Mucho papel higiénico

En esta ocasión, agradecemos el trabajo realizado con las manitas de María, Carlos, Patxi, David, Pablo, Ale, Marta y Laura. ¡Gracias mil!

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Papelitos y papiroflexia

Gracias a Helena, Lucía, Juan, Javi, Alberto, Fernando, Carlos, Laura y a los dos Pablos. Que se han puesto manos a la obra, sin dudarlo.

Dobla aquí, dobla allá, marca bien, desdobla, lleva una esquina a la siguiente y … ¡Listo!

Cada vez que veo una figurita de papel no puedo evitar acordarme de Fernando, quien a sus ochos años consiguió acaparar toda mi curiosidad. No conozco niño al que le guste más crear bonitas obras en papel. Para muestra un botón:

Lo que Fernando no sabe es la cantidad habilidades que se entrenan cada vez que uno hace ( o lo intenta) un pequeño paso de papiroflexia.

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Pensamiento lateral

A Juan se le cayó un anillo dentro de una taza llena de café,

pero el anillo no se mojó. ¿Cómo puede ser?

Realizado por L. V. J.

En estos tiempos en los que tenemos que adaptarnos a nuevas formas de afrontar el día, es una buena oportunidad para probar otras alternativas de aprendizaje y de entrenamiento cognitivo. Es el momento perfecto para ver las cosas de otro modo.

El aburrimiento es la excusa perfecta para entrenarnos en el pensamiento lateral. Veamos porqué.

El pensamiento lateral es la forma alternativa de resolver situaciones o problemas de la vida cotidiana de una forma creativa, abandonando el pensamiento lógico y racional que acostumbramos a premiar en las escuelas. Es un modo diferente de utilizar tu mente.

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El consuelo de las tontas

“Cuando estamos en contacto con nuestra humanidad en común, recordamos que los sentimientos de insuficiencia y decepción son compartidos por todos. Esto es lo que distingue la compasión hacia uno mismo con la lástima. Mientras que la lástima dice “pobre yo”, la compasión hacia nosotros mismos nos recuerda que todos sufrimos y nos ofrece confort porque todos somos humanos. El dolor que siento en momentos difíciles es el mismo dolor que tú sientes en momentos difíciles. Los disparadores son distintos, las circunstancias son distintas, el nivel del dolor es distinto, pero el proceso es el mismo. No siempre puedes obtener lo que quieres. Esto es verdad para todos”

Kristin Neff,

La expresión “Two in distress makes sorrow less” (dos en apuros hacen que la pena sea menor) se dice con un sentido de alivio al descubrir que no somos los únicos que pasamos por una adversidad; no porque los problemas mejoren, sino por cierto sentimiento de tranquilidad que parece acompañar a esta comparación. Una parte del efecto terapéutico de los grupos de autoayuda tiene que ver con esto.

Varios dichos populares hacen alusión a esta sensación. “Desgracia compartida, menos sentida” son palabras que apuestan por el sentimiento reconfortante.  

En alemán encontramos el término “Schadenfreude” para describir esa especie de “júbilo” que ocurre con los infortunios del vecino.

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La espera y la esperanza

“Nunca dejes de tener esperanza, todos los días ocurren milagros”

Llevaba años esperando a tener ese papel en la mano, esa evidencia, la certeza. No recordaba cuánto tiempo lo había estado deseando. Se había imaginado de mil formas distintas, pero en su imaginación no había cabido nunca tanta alegría como la que había sentido al tenerla en su mano.

Nada quiso ser igual a partir de ese momento. El miedo se había disipado, tanto como si no hubiese formado nunca parte de su vida.

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Molinos y batallas

Mientras espero en la puerta de embarque de un vuelo eternamente retrasado lo observo sentado en el suelo, derrotado pero sonriente, acompañando a su “dama” mientras ella carga su móvil en el único enchufe de todo el aeropuerto.

Su cara me sugiere que el cansancio, la fiebre y el exceso de medicación se han apoderado de ella y no sabe si lo que ocurre en esa terminal es real o acaso lo imagina. Quién sabe si apenas es solo un vago recuerdo de algo que una vez sucedió.

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El pacto de Alicia

“—¿Pero tú me amas?— Preguntó Alicia.

—¡No, no te amo!— Respondió el Conejo Blanco.

Alicia arrugó la frente y comenzó a frotarse las manos, como hacía siempre cuando se sentía herida.

—¿Lo ves?— Dijo el Conejo Blanco.
Ahora te estarás preguntando qué te hace tan imperfecta, qué has hecho mal para que no consiga amarte al menos un poco.

Y es por eso mismo que no puedo amarte.

No siempre te amarán Alicia, habrá días en los cuales estarán cansados, enojados con la vida, con la cabeza en las nubes y te lastimarán.

Porque la gente es así, siempre acaba pisoteando los sentimientos de los demás, a veces por descuido, incomprensiones o conflictos con sí mismos.

Y si no te amas al menos un poco, si no creas una coraza de amor propio y felicidad alrededor de tu corazón, los débiles dardos de la gente se harán letales y te destruirán.

La primera vez que te vi hice un pacto conmigo mismo : “¡Evitaré amarte hasta que no hayas aprendido a amarte a ti misma!”—

Por eso Alicia no, no te amo.”

Extraído del libro “Alicia en el país de las maravillas”

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¿Quien dijo miedo?

“El miedo es una reacción y el coraje una decisión”

¿Cómo no adorarlo?

No me he vuelto loca. Solo llevo muchos años conviviendo con los míos y entendiendo los miedos de los demás.

Ojalá entendamos de una vez que forma parte de todos nosotros, y que además, puede ser un regalo de la naturaleza.

A mí me ha hecho quedar en blanco en medio de presentaciones de proyectos, reuniones de padres, ha conseguido dejarme sin voz en una conversación importante, decir algo inapropiado por no mostrar mi temor. Me hace correr en dirección diametralmente opuesta a la que quiero. E incluso hace que mi cara se ponga roja cuando alguien me mira, me señala o me pregunta en público (sobretodo cuando Dani se da la vuelta para comprobar que efectivamente me estoy poniendo como un tomate). Gracias a él, después de más de treinta años he aprendido a descojonarme de mí misma en esas situaciones. Y ni siquiera lo sabe. Prometo decírselo mañana. Seguir leyendo “¿Quien dijo miedo?”

Nada… en lontananza.

“Nada se va hasta que nos haya enseñado lo que necesitamos saber” -Pema Chödrön-

En cada historia hablaba de todos, aunque en todas ellas, sin saberlo, incluía un poco de mí. Porque a fin de cuentas yo no tengo nada.

A estas alturas no hay riquezas, ni posesiones, ni cargas materiales. No hay poder, ni aspiraciones, ni excentricidades. Ni siquiera hay maldad, ni rencor, ni venganza, ni oscuridades. Por no tener, ya no hay ni miedo, ni incertidumbre, ni malos recuerdos o lamentaciones. Tampoco mala conciencia, ni despropósitos desordenados, ni más penitencias. Ni amargas sensaciones.

Nada. He aprendido (por fin) y ya no queda nada.He soltado todo lo que me ataba. En un golpe inesperado me he desprendido de todos los apegos que cargaba. Me caí de todos los prejuicios que me arrastraban. Incluso regalé por el camino todas las prisas que me agobiaban. Insistí y renuncie a las inseguridades que me quebraban.

Llevo media vida buscando algo, sin saber lo que quería. Algunos largos años esperando a alguien, sin creer lo que decía. Sintiendo que allá a lo lejos, en lontananza, quedaría algo que sentir, agarrando con fuerza incluso lo que no quería vivir.

No hay nada peor que aferrarse a lo que no queremos, por miedo a no tener nada. Cuando de todas maneras, tampoco es mucho más que nada, porque nada a medias nos va a llenar.

Y en medio de una elección que no conseguía tener clara, cuando sentía que era incapaz de ser valiente, decidí lo más difícil, no decidir nada.

Fue entonces, justo antes de saltar, aun sin nada de valor, solté todo lo que no quería; y al mismo tiempo renuncié sin más disculpas a todo lo que no sería para mí.

Finalmente saboreé la nada. Entonces encontré la calma, el placer de lo bien hecho y el sueño profundo en la almohada. Y cuando sentía el silencio del vacío, supe que era todo lo que yo necesitaba: nada.