen aburrirse. Se divierten repitiendo el diálogo de una película o tarareando la canción. Es un momento de calma y felicidad.

En los adultos no ocurre de igual manera. La edad destroza el placer que podemos extraer de la repetición. Creemos que ya sabemos cómo funciona el mundo y no necesitamos poder anticipar una narración conocida. Buscamos siempre la sensación más intensa, que muchas veces creemos equivocadamente que llega por la novedad.

Sin embargo, en ocasiones, desarrollamos vínculos afectivos que nos devuelven a tiempos mejores. Y nos gusta volver a escucha canciones de otra época o ver películas que nos aportan recuerdos muy positivos. La vemos una y otra vez para revivir la nostalgia de un recuerdo, algo que no tiene relación con la calidad de la película, sino con la experiencia con la que lo vinculamos. También está relacionado con la celebración de lo aprendido. Es como repetir el gol  de Iniesta con la selección, que nadie se cansa de verlo.

El informe de Russell decía que “el reconsumo no es sólo un nostálgico intento de recuperar el pasado, sino más bien una activa búsqueda de nuevos significados, que tiene gran valor emocional y hasta puede ofrecer muchos beneficios terapéuticos”

Gilles Deleuze  decía que “el cine es pensamiento en imagen”. Tanto para niños como para adultos, se trata de un paseo inconsciente por el trastero de nuestros sueños y deseos; que generalmente nos aporta una experiencia emocional muy reconfortante.

Por lo que deberíamos cultivar más el hábito de ver películas que son o han sido importantes para nosotros. A ser posible, en familia.

… ¡A disfrutarlo!

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El cajón de prioridad

“ El verdadero arte de la memoria es el arte de la atención” (John Samuel) 

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...¡Porque confiamos ciegamente en ti, siempre!

…salgan las cosas bien o quede algo por mejorar.

…Me gusta la lección que hemos aprendido hoy: uno se siente muy bien consigo mismo cuando conseguimos los objetivos que nos proponemos.

¡¡¡A por muchos más!!!

Mi Maripuri es emoción en toda su magnitud. Vive instalada en la morada de la felicidad, donde probablemente muchos de nosotros quisiéramos ir a visitarla con frecuencia. Vehemente en la batalla, se manifiesta con ímpetu y pasión, pero sus guerras le duran cinco minutos, porque ni sabe ni quiere guardar rencor; ni su corazón alberga el mínimo atisbo de cualquier sentimiento negativo hacia nadie. 

 

Me aguanta mis interminables charlas sobre los despropósitos de cada día y nunca me castiga por ello. Al contrario, ha aprovechado mis discursitos para desarrollar ese diálogo agotador capaz de convencer al más incrédulo. Intenta aplacarme siempre con un “no sé”, que aunque sabe que lo detesto… insiste. Porque otra cosa que la define bien es que mi chica es insistente hasta agotar la paciencia de un santo. Y eso me gusta. Le ayudará mucho en la vida insistir hasta conseguir lo que quiere y no tirar nunca la toalla. Al igual que adoro su complicidad infinita y su absoluta confianza para guardar cualquier secreto. 

No conozco a nadie que tenga más claro lo que quiere y cuando lo quiere. Se trate de lo que se trate. Aunque nada es lo suficientemente importante como para quedarse atascada en un deseo u objeto material. Una actitud tendente a la maravilla, la fantasía, y los sueños que ya me gustaría patentar en cualquier consulta de psicología para el bien de la sociedad. Y para contribución social, el país agradecería tenerla como ministra de economía.

Adicta a la curiosidad y experta en las más nobles artes de la observación, es un cúmulo andante de buenos propósitos que la llevan a estar siempre en guardia cuando alguien necesita de ella, porque es puro servicio.

Así es mi Maripuri. Sin peros, sin excusas, sin nada que objetar; con la única finalidad de aprender (porque para eso está la vida, para aprender), a organizar su pensamiento en el cajón de prioridad.

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Un cajón que estamos restaurando juntas desde hace unas semanas. Unos cuantos clavos para fijarlo bien, unas capitas de pintura para darle vida y un buen letrero para tenerlo siempre, siempre, siempre bien localizado. Y así andamos las dos entusiasmadas, porque juntas restauramos su cajón pero también el mío (porque para eso está la vida, para aprender… y nunca se deja de aprender). 

En nuestro cajón de prioridad se encuentran las claves para el funcionamiento óptimo de casi cualquier cosa del día a día, porque permite tener claro a qué estímulos atender y sobre todo acertar a la hora de decidir qué circunstancias son relevantes en cada momento; y cuáles nos pueden parecer interesantes, pero irrelevantes en un momento dado. 

Permite la aplicación voluntaria de la actividad mental y de los sentidos a un determinado estímulo material o mental. Se trata de una de las funciones cognitivas más importantes que tenemos, porque de ella depende el buen funcionamiento de otros procesos cognitivos como la percepción, la memoria, el lenguaje y el pensamiento. Así que es recomendable para todos, niños y adultos, someterla de vez en cuando a una restauración consciente. 

En ese cajón de madera al que tanto mimo le estamos dando encontramos nuestra capacidad de generar, seleccionar, dirigir y mantener un nivel de activación adecuado para procesar la información importante de cada momento. Gracias a ella podemos contribuir a la supervivencia, a aprender más y mejor, a sacar mejores notas, a estar más pendientes de los demás, a ser más ordenados y organizados… pero también para que los adultos no nos tiren de las orejas y nos cuelguen la etiqueta de despistados. Algo muy fastidioso. 

Nuestro cajoncito actúa como un filtro selectivo para enfocarnos tanto en los detalles como en el “todo”,  al mismo tiempo, maximizando el aprendizaje y minimizando errores. 

 

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Hay muchas teorías sobre este tipo de cajas, pero parece existir acuerdo al menos en que tiene tres funciones básicas: la orientación hacia los estímulos sensoriales, la detección y selección de los estímulos relevantes y el mantenimiento del estado de alerta, fundamental para la supervivencia.

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Gracias a ese cajón somos capaces de guardar cantidad de información a la que podemos atender al mismo tiempo y realizar cantidad de tareas de forma simultánea. A eso se le llama amplitud del cajón. Pero ojo, hay que tener en cuenta que la capacidad de nuestro cajón es limitado y atender a más de una cosa a la vez a veces nos llevará a la pérdida de detalles o de información importante, que luego nos puede pasar factura. Además, con el paso de los años, el estrés, el agotamiento o determinadas patologías, entre otras causas, puede deteriorarse.

La cantidad de ganas puestas o recursos atencionales prestados a un estímulo o la intensidad de nuestra capacidad atencional es lo que nos lleva a hacer cosas sin prestar atenimagesción aparente (de forma automática) y o bien elegir hacerlas de forma más controladas, que demandan más atención.

Como vemos, en ese cajón de prioridades podemos guardar las cosas de forma voluntaria o involuntaria, ya que a veces guardamos cosas sin querer. Pero tratándose de un cajón donde se guardan las prioridades, debemos realizar un poco más de esfuerzo mental para poner ahí de forma voluntaria lo más importante. A eso se le llama Control.

Un aspecto importante de ese cajón que más entrenamiento requiere es el oscilamiento. La atención alternante nos permite cambiar el foco de una situación a otra, cuando simultaneamos acciones que demandan altos recursos cognitivos, ya que atender a las dos al mismo tiempo no es posible. Fundamental en tareas importantes que requieren mucha concentración. Y sugiero tanto a niños como adultos, trabajarla para ganar en eficacia. 

Nuestro cajón guarda un mundo apasionante detrás, por lo que conocer bien cómo funciona será de gran importancia para sacarle el mejor partido. Maripuri y yo les invitamos a seguir profundizando con nosotros en el conocimiento de los rincones y vericuetos de tu cajón de prioridad, para enfocarte mejor en lo importante. Te será muy útil.