Nada… en lontananza.

“Nada se va hasta que nos haya enseñado lo que necesitamos saber” -Pema Chödrön-

En cada historia hablaba de todos, aunque en todas ellas, sin saberlo, incluía un poco de mí. Porque a fin de cuentas yo no tengo nada.

A estas alturas no hay riquezas, ni posesiones, ni cargas materiales. No hay poder, ni aspiraciones, ni excentricidades. Ni siquiera hay maldad, ni rencor, ni venganza, ni oscuridades. Por no tener, ya no hay ni miedo, ni incertidumbre, ni malos recuerdos o lamentaciones. Tampoco mala conciencia, ni despropósitos desordenados, ni más penitencias. Ni amargas sensaciones.

Nada. He aprendido (por fin) y ya no queda nada.He soltado todo lo que me ataba. En un golpe inesperado me he desprendido de todos los apegos que cargaba. Me caí de todos los prejuicios que me arrastraban. Incluso regalé por el camino todas las prisas que me agobiaban. Insistí y renuncie a las inseguridades que me quebraban.

Llevo media vida buscando algo, sin saber lo que quería. Algunos largos años esperando a alguien, sin creer lo que decía. Sintiendo que allá a lo lejos, en lontananza, quedaría algo que sentir, agarrando con fuerza incluso lo que no quería vivir.

No hay nada peor que aferrarse a lo que no queremos, por miedo a no tener nada. Cuando de todas maneras, tampoco es mucho más que nada, porque nada a medias nos va a llenar.

Y en medio de una elección que no conseguía tener clara, cuando sentía que era incapaz de ser valiente, decidí lo más difícil, no decidir nada.

Fue entonces, justo antes de saltar, aun sin nada de valor, solté todo lo que no quería; y al mismo tiempo renuncié sin más disculpas a todo lo que no sería para mí.

Finalmente saboreé la nada. Entonces encontré la calma, el placer de lo bien hecho y el sueño profundo en la almohada. Y cuando sentía el silencio del vacío, supe que era todo lo que yo necesitaba: nada.

Gratitud y otros buenos deseos (I)

Gracias a ti, que me ayudaste en momentos jodidos…

A ti, que me soportaste hasta en los momentos que ni yo me aguantaba…

A ti, que me enseñaste cuando no sabía…

A ti, que conviviste con todos mis demonios por permanecer a mi lado

A ti, que fuiste capaz de decirme lo que no quería escuchar

Incluso a ti, que desde el dolor que me causaste,

me permitiste darme cuenta de lo fuerte que era. 

 

Realizado con H.B.N.

Por muchos motivos, este, mi texto número 50, tenía que llevar el nombre de gratitud. Seguir leyendo “Gratitud y otros buenos deseos (I)”

Gratitud y otros buenos deseos (II)

 

img_3891Las personas agradecidas difícilmente dan cabida a sentimientos negativos como el resentimiento, eligiendo ver lo mejor de las personas y guardarlo en la memoria. Son más generosos y serviciales. Algunas investigaciones confirman que tienden a enfermar menos y son, en general, más felices, porque mejora la salud mental, fortalece la autoestima, facilita el sueño reparador, estimula la resiliencia, aumenta el nivel de energía, de entusiasmo y de atención. Cambiamos nuestra forma de pensar y nos permite centrarnos en esos pequeños detalles que nos traen alegría y satisfacción, ayudando a disminuir la ira.

Esta actitud nos ayuda a construir mejores relaciones y este reconocimiento sincero genera lazos de cariño, confianza, y cercanía. Por lo que la gratitud también está vinculada a la conexión con otros y la conciencia social. Seguir leyendo “Gratitud y otros buenos deseos (II)”