Sin ponerle palabras

¡La hemos vuelto a hallar!
– ¿Qué ?- – La Eternidad.
Es la mar mezclada con el sol.
Alma mía eterna, cumple tu promesa
pese a la noche solitaria
y al día en fuego.
Pues tú te desprendes
de los asuntos humanos,
¡De los simples impulsos!
Vuelas según..
Nunca la esperanza,
no hay oriente.
Ciencia y paciencia.
El suplicio es seguro.
Ya no hay mañana,
brasas de satén,
vuestro ardor es el deber.
¡La hemos vuelto a hallar!
– ¿Qué ?- – La Eternidad.
Es la mar mezclada con el sol.
Arthur Rimbaud (Versión de Umberto Toso)

 

– Tú que me conoces más allá de las apariencias, ¿cómo hago para aliviar este dolor al que no soy capaz de ponerle palabras?

– Deja de buscarlas, las palabras y las explicaciones. Deja de pensar. Deja de darle vueltas a qué pudiste hacer mal. Deja de imaginar que las cosas podían haber sido diferentes. Deja de castigarte por todo lo que podías haber hecho mejor y no hiciste. Deja de pensar “y si…”

A ese dolor se le hace frente con las manos, con los pies; con aromas, con sabores, con sonidos; con los sentidos, con fuerza, con cariño, con devoción. Con lo que quieras, pero nunca lo dejes en manos de tu mente, se enquistará. Dolerá mucho más. Será el propio drama lo que te lleve a idealizar tu propio dolor. Y estarás perdido. 

En cambio si acaricias el dolor con tus manos, si lo acunas tejiendo con dos agujas, si lo calmas cocinando para los demás, horneando pasteles, pintando, haciendo lettering, jugando, bailando, plantando, ordenando hasta el último rincón, regalando, sorprendiendo, nadando, caminando o corriendo, tu alma florece como las semillas que has plantado, avanzará como los kilómetros recorridos, alimentará el alma como las recetas que has compartido; y el dolor poco a poco irá entendiendo que es momento de alejarse. Y antes de lo que crees, te dejará respirar.

 

_¿Las manos son realmente tan importantes___Sí, hijo_a mío_a. Piensa en los bebés_ comienzan a conocer el mundo, gracias al toque de sus pequeñas manos. Si miras las manos de los viejos, te cuentan más sobre su vida (1)
“Abuela, ¿cómo se afronta el dolor?”, Bernabé Tierno

Cocinamos recetas de todas la vida y, entre risas, quemamos pasteles en el horno. Ordenamos alacenas, armarios y cajones, viajando en el baul de los recuerdos. Así es como recopilamos hilos, lazos, enhebradores y alfileres. Como volamos por miles de fotos.

23102c02-5c5c-41c7-819f-cf839fd3171a.jpg
“Un mismo sol y millones de amaneceres por descubrir”

Le dimos color a las paredes. Miramos a través de los cristales que enseñan nuevos amaneceres. Incluso escuchamos pajarillos en la ventana y bocinas de barcos pidiendo permiso. Brindamos con bodegas enteras. Testigos de como se mezclaron las enseñanzas de antes con el futuro. Como se bailaron partituras enteras, cantando letras de toda una vida. Horas y horas de confidencias donde nadie se atrevió a juzgar. Donde se enseña y se aprende, a la vez, a perdonarse a uno misma.

Así fue como fue sanando su dolor. Y , sin darme cuenta, iba sanando el mío. El de ella. El de ellas. El nuestro.

Mientras caminaba, acompañabas los pasos de otros. Pedaleabas con fuerza, contando los minutos del otro. Poniendo su dolor en tu mano y soltando las penas al mar. Mientras corrían sus urgencias, atendías las ajenas. Con tu vino, con su queso, con espacio, con mi pan… pasábamos las horas sin prisas en el portal.

image.jpg
“Ningún amanecer nos encuentra allí dónde nos sorprendió el ocaso” (Khalil Gibran)

Sin esfuerzos. Sin planes. Sin propósitos. Sin pasados. Ni futuros. Sin agobios. Sin horas. Sólo con las manos. Con las suyas. Con las nuestras, fue como fuimos sanando su dolor. Y fue sanando el mío. Ordenando cajones, arrasando basura, leyendo páginas sin fin.

Ordenando recuerdos, arrasando sentimientos, corriendo kilómetros sin fin.

Ordenando, descansando, creando y dando paso se fue sanando aquello a lo que no era capaz de ponerle palabras. Y sin darnos cuenta, amaneció.

img_8765
“La fe es el pájaro que canta cuando el amanecer todavía es oscuro” (Tagore)

img_7320.jpg

 

 

Autoestima

 

“Hay demasiadas personas que sobrevaloran lo que no son 

y subestiman lo que son”.

(Malcolm Forbes)

Hoy tocaba examen de matemáticas y mientras se repartían las hojas, Paloma ha pensado en voz alta:- “no sé para qué lo hago, si seguro que voy a suspender”. 

Un ocasión ideal para explicar la importancia de confiar en nosotros mismos, si queremos afrontar (poco a poco) esas dificultades con una actitud  de iniciativa. Proactividad en lugar del lamento. 

– “Puede que suspendas, no lo sabemos. Pero no es lo mismo que suspendas con un 1 a que suspendas con un 4. Con un 4 hoy, estás más cerca de un aprobado la próxima vez. Así que ni siquiera te voy a pedir que hagas el examen creyendo que puedes aprobar. Sin embargo, sí te voy a pedir que lo hagas con todas las ganas que encuentres dentro de ti para sacar la mejor nota posible, aunque suspendas. Con eso me sentiré tremendamente orgullosa de ti

Paloma sonrió conforme y me contestó: – “Poner ganas sí sé hacerlo”. Y comenzó a responder el examen. Seguir leyendo “Autoestima”

El síndrome de Lucio

“La palabra ‘elección‘ es un fraude

mientras la gente elija sólo lo que le han enseñado a elegir” 

Idries Shah

Seguro que mientras leas esto pensarás en lo obvio de esta situación y la poca relevancia que tiene sobre nuestra vida. Pero pregúntate antes de empezar a leer cuantas cosas no haces porque piensas que “no se te da”, cuántas te limitas o te castigas por miedos, complejos o inseguridades aprendidas. Cuantos “NO” has pronunciado a los demás (y a ti mismo) porque en alguna ocasión anterior las cosas no salieron bien. Seguir leyendo “El síndrome de Lucio”

Penitencia

No hay mejor ciencia, que paciencia y penitencia”

 

Nunca escuchó un reproche tan tajante y categórico en su discurso. Nunca llegó jamás un sonido tan amenazante a sus oídos. Aquella frase se grabó en su memoria como fuego, como un mal presagio. El martilleo tañó durante meses en el silencio de su pensamiento: “su vida sería su propia penitencia”. 

Aquella sentencia sonó a un castigo mayor, desproporcionado, que le perseguiría hasta Dios sabe cuándo. Que al mismo tiempo sentía no merecer.

O puede que sí. Y sintió un miedo atroz. Mezclado con el dolor de su conciencia. Como si esa penitencia no llevara ya arrastrándola la vida entera.

Maldita conciencia cuando funciona bien.  ¿O bendita conciencia?

El presagio se cumplió. Su vida se convirtió en su propia penitencia. Pero quién dijo que no se pudiera disfrutar de esa bendita penitencia. 

Lo que daba miedo fue su soberbia en esa acusación tan directa. De alguien que sólo intenta hacer daño. Porque ni el amor ni el odio de verdad pueden expresarse con palabras, y menos en una sola frase.

Se cae en la intención de hacer daño con frases letales cuando ya no queda ni el suficiente amor para el respeto. Cuando ya se había contagiado del exceso de soberbia por el poder durante un breve espacio de tiempo. 

La vida te hace caer en la misma piedra hasta que aprendes. Curiosa fue su sorpresa al descubrir que ella sí había aprendido. Aunque fuera con años de retraso. Hasta volver al lugar donde 10 años atrás tuvo que soportar las más duras penitencias. Y miró donde siempre había mirado para ver cosas que nunca había visto.

“Pero si algo habían aprendido juntos era que la sabiduría nos llega cuando ya no sirve para nada” (Gabriel García Márquez, El amor en los tiempos del cólera)

Nunca una penitencia había llegado en tan oportuno momento. Porque, querido rey de la perfección, la penitencia llega impuesta desde el escalón de un error más grave: el juicio. 

¿Quién será, pues, capaz de enjuiciar? Desde la humildad y la absoluta falta de soberbia se juzgan y se asumen solo los propios errores; esos que no nos permiten juzgar a los demás. Quizá sirvan para hacernos entender que los errores se cometen por alguna razón. A veces por miedo, por inseguridad,… Vete tú a saber.

Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos. Sólo son errores de aquellos que intentan aprender en el camino. De los imperfectos. De los que viven. De los que se atreven. Lecciones que permiten comprender cuánto nos queda todavía por aprender. Cuánto por crecer. Y son precisamente los errores más graves los que crean empatía con los tropiezos de los demás.

Así que por esta vez su penitencia consistirá en guardar el dedo acusador en el bolsillo para no enjuiciar a los demás, ni siquiera a uno mismo. Para escuchar, comprender y apoyar al que se tropieza igual que nosotros. Para entender, para ver desde otro punto de vista. Para aprender a perdonar a los demás. Para asumir y seguir. Porque nunca debemos escupir hacia arriba. 

Gracias por el regalo de la penitencia que tu dedo acusador dejó en sus manos.

Aprender de ti

Aprende a mirar lo que ya miraste y trata de ver lo que no viste”

Saturnino De la Torre
Elaborado por Marta J.G.

Intento aprender de ti. A veces para saber lo que sí debe ser. A veces para elegir lo que no quiero más.

El camino ha podido ser largo. Los tropiezos habrán abundado. El dolor nos habrá visitado. Y sin embargo, mírate, aquí seguimos. Más que nunca, “viento en popa, a toda vela”.

Y pienso. El día ha tenido pocas horas y demasiados encargos. Ha sido largo. Cansado. Pero adoro ese cansancio que me ha dado un día que de sobra sé que perdurará ya para siempre en la memoria. La vida te da grandes regalos y a veces los vemos pasar sin darnos cuenta. Pero hoy no.

Podrán pasar vientos y tornados, que ese recuerdo ya será para mí. Incluso cuando tengan que llegar los trapos del olvido. Esa será una de mis suertes. Soy afortunada.

Porque a pesar de todo, en cada momento del día, cada día, recuerdo la suerte de tenerte aquí. Porque te veo sonreír. Porque conozco cada huella que caminas, cada enojo que te afrenta, cada laberinto en tu cabeza. Pero también conozco mejor que nadie la forma en la que hacerte feliz. Y aún así, a pesar de tus cuestas y pendientes, tus quejas y lamentos, sigue siendo una suerte acostarme cada noche sabiendo que, un día más, sigues aquí. Con el valor que tiene precisamente hoy en día.

Intento aprovechar para aprender de ti. Las mañas al fuego, los olores y recetas de toda una vida, los trucos de la abuela, los hilvanes y retales, los recovecos del pasado. Herencia que ya queda por siempre para mí. Intento aprender y agarrar este momento, la forma de hacerlo perdurar cuando ya no estés aquí.

Intento aprovechar para aprender de ti. De la vida. Cada día. Yo que quizá nunca he sido de escarmentar en cabezas ajenas. Aprendiendo a cometer errores y remontar, como en otro tiempo te vi hacerlo a ti. Y agradecer mientras pueda el ejemplo que la vida me pone delante. Para bien o para mal, lo que soy es por culpa o gracias a ti.

Intento aprender, te lo prometo. Y sé que a veces incluso llegas a reconocerte en mí. Aunque nunca lo digas, sabes que a veces es así.

Intento aprender de la vida que estos días, más visible que nunca, corre apresurada sin pedir permiso. Sin pedir perdón. Donde nada tiene valor, más que los que siguen y continúan aquí. Donde un abrazo se convierte en un lujo. Donde tener a tu madre o a tu padre en casa, es el mayor poder.

Yo que camino ya coja de un pie… que sé lo que es perder y despedir, agradezco a la vida las horas, los días, las semanas que me permiten disfrutar de las personas que quiero. La calma para escuchar a mis pequeñas almas sonreír. Para poder sentirme cerca de los miedos que estén por llegar, para consolar las peleas mentales (casi siempre contra nosotros mismos), para abrigar las ansiedades y el frío de las personas que son importantes para mí. Siempre intenté, aprendiendo de ti, de ti, y también de ti, dar a los demás lo mejor de mí misma.

Pero lo que verdaderamente es una suerte es poder decirte todo esto ahora que… todavía estamos a tiempo.

¡Feliz 75 cumpleaños, mamá!

Principitos, rosas y dragones

“…la locura de mi vida es hacer leyenda contigo”

a420f8f0-6a8c-4ced-8223-04c5cc721c7d-1

“Viví así, sólo, sin nadie con quien hablar verdaderamente, hasta que tuve una avería en el desierto, hace seis años. Algo se había roto en mi motor. Y como no tenía conmigo ni canijo ni pasajeros, me dispuse a realizar, solo, una reparación difícil. Era, para mí, cuestión de vida o muerte. Tenía agua apenas para ocho días…”

“…Lo hermoso del desierto es que en cualquier parte esconde un pozo…”

“…Siempre he amado el desierto. Puede uno sentarse sobre un médano de arena. No se ve nada. No se oye nada. Y, sin embargo, algo resplandece en el silencio…”

“…Será necesario que soporte dos o tres orugas si quiero conocer las mariposas; creo que son muy hermosas. Si no ¿quién vendrá a visitarme? Tú estarás muy lejos. En cuanto a las fieras, no las temo: yo tengo mis garras…”

Antoine de Saint- Exupéry. El Principito.

Indicaciones: por favor, abre tu corazón y lee entre líneas para adivinar, un poquito más allá de lo evidente,  tu “cachito” en este texto. Recuerda que “Solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”.

Casi en el desierto, pero con la suerte de tanta gente con la que hablar. En un momento existencial de incertidumbre, con sus luces y  algunas sombras, de  rapidísimas subidas y bajadas, donde un día sentimos ganas de llorar y al día siguiente, sin saber ni cómo, conseguimos venirnos arriba, existen personas que hacen de fanal, te protegen y te llenan de una cercanía familiar. Se trata de auténtica pasión por lo que hacemos, pero también pasión por aquellos por quien lo hacemos… y lo que casi siempre olvidamos, pasión por aquellos que lo hacen posible.

img_6856

“Pero las semillas son invisibles. Duermen en el secreto de la tierra hasta que a una de ellas se le ocurre despertarse”… Antoine de Saint- Exupéry. El Principito.

img_6861Así es como despiertas un día con toneladas de sorpresas, momentos especiales y  detalles cargados de significado. Y coincide con el 23 de abril, el Día del Libro, la Diada de Sant Jordi, el Día de Aragón, el Día de la Lengua Inglesa en las Naciones Unidas y mil cosas más, como celebrar San Jorge,  San Adalberto de Praga, San Eulogio, San Gerardo de Toul, San Marolo de Milán, Beato Egidio de Asís, Beata Elena Valentini, Beata María Gabriela Sagheddu,Beata Teresa María de la Cruz Menetti… Felicidades a todos los que celebran su onomástica hoy. Todo en un día que, como cada año, vuelve a estar perfumado de un libro. No cualquier libro. El libro.

El 23 de abril es un día simbólico para la literatura mundial ya que ese día en 1616 fallecieron Miguel de Cervantes, William Shakespeare y Garcilaso de la Vega. La fecha coincide, además, con el nacimiento o la muerte de otros autores prominentes como Maurice Druon, Haldor K. Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla y Manuel Mejía Vallejo. Era una elección natural que la Conferencia General de la UNESCO, celebrada en París en 1995, rindiera un homenaje universal tanto a los libros como a los autores, estableciendo el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, así como el Premio UNESCO de de literatura infantil y juvenil en pro de la tolerancia.

img_6836Por otra parte, curiosamente Jorge, procedente del griego Georgos, significa ‘el hombre jardinero’. No es casualidad que en Cataluña la tradición manda regalar una rosa y un libro. También este santo se celebra en el Día de Aragón, (aprovecho para enviar un cariñoso abrazo a mis maños favoritos) debido a las apariciones milagrosas que San Jorge realizó en numerosas batallas en las que ayudó a los cristianos a llevarse la victoria. El resto de lo que ha llegado hasta nuestros días son preciosas fábulas y leyendas que se crearon en torno a este día. En occidente, la más popular es la de la historia de San Jorge y el dragón, recogida en La leyenda dorada. En ella se cuenta cómo mató a este ser mitológico para salvar a una princesa.

Una rosa, elemento común que tiene el día de hoy y la historia de nuestro particular libro.  Un libro que me parece auténtica magia, porque aún cuando lo he leído más de un centenar de veces, que a pesar de su corto número de páginas y de que me parezca que conozco sus frases de memoria, cada vez que lo leo de nuevo descubro un nuevo mensaje en sus líneas. Un libro que siempre da respuestas, da igual el momento. Un libro que se entiende diferente si lo lees con un niño o con un adulto. Un libro único. El libro.

“…Las flores son débiles. Son ingenuas. Se defienden como pueden y las espinas son su defensa…”

“…Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante…”

Antoine de Saint- Exupéry. El Principito.

 

Por lo que entre libros, Jorges, espigas, rosas, fanales, princesas, principitos, asteroides, jardineros y dragones transcurre el día, el tiempo y las leyendas. Rodeada de sueños, pasiones y apasionados soñadores. Soñadores que a veces vienen en forma de profesores y de alumnos. Tremendamente orgullosa de ellos (de mis compis y de mis principitos), de sus rosas y hasta de mis feroces dragones. Ellos lo saben. Procuro no perder la oportunidad para decirlo.  “Estar con” ellos y “ser de” ellos.

Tal como son, como el fanal que cuida de la rosa del principito, del dragón que protege el castillo de la princesa. La rosa que alegra los días, como el regalo con el que nos sorprendieron esta mañana por el Día del Libro.

“Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer”

 

*Precioso trabajo elaborado por Anwar (el más leal amigo del Principito), Batis, Tere, Sandra, Mónica y los alumnos de 1º de ESO,  para celebrar el día del libro.

Así es como la tradición hoy cambia, para convertir a las princesas de la diada de Sant Jordi en Principitos. Al dragón, en el mejor amigo, aquel que espanta los miedos, quien arrasa lo malo a fuego. Una rosa que llega al alba para despertar ilusiones. Para recordar que siempre hay leyendas por crear. Que las espinas no siempre duelen. Y lágrimas de alegría que limpian confusiones, dando paso a todo lo que está por llegar. Nuevas aventuras por vivir… hasta el 23 de abril del año que viene. Celebres lo que celebres hoy, ¡feliz día, feliz vida!

“Es muy triste olvidar a un amigo. No todos han tenido un amigo”

Antoine de Saint- Exupéry. El Principito.

Pd: Gracias a Anwar, Daniel, Mar, Iago, Rocío, Lucía, Aitana, Luis, Ale, Marta, Pablo, Carlos, Laura y a los alumnos de 1º de ESO.

Costuritas en un alma rota

“Los ángeles custodian las puertas del cielo”

Una semana y sigue sin haber palabras que expliquen, que acallen o calmen. No existen palabras de despedida. Porque nunca te despides de alguien a quien has amado, que ha sido tu vida. Tu raíz, tu sostén, tu talle, tu riego. No te sueltas jamás de la mirada de quien te conoce bien, de la escucha atenta de quien sabe lo que piensas con solo mirarte. Quien conoce en milímetros tus defectos, y aún así te ama incondicionalmente con todos ellos. De donde eres y te sabes bien amado.

No es posible desprenderse. No se puede decir “hasta siempre” a una vida. El amor de verdad es así. Incondicional, eterno. Perdura a pesar del tiempo, la distancia y la ausencia.

Lo sé bien. Te resistes. Después de un tiempo te resignas. Continúas. Pero nunca sueltas del todo. Aunque pase una vida entera. Jamás dejas ir.

Aprendes. Te acostumbras. Prosigues. Son apariencias, porque una parte de ti nunca vuelve a ser la misma. Quien continúa el viaje aquí, en la tierra, aprende sin más remedio (y sin ganas) una forma diferente de amar. Y sin darte ni cuenta prosigues, paso a paso, esfuerzo tras esfuerzo. Llanto a llanto. Fotografía a fotografía.

La vida sigue por ella. Intentas ser feliz por ella. Te convences de seguir haciendo por ella. Y te juro que no es casualidad. Te lo juro. En su partida te deja las herramientas para que todo salga bien. Desde otro lado del camino, se asegura de que no te arrastre la marea. Vela para que tu alma no se rompa del todo.

Te inspira. Te regala los hilos para poder ir remendando poco a poco las heridas de tu alma rota. Ten fe. Sé de sobra que si se cose con cariño, las costuritas en el alma llegan a ser hermosas. Entre agujas y alfileres, se aprende una hermosa forma de amar. El amor persistente. El amor que se basa solo en la fe de saber que ella te acompaña en el pespunte bien cosido de la vida. Se convierte en el motor, en ese pedal de una máquina de coser antigua que crea sueños y recorre costuras de una vida futura, punteando los pasos que ella se encargó de enseñarte.

No hay palabras que expliquen ese amor. No se entiende. No se toca, ni se ve. Solo se siente. Una forma tan bonita de amar, que se dibuja en un hilván con el que se consigue el consuelo imposible. Y alcanzarás por fin el sentido, la calma, la paz. Y algo más… que descubrirás por ti mismo.

E hilvanas. De hilo y vano. De amor, nostalgia y vacío.

Hilvanas. En una costura de puntadas largas con que se une y se prepara lo que se ha de coser después. Con el tiempo, cuando estés preparado. Da espacio a ese tiempo. Se paciente. Su amor (y tu fe) coserá lenta y minuciosamente el alma que ahora sientes rota.

Se zurce a base de recuerdos, el patrón de confección de tu alma. Lo que has aprendido desde niño. Su huella. Retales como comprobantes de lo que hemos sido capaces de vivir, vivir amando. Y en medio de tanto remiendo, aprendes que el dolor es el precio que se paga por los momentos felices que atesoramos en nuestra memoria. Es el precio que nos pone la vida por tener un amor de verdad: el de una madre. El de tu madre.

Y sé. Sé bien que es más difícil aún si hay largas costuras de devoción profunda. De admiración, veneración y orgullo. La misma adoración incalculable día a día. El amor mutuo por todos los suyos.

Su mayor herencia la deja precisamente en lo que ha sido. Por lo aportado con su ejemplo. Por lo vivido. Por lo enseñado. Por lo aprendido. Por las confidencias como solo con ella era posible. Por el amor que te brindó. Por su amor desmedido por la vida.

Esa es la riqueza que precisa urgente el alma, cuando llega la inevitable, pero imposible despedida. La que parece que no da tregua, ni esperanzas ni márgenes de espera. La despedida eterna que ya te aseguro que nunca llegará.

A esas riquezas acudimos con esperanzas nuevas cuando pasan las nieblas y los días. Y seguimos hilvanando, haciendo pespuntes y aprendiendo a coser costuras torcidas, con botones y tesoros que se amontonan en forma de tantos y tantos recuerdos vitales. Esos viajes en la memoria… que a veces nos angustian, a veces nos hacen sonreír entre lágrimas. Y otras, incluso, nos alivian los desgarros silenciosos de un alma que ahora parece que nunca llegará a curarse del todo.

Así que, capitana de un barco de fuertes mareas bravas y agitadas, aglutinante incansable de tu tripulación, jabata, luchadora, valiente, costurera de una vida de parches, maestra de tizas y lienzos, sobrehíla el alma hecha jirones de aquellos que te lloran y te echan en falta. Deja tela e hilo para coser vida nueva, en la que estés presente, y lana para tejer el vacío que dejas.

A ti, esposa, madre, abuela, hermana y amiga, buen viaje hacia la paz que tanto mereces. Un descanso ganado en cada una de tus batallas. Perdona por no saber, poder o querer despedirte del todo.

Con jaboncillo, cinta métrica, aguja, dedal e hilo se seguirá cosiendo la vida con tu ejemplo. Con el respeto, la admiración, la prudencia, la paciencia y el amor que siempre llevabas en tu costurero. Ojalá dejes en esta vida tu mirada atenta de reojo, tu escucha en silencio, siempre empezada por un “qué” disimulado. Tu comprensión infinita. Tu perdón por adelantado.

Tan bien lo hiciste en esta vida que no es posible que tu ausencia deje vacíos que aprieten, que duelan. Esos vacíos se curarán. Tus regalos vitales los llenarán de amor, a base de momentos cosidos a mano.

Disfruta de un viaje en la calma, sin prisas, sin equipaje. Disfruta del paisaje, de tu obra creada a base de esfuerzo. Tu equipaje se queda aquí, entre los tuyos. Para que ellos lo disfruten, para que no te vayas del todo, para que caminen con tu ejemplo de superación, tu espíritu de lucha, tu cariño infinito, tus enseñanzas en silencio, tu escucha, tu mirada, tu cercanía y tus instrucciones, como legado de todo lo que fuiste. Y de todo lo que eres. Con el tiempo, llegará el consuelo.

No existen palabras bonitas para despedirte. No hay despedidas. Sí sentimientos hermosos y recuerdos alegres cosidos a un alma rota. Nos abrigaremos el alma, abotonada con el amor más noble que existe.

Toma su corazón. Lo dejó ella ahí para ti. Que no te despiste, que siempre, siempre, siempre, detrás del dolor solo hay un regalo: EL AMOR.

 

“Cuando mires al cielo, por la noche, como yo habitaré en una de ellas, como yo reiré en una de ellas, será para ti como si rieran todas las estrellas. Tú y solo tú tendrás estrellas que saben reír”.

Antoine de Saint- Exupery. El Principito.

Mucho papel higiénico

En esta ocasión, agradecemos el trabajo realizado con las manitas de María, Carlos, Patxi, David, Pablo, Ale, Marta y Laura. ¡Gracias mil!

Seguir leyendo “Mucho papel higiénico”

Papelitos y papiroflexia

Gracias a Helena, Lucía, Juan, Javi, Alberto, Fernando, Carlos, Laura y a los dos Pablos. Que se han puesto manos a la obra, sin dudarlo.

Dobla aquí, dobla allá, marca bien, desdobla, lleva una esquina a la siguiente y … ¡Listo!

Cada vez que veo una figurita de papel no puedo evitar acordarme de Fernando, quien a sus ochos años consiguió acaparar toda mi curiosidad. No conozco niño al que le guste más crear bonitas obras en papel. Para muestra un botón:

Lo que Fernando no sabe es la cantidad habilidades que se entrenan cada vez que uno hace ( o lo intenta) un pequeño paso de papiroflexia.

Seguir leyendo “Papelitos y papiroflexia”

Pensamiento lateral

A Juan se le cayó un anillo dentro de una taza llena de café,

pero el anillo no se mojó. ¿Cómo puede ser?

Realizado por L. V. J.

En estos tiempos en los que tenemos que adaptarnos a nuevas formas de afrontar el día, es una buena oportunidad para probar otras alternativas de aprendizaje y de entrenamiento cognitivo. Es el momento perfecto para ver las cosas de otro modo.

El aburrimiento es la excusa perfecta para entrenarnos en el pensamiento lateral. Veamos porqué.

El pensamiento lateral es la forma alternativa de resolver situaciones o problemas de la vida cotidiana de una forma creativa, abandonando el pensamiento lógico y racional que acostumbramos a premiar en las escuelas. Es un modo diferente de utilizar tu mente.

Seguir leyendo “Pensamiento lateral”