El consuelo de las tontas

“Cuando estamos en contacto con nuestra humanidad en común, recordamos que los sentimientos de insuficiencia y decepción son compartidos por todos. Esto es lo que distingue la compasión hacia uno mismo con la lástima. Mientras que la lástima dice “pobre yo”, la compasión hacia nosotros mismos nos recuerda que todos sufrimos y nos ofrece confort porque todos somos humanos. El dolor que siento en momentos difíciles es el mismo dolor que tú sientes en momentos difíciles. Los disparadores son distintos, las circunstancias son distintas, el nivel del dolor es distinto, pero el proceso es el mismo. No siempre puedes obtener lo que quieres. Esto es verdad para todos”

Kristin Neff,

La expresión “Two in distress makes sorrow less” (dos en apuros hacen que la pena sea menor) se dice con un sentido de alivio al descubrir que no somos los únicos que pasamos por una adversidad; no porque los problemas mejoren, sino por cierto sentimiento de tranquilidad que parece acompañar a esta comparación. Una parte del efecto terapéutico de los grupos de autoayuda tiene que ver con esto.

Varios dichos populares hacen alusión a esta sensación. “Desgracia compartida, menos sentida” son palabras que apuestan por el sentimiento reconfortante.  

En alemán encontramos el término “Schadenfreude” para describir esa especie de “júbilo” que ocurre con los infortunios del vecino.

También Henri Tajfel explica con su Teoría de la Identidad Social, que compararnos con estatus inferiores nos hace sentir mejor, porque alimentamos una autoimagen positiva al salir ganando en la comparación. Pero tampoco va de eso.

“Mal de muchos, consuelo de tontos”. Seguramente, como todos somos humanos, alguna vez hemos pensado que una situación pasa desapercibida cuando hay más gente que la padece.

Ni pensamos ni sentimos igual. Cada persona es un mundo y lo que a uno puede quitarle el sueño, a otro puede dejarle indiferente. Pero parece que compararnos con otros resta grandes dosis de sentimientos de culpabilidad. Nos hace sentirnos menos fracasados.

De fondo tiene poco que ver con el consuelo, ya que los problemas no mejoran porque afecten a otros. Sin embargo, no se resolverán por compararlos, aunque si se aliviarán al compartirlos. No se trata de alegrarnos del mal ajeno. El consuelo de las tontas tiene que ver con la esperanza.

La esperanza que ellas hacen sentir con su ejemplo de superación. Eso es lo que alivia el dolor.  Es lo que hace creer en la posibilidad del cambio. En la voluntad para querer ser una persona mejor. Es la luz tenue en medio de la oscuridad. La luz que permite aclarar las ideas y no sobredimensionar más las cosas. La comprobación objetiva de que las malas rachas tienen fecha de caducidad.

A menudo no podemos quitar el viento que viene en contra, pero podemos ayudar a hacer molinos que aprovechen esa tempestad. Y ellas saben bien cómo hacerlo.

Se trata de ellas que, con un paseo por una ciudad desconocida a altas horas de la noche, (o una barra de labios roja, unas calas, un nuevo pendiente, un barquito de papel, un ramo de lavanda, un pañuelo, una infusión, un vino blanco, las aceitunas en un vermut, un guiño, la palabra adecuada o un abrazo inesperado), consiguen hacerte sentir un poquito menos débil.

Se trata del apoyo, la protección y la solidaridad entre mujeres frente a los problemas que comparten, la creación de vínculos y alianzas que surgen de una manera natural, espontánea y mágica, mediante la confidencia y la actitud comprensiva que calma el alma y comparte armas en tiempos de guerra. Lo llaman sororiedad, pero lo que estas benditas hacen cada día es magia.

Magia por su intuición para ver que algo no va bien, sin que haga falta verbalizarlo. Facilidad para hacerte saber lo que puedes llegar a ser. Porque son capaces de recordarte los poderes que has olvidado. Te mantienen en pie cuando ni te soportas. Auténticas expertas del ilusionismo para hacer desaparecer el desastre que puedes llegar a ser, convenciéndote de tus ganas para ser fuerte una vez más.

Diestras en no permitirte sentirte como un bicho raro incomprendido, dispuestas a inventarse una liada más grande que la tuya, con tal de aliviar tu vergüenza y la culpa. Con mucha mano izquierda para desnutrir los dramas.

Nunca sabemos cuánto bien podemos estar haciendo en un momento determinado a alguien que se rompe en silencio. Ellas lo hacen. Las he visto hacerlo sin esperar nada cambio. Probablemente porque anteriormente alguien lo hizo con ellas. Y aprendieron.

Ellas no se imaginan cómo agradezco su manera de devolver la vida y el sentido común en tiempos de tinieblas. Que lejos de victimizarse contigo, te secan las lágrimas y empiezan a trazar un plan para ganar una nueva batalla, para sacar de ti lo que ni tú eres capaz de ver. Pero ellas lo hacen por ti. Celebran por ti, camuflan tus limitaciones y maquillan tus penas. Cualquier cosa para sanar contigo. Son por ti, cuando tú no eres capaz de ser.

Así que el consuelo de las tontas tiene mucho más de fondo que una comparación frívola de egos doloridos. La clave está en compartir cómo te sientes. Igual te sorprendes con “alguna tonta” en el camino que no dude en hacer lo imposible por calmarte o simplemente que, comprendiéndote, se siente en el suelo del baño a llorar contigo. Tendrás la suerte de experimentar que no es lo mismo sufrir desconsoladamente tú sola, que llorar “como una tonta” con alguien que, con toda probabilidad, acabe haciéndote reír. Esa es la vida.

Ojalá todos pudieramos contar con esa suerte. Una voz que nos recuerde cuando fallan las fuerzas o la memoria. Un pepito grillo que nos cante algún halago. Alguien que nos regale un poco de confianza, una sonrisa o esperanzas.

Es el consuelo de las tontas lo que ayuda a aquietar la mente, a silenciar el diálogo interno que nos acusa sin piedad. Es la forma natural de normalizar nuestras emociones como un simple proceso que sin ninguna duda será pasajero.

Comparaciones a un lado, de lo que se trata es de tener claro que no debemos negar la realidad. Por eso es un lujo poder aceptar nuestras propias emociones junto a ellas, para poder afrontarlas, manejarlas y dominarlas. Con ellas que siempre están dispuestas para reírse de tanta emocionalidad contigo.

Comprobar de primera mano como ellas han afrontado sus propias guerras y han salido reforzadas es lo que nos motiva a poner en marcha nuestros propios recursos. Se han vuelto supermujeres para mí.

“ Esto es de todos. No importa nuestras circunstancias, todos estamos acarreando con cosas que nos duelen; y nos hace daño si tratamos de enterrarlas dentro. No hablar sobre nuestra vida interna nos priva de conocernos realmente y nos priva de la posibilidad de acercarnos a aquellos que lo necesitan”

Kevin Love

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