Aprender de ti

Aprende a mirar lo que ya miraste y trata de ver lo que no viste”

Saturnino De la Torre
Elaborado por Marta J.G.

Intento aprender de ti. A veces para saber lo que sí debe ser. A veces para elegir lo que no quiero más.

El camino ha podido ser largo. Los tropiezos habrán abundado. El dolor nos habrá visitado. Y sin embargo, mírate, aquí seguimos. Más que nunca, “viento en popa, a toda vela”.

Y pienso. El día ha tenido pocas horas y demasiados encargos. Ha sido largo. Cansado. Pero adoro ese cansancio que me ha dado un día que de sobra sé que perdurará ya para siempre en la memoria. La vida te da grandes regalos y a veces los vemos pasar sin darnos cuenta. Pero hoy no.

Podrán pasar vientos y tornados, que ese recuerdo ya será para mí. Incluso cuando tengan que llegar los trapos del olvido. Esa será una de mis suertes. Soy afortunada.

Porque a pesar de todo, en cada momento del día, cada día, recuerdo la suerte de tenerte aquí. Porque te veo sonreír. Porque conozco cada huella que caminas, cada enojo que te afrenta, cada laberinto en tu cabeza. Pero también conozco mejor que nadie la forma en la que hacerte feliz. Y aún así, a pesar de tus cuestas y pendientes, tus quejas y lamentos, sigue siendo una suerte acostarme cada noche sabiendo que, un día más, sigues aquí. Con el valor que tiene precisamente hoy en día.

Intento aprovechar para aprender de ti. Las mañas al fuego, los olores y recetas de toda una vida, los trucos de la abuela, los hilvanes y retales, los recovecos del pasado. Herencia que ya queda por siempre para mí. Intento aprender y agarrar este momento, la forma de hacerlo perdurar cuando ya no estés aquí.

Intento aprovechar para aprender de ti. De la vida. Cada día. Yo que quizá nunca he sido de escarmentar en cabezas ajenas. Aprendiendo a cometer errores y remontar, como en otro tiempo te vi hacerlo a ti. Y agradecer mientras pueda el ejemplo que la vida me pone delante. Para bien o para mal, lo que soy es por culpa o gracias a ti.

Intento aprender, te lo prometo. Y sé que a veces incluso llegas a reconocerte en mí. Aunque nunca lo digas, sabes que a veces es así.

Intento aprender de la vida que estos días, más visible que nunca, corre apresurada sin pedir permiso. Sin pedir perdón. Donde nada tiene valor, más que los que siguen y continúan aquí. Donde un abrazo se convierte en un lujo. Donde tener a tu madre o a tu padre en casa, es el mayor poder.

Yo que camino ya coja de un pie… que sé lo que es perder y despedir, agradezco a la vida las horas, los días, las semanas que me permiten disfrutar de las personas que quiero. La calma para escuchar a mis pequeñas almas sonreír. Para poder sentirme cerca de los miedos que estén por llegar, para consolar las peleas mentales (casi siempre contra nosotros mismos), para abrigar las ansiedades y el frío de las personas que son importantes para mí. Siempre intenté, aprendiendo de ti, de ti, y también de ti, dar a los demás lo mejor de mí misma.

Pero lo que verdaderamente es una suerte es poder decirte todo esto ahora que… todavía estamos a tiempo.

¡Feliz 75 cumpleaños, mamá!

El consuelo de las tontas

“Cuando estamos en contacto con nuestra humanidad en común, recordamos que los sentimientos de insuficiencia y decepción son compartidos por todos. Esto es lo que distingue la compasión hacia uno mismo con la lástima. Mientras que la lástima dice “pobre yo”, la compasión hacia nosotros mismos nos recuerda que todos sufrimos y nos ofrece confort porque todos somos humanos. El dolor que siento en momentos difíciles es el mismo dolor que tú sientes en momentos difíciles. Los disparadores son distintos, las circunstancias son distintas, el nivel del dolor es distinto, pero el proceso es el mismo. No siempre puedes obtener lo que quieres. Esto es verdad para todos”

Kristin Neff,

La expresión “Two in distress makes sorrow less” (dos en apuros hacen que la pena sea menor) se dice con un sentido de alivio al descubrir que no somos los únicos que pasamos por una adversidad; no porque los problemas mejoren, sino por cierto sentimiento de tranquilidad que parece acompañar a esta comparación. Una parte del efecto terapéutico de los grupos de autoayuda tiene que ver con esto.

Varios dichos populares hacen alusión a esta sensación. “Desgracia compartida, menos sentida” son palabras que apuestan por el sentimiento reconfortante.  

En alemán encontramos el término “Schadenfreude” para describir esa especie de “júbilo” que ocurre con los infortunios del vecino.

Seguir leyendo “El consuelo de las tontas”

El pacto de Alicia

“—¿Pero tú me amas?— Preguntó Alicia.

—¡No, no te amo!— Respondió el Conejo Blanco.

Alicia arrugó la frente y comenzó a frotarse las manos, como hacía siempre cuando se sentía herida.

—¿Lo ves?— Dijo el Conejo Blanco.
Ahora te estarás preguntando qué te hace tan imperfecta, qué has hecho mal para que no consiga amarte al menos un poco.

Y es por eso mismo que no puedo amarte.

No siempre te amarán Alicia, habrá días en los cuales estarán cansados, enojados con la vida, con la cabeza en las nubes y te lastimarán.

Porque la gente es así, siempre acaba pisoteando los sentimientos de los demás, a veces por descuido, incomprensiones o conflictos con sí mismos.

Y si no te amas al menos un poco, si no creas una coraza de amor propio y felicidad alrededor de tu corazón, los débiles dardos de la gente se harán letales y te destruirán.

La primera vez que te vi hice un pacto conmigo mismo : “¡Evitaré amarte hasta que no hayas aprendido a amarte a ti misma!”—

Por eso Alicia no, no te amo.”

Extraído del libro “Alicia en el país de las maravillas”

Seguir leyendo “El pacto de Alicia”