Miedo a ser feliz. Querofobia II

“La vida es tan incierta, que la felicidad debe aprovecharse en el momento que se presenta” Alejandro Dumas.

Probablemente la palabra querofobia no te sonaba de nada, pero ¿a qué conoces ese sentimiento cuando algo parece demasiado bueno para ser verdad?

Cuando sientes que te han pasado muchas cosas buenas en poco tiempo; y te entra el pánico, pensando qué será lo próximo que está por suceder que rompa de un plumazo esa bonita sensación de felicidad.

¿Te asusta ser feliz?

(Fuente: «Fears of compassion and happiness in relation to alexithymia, mindfulness, and self-criticism». P. Gilbert et al., enPsychology and Psychotherapy, vol. 85, n.o 4, diciembre de 2012)

¿Te resulta difícil confiar en sentimientos positivos?, ¿sientes que tus buenas sensaciones nunca duran mucho tiempo?

¿Has sentido alguna vez que no mereces ser tan feliz?, ¿tu propio estado de bienestar te causa incomodidad o recelo ?

¿No confías en los sentimientos provocados por los logros o situaciones positivas, ¿piensas, cuando eres feliz, que nunca se sabe si caerá del cielo una desgracia?

¿Te preocupa que si te sientes bien, te pueda ocurrir algo malo?, ¿estás convencido que cuando uno se siente a gusto baja la guardia?

Parece una broma que alguien pueda tenerle miedo a ser feliz. Pero es más frecuente de lo que creemos. De hecho, si nos fijamos bien, es llamativo ver a personas que tienen todo un despliegue de recursos al alcance de su mano para ser felices pero, por algún extraño motivo se empeñan en no serlo. Al contrario, es de admirar que otras personas, teniendo el mundo en contra, han conseguido encontrar la autodeterminación para ser auténticamente felices. Y no, no hablo de narcisismo y felicidad superficial. Hablo de paz mental, de estar en equilibrio consigo mismo, con los demás, con la vida.

Personas con actitud de sacar partido a cada momento, porque es lo único que tienen para aferrarse a la vida. Lecciones reales de lo que una buena actitud y una mente bien orientada pueden hacer de nuestra vida.

“Me doy cuenta de que si fuera estable, prudente y estático, viviría en la muerte.

Por consiguiente, acepto la confusión, la incertidumbre, el miedo y los altibajos emocionales, porque ese es el precio que estoy dispuesto a pagar por una vida fluida, perpleja y excitante”

Carl Rogers

Querofobia. Miedo a ser feliz I

“Tiene miedo de morir porque aún no ha vivido” Franz Kafka

 

Encontró el error. Había estado ahí, delante de sus ojos. Tan obvio que era difícil reparar en él.

Siempre ocurre igual. El mismo miedo que le paralizaba, que le impedía hablar y pensar lógicamente. Que le hacía actuar conforme a la regla de mostrarse como un payaso. Era la persona más valiente que había conocido nunca, pero se sentía más cómodo en ese papel de cobarde fracasado que no tenía nada que demostrar.

Nunca lo reconocería en voz alta. Pero sentía como se desbocaba su corazón. Lo llevaba sintiendo desde hacía casi mil años. Ya formaba parte de él, pero ni siquiera con esas, se había acostumbrado.

Aunque nunca nadie lo sospechara, no era capaz de confraternizar con tantos miedos, incertidumbres y preocupaciones irracionales que, todavía a su edad, seguían pesando. Y lo que era aún peor, no era capaz de convivir con sus propias emociones.

Así que una vez más se ahogó con las palabras que siempre soñó decir, esperando el momento adecuado. Volviendo a dejar el tiempo en el aire. Una vez más.

Conocía de memoria sus sueños, sus deseos, sus ilusiones y sus esperanzas en el futuro.

Pero de un tiempo a esta parte eso ya no le servía como agua para regar la indolencia de su propia vida.

Seguiría siendo espectador. Siempre desde el deseo, desde las sombras, siempre detrás del telón, siempre desde lejos y en silencio… Estudiando todos los programas de ópera al dedillo, conociendo todas las melodías, empatizando con la vida de todos los personajes, pero jamás actuando.

Y todo porque en algún momento se convenció de su absurdo discurso repetitivo de que no podemos elegir nuestra vida. Se creyó sus propias excusas. Mantenerse en el drama de su mala suerte le permitía ser compasivo consigo mismo. Aunque de sobra aborrecía la compasión, sobrevivía a su costa.

Ese fue el error. Creerse su propio diálogo, por no ser capaz de escuchar explicaciones ajenas.

Como él, otros tantos, quienes se acomodan en el discurso de que no es posible alcanzar lo que uno desea y suelen tener una aversión irracional a ser felices.

Sufren de algo llamado querofobia. Término que procede de la palabra griega “chairo”, que significa “me regocijo”.

No son las actividades gratificantes en sí las que dan miedo, es algo así como el temor de que si te dejas llevar y eres feliz y despreocupado, algo terrible sucederá. O incluso, el convencimiento de que no se merecen ser felices.

No es más que el continuo autosabotaje: ser feliz les lleva a pensar que algo malo sucederá.

La querofobia no está bien definida, y de momento no aparece en la última edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5 ), recurso principal para el diagnóstico de las condiciones de salud mental.

Pero algunos expertos médicos clasifican la querofobia como una forma de ansiedad y últimamente parece ponerse de manifiesto que este miedo a la felicidad presenta una alta correlación con la depresión, aunque pasa más desapercibido.

No obstante, aunque puede llevar tiempo, es posible vencer estos temores.

Identificar este temor y superarlo mediante terapias específicas podría constituir un primer paso fundamental para alcanzar un poco de bienestar mental y social.

¿Te atreves?

La EBAU y no morir en el intento IV: “Un poquito nervioso”

449be1dd-8ce5-4b1a-89ec-7298f53431d3Por fin ha llegado el día “D”. Ha llegado la hora y el momento del que tanto has oído hablar estos dos últimos años.

¿Qué podría decirte en cuestión de minutos que no te haya dicho ya este último mes? ¿Algo que te ayudara un poco más que un simple “mucha suerte”? Cuando además confío plenamente en que tu capacidad no la necesitará.

Allá voy. Haré lo que pueda. Todos te desearán mucha suerte. Yo además, te deseo que te pongas un poquito nervioso.  Y no, no me he vuelto loca.

Lo llaman examen. Pero cuando no te juegas absolutamente nada más allá del tiempo y el esfuerzo realizado (a base de mucho sacrificio) prefieres vivirlo como un desafío.

Así que por un momento, pongamos que mañana no te juegas nada. Llámalo reto. Objetivo. Adrenalina. Competición contra ti mismo. Competencia. Superación. Dominio.

Pronuncia varias veces estas palabras en voz alta. Repítelas una y otra vez. Grítalas. Memorízalas. Hazte con ellas. Te prometo que cambiarán tu forma de ver el día de mañana y tu motivación.

Sentirás que empieza a desaparecer el miedo y sentirás cierto orgullo. Se le llama adrenalina. Y la huida y el bloqueo que habitualmente genera el miedo, pasará a convertirse en fuerza. Así que, a tope de adrenalina.

¿Por qué te deseo un poco de nerviosismo? ¿Qué pasa en nuestro cuerpo cuando nos ponemos nerviosos? Seguir leyendo “La EBAU y no morir en el intento IV: “Un poquito nervioso””

La EBAU y no morir en el intento III: El papel de la familia

Dicen que EBAU es, posiblemente, el primer reto a medio plazo al que se enfrentará tu hijo. Yo no comparto esa opinión.

Los alumnos se han enfrentado previamente a muchos retos anteriormente aunque de ninguno se ha hablando con tanta importancia. Pero solo es una cuestión socialmente establecida. Y como en todos los retos vitales a los que se enfrente tú hijo a lo largo de su vida, tú papel como padre o madre condicionará buena parte de la energía gastada.

Sea su primer reto o no, el papel de la familia en estos momentos es fundamental y se basará sencillamente en el apoyo incondicional. Todo la sociedad les ha hecho creer que se “juegan” media vida y ha terminado por convertirse en un momento muy importante para ellos. Necesitan ser respetados en sus horarios de estudio, en sus manías, en sus momentos emocionales. Deben sentirse motivados y apoyados, consolados y protegidos incondicionalmente. Necesitan apoyo moral.

La sensación de presión que perciben a lo largo del curso tiende a volverse elevada. Sobre todo internamente, en un lucha con ellos mismos por conseguir la puntuación necesaria para estudiar el grado que desean. Aunque también puede ser externa, proveniente de padres y profesores que a veces, en un intento de motivarles, aumentan la presión en el sistema.La tensión en este momento es máxima.

Ellos están preparados para afrontarla, pero no lo saben porque no han vivido nunca algo similar. La incertidumbre es la sensación acorde a su estado emocional. Por lo tanto debemos ser comprensivos con sus subidas y bajadas emocionales. Evitar generarle más presión de la que ya sienten y sería aconsejable quitarles el peso de más responsabilidades de las que en este momento puede asumir.

Les ayudará tratar de evitar interrupciones. En la medida de lo posible adaptarse a sus horarios de estudio. Acompañarlos con “caprichos”, mimos, mensajes de calma, abrazos y momentos de complicidad.

Fuera del horario de estudio, hay que procurar que la EBAU no sea el único tema de conversación, para que pueda desconectar y relajarse mentalmente y recargar pilas.

Lo primero que debemos comprender es que un poco de estrés es importante para mejorar el rendimiento, obteniendo la mejor versión de uno mismo. Pero en exceso, pueden llevar a los estudiantes a tener niveles elevados de ansiedad, que generarán el efecto contrario al deseado, porque, aunque lleven bien preparadas las materias, esta emoción afectará a factores como la concentración y la memoria. Por lo tanto, hay que ayudarles a buscar el equilibrio entre el esfuerzo, la dedicación, el descanso y la desconexión.

Los nervios son muy traicioneros, y estos últimos día a los chicos con tanta tensión se les puede escapar un mal gesto, una respuesta impropia o protesta inadecuada. Sean flexibles y comprensivos, Es consecuencia de la irritabilidad, la susceptibilidad o mal humor, el insomnio, el agotamiento y malestar físico,  o la aparición de pensamientos negativos, como la huida o el miedo al fracaso y a quedarse en blanco o a que les pregunten algo que no se saben. No les pidamos ya mas, si llegan a este punto.

Es necesario evitar bebidas estimulantes, por el efecto negativo fisiológico que estas pueden tener. Es importante tener en cuenta que se juegan mucho en unos pocos días, y tienen que llegar en el mejor estado físico y mental posible.

Visitar la facultad en que se van a examinar, puede tranquilizarles, familiarizarse con el lugar, saber cómo tienen que ir hasta allí, evita ciertas ansiedades del día “D”. 

Y cuando llegue la fecha, la familia debe hacerse cargo de recordarles  llevar lo necesario, DNI, bolígrafos, algún alimento, tipo bombones de chocolate o caramelos, para poder ingerir entre prueba y prueba, mucha agua; y sobre todo regalarles altas dosis de confianza en sí mismo y el trabajo realizado.  Intentar que vayan al centro acompañados,  ponte a su disposición para acompañarle al examen. Trata de llegar con tiempo, para evitar ponerse más nervioso. No traten de pedirles que estén tranquilos. Simplemente se trata de ser comprensivos y acompañarlos en el proceso.  Nunca está de más desearles un poco de suerte, aunque si se ha hecho un buen trabajo, seguro que no la necesitan. Pero ese día, ni la suerte sobra. 

Es recomendable una alimentación rica en frutas y verduras, comidas ligeras, y mucha agua que reduzca el cansancio. Sin embargo, no son recomendables las bebidas energéticas o el café, ya que no sólo quitan el sueño, sino que son excitantes que pueden provocar más ansiedad,  lo que no es nada aconsejable. Por lo que insistiría en que nada de bebidas estimulantes; ni al contrario, relajantes, ansiolíticos, antidepresivos o betabloqueantes, a no ser  que estén pautados por el médico de familia o por el psiquiatra. Pero que se hayan tomado antes y sepamos cómo reacciona fisiológicamente nuestro cuerpo.

Durante los exámenes. Recuérdale tener a mano la documentación que debe presentar, además de los materiales que puede llevar a los exámenes. Importante llevar más de un bolígrafo por si falla. 

Pero cuidado, en ocasiones son los padres los que sufren más que los propios estudiantes y son numerosas las ocasiones que no pueden controlar esa ansiedad, por lo que se la transmiten a sus hijos. En esos casos, delegar en algún familiar que gestione mejor estas situaciones.  Porque lo más importante es que hagan sentirse seguro al estudiante. De esta forma bajará el nerviosismo.

  

 

 

 

 

 

 

 

La EBAU y no morir en el intento II: organización eficaz del tiempo de estudio

Con una organización realista de tu tiempo de estudio tendrás la mitad de la batalla ganada. El control y la planificación reduce significativamente la ansiedad y deja todas las energías disponibles para lo realmente importante: estudiar concentrados los contenidos para ir asimilando ordenadamente la información. Pero hay que ser disciplinado y esforzarse en cumplir los compromisos planificados.

La EBAU no es más que una una revisión de lo aprendido durante los dos años de Bachillerato y una de las claves para superarla es el repaso ordenado de los temas claves y una pulcra organización de la información que vas adquiriendo. Para ello, es imprescindible contar con una planificación detallada.

Seguir leyendo “La EBAU y no morir en el intento II: organización eficaz del tiempo de estudio”

La EBAU y no morir en el intento I: Dormir

En plena cuenta atrás para la Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad (EBAU), después de valorar los resultados finales, toca continuar en esa lucha que aparenta ser la más decisiva de nuestra vida. Pero nada más lejos de la realidad. Es solo un entrenamiento de lo que será la vida en el futuro.

Pero ya que vamos a afrontarlo, hagámoslo bien. Y aunque suene raro, empecemos por el descanso.

Regla N-1 del estudiante eficaz: Dormir bien.

«Dormir es la cadena de oro que une salud y cuerpo». Thomas Dekker-

Tener un buen día, estar de buen humor, l creatividad, la inspiración, la energía, la salud…Todo empieza por dormir bien. Suena a tópico. Pero lo más importante a tener en cuenta para que nuestro cuerpo, y en este caso, nuestro cerebro trabaje a pleno rendimiento.

Dormir es una función vital básica, esencial y necesaria para “recargar” la energía gastada durante el día. La falta de sueño continuada puede llegar a tener efectos perjudiciales sobre nuestro organismo a nivel físico, emocional y mental. Y afecta en gran medida a nuestra capacidad cognitiva.

Aunque nos parezca perder el tiempo por considerarse un periodo de inactividad, nos sorprendería la importancia que el sueño tiene en el estudio y el aprendizaje. Acapara la forma correcta de asimilar adecuadamente lo aprendido a largo plazo porque mientras dormimos suceden procesos fundamentales para nuestro correcto funcionamiento de las funciones ejecutivas. Y aquí la cuestión: cuando debemos repasar mucha cantidad de materia la memoria a largo plazo y la organización de la información es imprescindible.

El cerebro estructura la información registrada durante el día. Ayuda a limpiar la memoria a corto plazo para dejar espacio libre para más información. Además mejora la capacidad de atención, de creatividad y de organización de la información.

Dormir ayuda a recordar y asimilar mejor lo estudiado durante esta largas jornadas de estudio. Pero además, la otra clave importante es que tener un sueño reparador el día previo a las pruebas es fundamental porque estar descansado mejora nuestra capacidad en la toma de decisiones, las habilidades cognitivas verbales, espaciales, de razonamiento y numéricas; esencial de cara a afrontar un examen de esta categoría.

Muchos estudios sobre el tema han demostrado que durante las horas de sueño se crea un mayor número de conexiones neuronales. Por este motivo, a la hora de realizar una actividad cerebral intensa, somos más eficaces tras un sueño reparador.

Así que cuida con mimo la higiene del sueño, para un correcto descanso del cuerpo y la mente dedicándole entre 8 y 10 horas.

Evita los alimentos pesados, realizando cenas ligueras.

Intenta, dentro de lo posible, mantener una rutina a la hora de ir a la cama, con horarios regulares para no alterar el ciclo de sueño. Haciendo los mismos pasos siempre en un mismo orden y a una hora similar. Ya que esa rutina, a priori absurda, hará que tu cuerpo la entienda como la preparación al sueño. Lo que influirá en el ritmo circadiano y mandará al cerebro la indicación de generar melatonina de forma natural, para inducir el sueño.

Evita tomar cafeína, teina, taurina o bebidas estimulantes. Las infusiones relajantes y bebidas calientes, como la leche, suelen ejercer un efecto relajante, lo que predispone al cuerpo a ese mismo mensaje de preparación al sueño y generación de melatonina de forma natural.

Lo mismo ocurre con una buena ducha caliente, ya que relaja nuestros músculos y libera tensiones acumuladas a lo largo del día.

Evita hacer siestas muy largas. Sin embargo una siesta corta (de 20 o 30 minutos) puede aumentar los niveles de energía para estudiar durante la tarde.

Presta atención al lugar donde duermes, cuidando la temperatura en la habitación, que no haya ruido ambiental y el nivel de oscuridad sea el mayor posible. Ya que todo esto está relacionados con los ritmos circadianos tan importantes en el sueño. En caso de existir ruido a tu alrededor, infórmate sobre aplicaciones que generan “ruido blanco”.

Pero si hay una recomendación importante a tener en cuenta es que durante épocas intensas de estudio como estas, se deben dejar al margen todo tipo de pantallas y dispositivos electrónicos en la hora previa al sueño. Especialmente el día anterior a las pruebas y exámenes.

¡Dulces sueños !!! Descansa que mañana nos espera una apasionante jornada de estudio para dar lo mejor de ti.

¡Mucho ánimo!

Resultados finales y otras evaluaciones

Sin saber lo que decía el papel, porque nada de lo que venga ahí escrito me importa “lo suficiente”, quise felicitarte por tu trabajo, por tus ganas, por tu esfuerzo, por querer hacerlo bien a pesar de la pereza, la desgana o las dificultades. Especialmente por el coraje para superar dificultades cuando apenas estás empezando a aprender cómo es la vida.

Nunca jamás voy a compararte con el grupo, ni con la media, ni con hermanos, ni con amigos, ni con nadie… porque hace muchos años aprendí que tú, como cada uno de nosotros, eres único. Y lo que es único no puede ser comparable. Y quien intente hacerlo es porque no conoce el valor de lo genuino y único.

Por si no te lo digo lo suficiente, me siento orgullosa de ti, siempre, hagas lo que hagas. Te quiero aún cuando no compartimos opinión, o cuando alguno de nosotros dos se equivoca. Y de eso se trata: reclama siempre tu derecho a equivocarte cuando lo estés intentando. Que ninguna opinión o juicio de valor te detenga. Guardemos siempre las energías para todo aquello que nos oriente a convertirnos en alguien mejor.

Que tu objetivo nunca sea alcanzar o superar a las demás. Que siempre sea superarte a ti mismo. Incluso, cuando lo creas oportuno, reclama tu derecho a no ser perfecto. No tienes la obligación de ser lo que no quieres ser o lo que los demás esperan que sea. Defiende tu criterio. Escucha, reflexiona, cuestiona. Pero defiende tu criterio (pese a todo) si lo tienes claro…

Haz autocrítica, pero valora y respeta siempre tus talentos, tus principios. Recuerda que son únicos, tuyos y especiales. Así como único es tu ritmo para aprender lo que esté por venir. Respétalo, pero dedícate tiempo.

Me gusta verte crecer, me gusta verte cambiar, me gusta como te tomas la vida. Como aprendes. Te he visto caer y levantarte. Te he visto llorar y seguir. Conozco lo mejor y lo peor de ti y es por eso que me encantas. No puedo sentirme más orgullosa de ti.

Pero ten presente que todo eso nunca aparece en ningún papel. Y casi nadie se acuerda de decirlo en voz alta. Tan obvio parece que pasa sin importancia. Tan poca importancia que muchas veces puede ocurrir que ni tú mismo te enteres, porque nadie te lo dice. Y sé que necesitas oírlo para convencerte. Porque estás aprendiendo y te da seguridad escucharlo.

Espero estar siempre ahí para poder recordártelo cuando te surja la duda.

Ojalá consigamos convencernos algún día de que lo importante en la vida es el intento. Que el valor está en el proceso, en lo que nos proponemos, en las veces que volvemos a intentarlo ( cuando las cosas no salen a la primera). Porque ese talante en el proceso (que sí nos define) es lo único que dependerá de ti. Algún día aprenderás que los resultados finales, el éxito o la medalla a veces dependen de muchas más cosas. Así que no te centres en los resultados. Pon el horizonte donde quieras llegar, márcate tus propios objetivos y no dejes que nadie te detenga.

Así lo celebramos antes de saber las notas, porque en la vida nunca se obtiene tanto del resultado como de la satisfacción personal del proceso, de intentarlo, de sentir que se está alcanzando. El reconocimiento propio del esfuerzo dura más que el reconocimiento ajeno. Es el que nos hace perseverar.

Así que olvida el papel aunque te lluevan muchos sobresalientes. Ese papel no definirá jamás, en ningún sentido, ni quién eres, ni siquiera tu trabajo. Ni siquiera tu mérito. Ni de qué eres capaz.

Los méritos son tan abstractos que de momento, es imposible materializarlos en un papel. Conozco manos que trabajaron incansables y tardaron años en llegar al “suficiente”; y conozco notables y sobresalientes que no tienen ni una lágrima de esfuerzo detrás.

Una palabra no puede resumir un año entero de experiencias y evolución. Ese boletín no sabe de los verdaderos méritos. Esa palabra no lleva el peso de las dificultades que han llegado en el camino.

Ojalá llegue el día en que nos saquen a todos de un saco que nos compara, que nos etiqueta con un número, que nos mide a todos por igual.

Ojalá pueda vivir el día en que seamos capaces de escribir en ese papel lo que, de verdad, si has logrado, cómo lo has logrado y en qué te has superado. En lugar de ponerle un número que nos convierta en apto o no apto y te recuerde continuamente lo que todavía te queda por alcanzar. Siempre debe haber algo por alcanzar y un objetivo que proponerse. El sobresaliente en la vida real pocas veces existe. El resto de veces puede convertirse en humo.

Ojalá llegue el día en que no necesitemos presumir por las notas, como si eso nos hiciera mejores alumnos, mejores profesores o mejores padres. Ojalá caigamos en la cuenta de valorar lo que de verdad importa.

Que no sirva como oportunidad para enseñarles ya desde bien pequeños que podemos estar por encima de otros, o que no soy lo “suficiente”mente bueno como para llegar a la media.

Sueño con el día en que nos importe más qué estamos enseñado, qué clase de personas estamos modelando o qué sociedad estamos fomentando…

Y no es que quiera quitarle valor a tus sobresalientes. Ni que dejes de trabajar para lograrlos. Lo que quiero es que no pierdas de vista lo importante, aún cuando los tengas.

Sé que mi sueño es muy grande. Pero a pesar de que muchos digan que es imposible. Mírame. Aquí sigo soñando.

Y sueño con que mientras ese día llega, cada vez tengamos más sentido común para no darle a ese boletín más importancia de la tiene. Hasta entonces, me conformo con que tú me creas.

Pero incluso si no me crees, yo seguiré creyendo en ti.

Seguir sorprendiéndose

“Sorprenderse y maravillarse es comenzar a entender”, José Ortega y Gasset.

S.A.F.

Y zasca! A la mañana siguiente nos despertamos y ahí estaba esperándonos.

Más y más libélulas.

 

“Vivir es asombrarse de estar en el mundo, sentirse extraño, llenarse de angustia ante la contingencia de dejar de ser, comprender la constante probabilidad de extraviarse, la necesidad de hacer amigos entre nuestros con seres, la contingencia de que sean enemigos, y estar alerta a lo genuino y a lo espurreo, a la verdad y al error”

-Ramiro de Maeztu-

Transformación

 

img_9358.jpg
¡Gracias!

 ¿Tía, qué están haciendo ustedes?
-esperando a que pase una libélula.
¿Para qué?
-porque mi amiga no las conoce y quiere ver una…
Yo tengo un libro que tiene el dibujo de una libélula.
-la libélula del libro no sirve.
¿Por qué?
-porque ella quiere escribir un haiku *.
¿Qué es haiku?
-es esperar que pase una libélula.

-Del muro de Nélida Cañas-

460d8108-f134-48c7-821e-15da3af635d6

 

Si estas palabras han llegado hasta ti, tengo la sospecha de que esta vez no será una casualidad. Te pediré que tengas un poco de paciencia, algo de curiosidad y que continúes leyendo para que llegues hasta el final y lo descubras.

Todo empezó cuando Alvin murió. No fui capaz de despedirla como merecía porque ¡cómo cuesta decir adiós!  Cómo cuesta poner un punto y final a las historias. Por apego o porque nos aferramos sin tregua a aquello que queremos, a lo que forma parte de nuestro camino, nuestro equipaje, nuestro álbum de fotografías. Lo cierto es que tanto a la pena, como al amor, al dolor o al miedo cuesta mucho encontrarles las palabras correctas. O al menos aquellas que se le parezcan.

Pero tratándose de ella, conociéndola tanto como la conozco y habiendo mirado soñadora tantas veces a las estrellas, tenía la certeza que había partido de esta vida con una bendición. Y esa bendición ahora formaba parte de mí. Había depositado en mis manos la admiración, la fantasía, la perseverancia, la lucha, lo esencial, las entrañas y unas pisadas en un suelo blanco y rojo que, después de todo, seguirán en este mundo cada vez que yo le dé continuidad en su nombre y con su ejemplo. Por algo será que nos cuesta tanto decir adiós.

Porque llevó siempre consigo unas enormes ganas de vivir, como si no hubiera un mañana. Quizá porque a menudo era consciente de que el mañana no depende nunca de nosotros. Y sabía reconocer qué era importante y cuándo era importante. No creía en la celebración de los momentos especiales. Ella era capaz de hacer de cada día un momento para celebrar.

Es justo por eso que siento que no puedo hacerle esto. No puedo aferrarme a un pasado que ya no existe. No puedo dudar a la hora de decirle adiós, su barquito de papel no puede quedar varado por más tiempo; y ahora toca esperar a que un día vuelva a ver “batir sus alas”. Porque ha llegado el momento de la transformación.

Las que fueron siempre sus ganas de vivir no permiten más tiempo de espera, ni más tristeza; uno tiene casi la obligación de seguir viviendo con sus mismas ganas. Se lo debo. Espero que sepa perdonarme el tiempo que he tardado en darme cuenta. 

“Mi cazador de libélulas,¿hasta dónde se me habría extraviado hoy?” -Haga no Chiyo-

Tan importante fue para mí, que es mi única intención conseguir despedirme con la misma alegría y con el mismo cariño con los que compartí sus días más felices. Y aunque me cueste la misma vida las despedidas, hace 16 años aprendí una importante lección para comprender, sin más, el verdadero significado de despedir a alguien, de poner un punto y final o pasar página en algún episodio de la vida.

Y no he encontrado, hasta hoy, mejor ocasión para compartirlo:

 “En el fondo de un viejo estanque vivía un grupo de larvas que no comprendían por qué cuando alguna de ellas ascendía por los largos tallos de lirio hasta la superficie del agua, nunca más volvía a descender donde ellas estaban.

Se prometieron unas a otras que la próxima de ellas que subiera hasta la superficie, volvería para decirles a las demás lo que le había ocurrido.

Poco después, una de dichas larvas sintió un deseo irresistible de ascender hasta la superficie.

Comenzó a caminar hacia arriba por uno de los finos tallos verticales y cuando finalmente estuvo fuera se puso a descansar sobre una hoja de lirio. Entonces experimentó una transformación magnífica que la convirtió en una hermosa libélula con unas alas bellísimas.

Trató de cumplir su promesa, pero fue en vano. Volando de un extremo al otro de la charca podía ver a sus amigas sobre el fondo. Pero sus amigas no podían verla a ella.

Comprendió que incluso si ellas a su vez hubieran podido verla, nunca habrían reconocido en esta criatura radiante a una de sus compañeras”

Del libro «Cuentos para crecer y curar» de Michel Dufour


La moraleja no puede ser más simple: que después de esa transformación que llamamos muerte, despedida o final no podamos volver a ver a nuestros seres queridos, ni comunicarnos con ellos, no significa que hayan dejado de existir en nuestra vida, ni mucho menos que hayamos dejado de quererlos … El amor sencillamente se transforma.

«LA MUERTE, NO ES MÁS QUE UN CAMBIO DE MISIÓN». (León Tolstoi)

Quien sabe de lo que hablo, quien ha visto una libélula, o sueña con verla y reconocerla, ha entendido una forma superior de amar. Un amor incondicional que continúa aunque no puedas ver, aunque no puedas tocar, oler o escuchar. 

Es el amor que permanece pese a todo. El amor que empaña nuestra mirada de nostálgica alegría al recordar los aprendizajes que merecen la pena, que sobreviven al tiempo y al espacio físico.

Quien ha pasado el duelo y lo ha vivido sabe bien de qué hablo y estará de acuerdo conmigo en que no hay palabras que lo expliquen, pero esa transformación es un sentimiento oceánico, cumbre, privilegiado.

Así que cuando veas una libélula rondar tu vera, no intentes capturarla o perseguirla, es un hada de alma libre, alguien que intenta cumplir su promesa con algún ser querido que seguramente lo estará echando de menos.  

Contempla serenamente su vuelo y déjala partir.

Cuenta la leyenda que al principio de los tiempos, cuando apenas se habitaba la Tierra, las almas se transformaban en hadas para ayudar a sus seres queridos con sus labores diarias con magia. Para no tener que partir. Pero tenían prohibido establecer vínculos para no alterar el orden de la naturaleza. Sin embargo, como Eva en el paraíso, algunas hadas desobedecieron, siendo castigadas convertidas en libélulas sin la posibilidad de hablar, aunque seguían leyendo los pensamientos, mantenían la intuición, la belleza y la magia para conceder sueños y deseos.

Años más tarde se les ofreció volver a su forma original pero ellas no quisieron renunciar a su cuerpecillo de libélula, sintiéndose mucho más libres de apegos.  Y vivieron para siempre así.

Y hoy en día nos recuerdan que en un lugar en donde hubo dolor, nació algo mágico y bello. Pensamientos que ayudan a sanar emocionalmente las heridas de la nostalgia.  Y lejos de misticismos en los que cada uno decide si creer o no, el baile de las libélulas con el viento es una lección que aprender. ¿Cómo de rápido somos capaces de adaptarnos a las circunstancias de cambio que nos propone la vida? Paciencia, resiliencia y constancia.

¿Debemos aferrarnos a la forma en la que esperamos que sean las cosas o estamos dispuestos para vivir tal cual acontece la vida?

Seamos capaces de adaptarnos, aprendamos a ser flexibles y a continuar con la nostalgia como parte de la vida.

La magia no existe porque nadie cree en ella. Pero cuando necesitas creer en la magia para que las personas que son parte de ti no se vayan del todo, la magia de las libélulas  no defrauda.

Recuerda que el amor de quien partió se transforma, no muere, pervive en alguien especial para ti que lleva su esencia. Y si has llegado hasta aquí, tanto si has visto alguna vez “tú libélula”, rondando tu ventana como si no, ha llegado el momento de sorprenderte.

Siempre habrá alguien dispuesto a alzar el vuelo de una libélula en tu vida. Hay una para ti. Deseo que la encuentres y puedas escribir tu propio *haiku.

 

IMG_9405

Pincha para ver tu libélula

Volar… con libélulas que vuelan conmigo

Sabes que tengo miedo a la oscuridad. Aunque no haya nada que me guste más que estar a solas. Porque cuento con tu luz. Porque a pesar de mis profundos miedos has iluminado el pasillo. Y me acompañas aún cuando estoy en pijama.

“Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso” – Jose Luis Borges-

Miedo a no sentirme querida. Aunque haya algo, desconocido, incluso cuando me equivoco; pero siempre oigo una voz que me dice que tengo derecho a torcerme en la vida.

Miedo a no tener oportunidad de volver atrás, cuando en realidad prefiero mirar al frente, pase lo que pase.

Hoy he descubierto que a pesar del pasado, que existe y procuro tenerlo en cuenta, hay un presente que ha conseguido hacerme ilusión, que mantuvo la esperanza… esa que nunca perdí, por muy fea que se pusieran las cosas. Seguir leyendo “Volar… con libélulas que vuelan conmigo”