Alvin, dichosa ardilla

Alvin es una ardilla que llegó a su casa hace ya unos cuantos años para hacerle compañía en un momento difícil de su vida. Un animalillo sin mucha importancia que transitaba por la vida en un barquito de papel, con los peligros, debilidades, alegrías y aventuras que eso conlleva. Aunque a pesar de eso conseguía llegar a puerto. Incluso, a veces, a buen puerto. Seguir leyendo “Alvin, dichosa ardilla”

Nostalgias y anhelos

 

-¿Qué tenéis en contra de la nostalgia?
-Es la única distracción posible para quien no cree en el futuro.
 (La grande bellezza)


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“El pasado no sólo es un país extraño,

sino que es uno del cual todos estamos exiliados. 

Y al igual que en todos los exilios, a veces añoramos volver. 

Ese anhelo se llama nostalgia”

A veces añoranza, morriña, “mal de la tierra”, o a veces “pasión de ánimo”. Más allá de la connotación romántica o sentimental que confiere, lo curioso es que la nostalgia no la inventó un poeta, sino un médico. Fue en 1688, Johannes Hofer sacaba a luz este término en la presentación de su tesis preliminar en la Universidad de Basilea, en la que explicaba el comportamiento de algunos hombres de la Guardia Suiza destinados lejos de casa, quienes echaban de menos su tierra sintiendo melancolía. Pero que estando de vuelta se recuperaban rápidamente, sintiéndose felices.

Aunque a Hofer se le atribuye el nombre de nostalgia, ya existía ese concepto con otro nombre. Durante la Guerra de los Treinta Años, al menos seis soldados fueron dados de baja del ejército español de Flandes con el “mal de corazón”. Pero pronto se dieron cuenta que también estaban predispuestos a la nostalgia los niños que perdían a sus madres, los jóvenes, las mujeres y los hombres. Al parecer, casi cualquier cosa bajo el sol podría causar nostalgia; especialmente el amor feliz.

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Con el viento del este..

Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar,

fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar

y sabiduría para entender la diferencia.

Reinhold Niebuhr

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-No te irás nunca, ¿verdad?.

– Me quedaré hasta que cambie el viento.

-Mary Poppins-

Veo a mi alrededor cambios y más cambios. Míos y ajenos. Como si llegaran con el viento. Debe de ser el viento del este. Personas que me importan esforzándose por sobrevivir a los cambios, intentando no morir en el intento, con la esperanza de que pronto todo deje de doler. Valoro mucho sus esfuerzos, y la valentía que demuestran. No es nada fácil mantener la actitud cuando las cosas no van bien. Y sin embargo, lo están haciendo.

Mientras, procuro también escuchar en silencio y observar con mucha atención las sensaciones, con la esperanza de ver pronto el ArcoIris como Judy Garland en “Somewhere over the rainbow” (El Mago de Oz)

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Hace seis años alguien me dijo que era mágico ver un doble Arcoiris. Que pasarían tantos años en volver a ocurrir, que probablemente nunca más lo vería. Parece que me mintió, pero nunca se lo dije. Yo quería seguir pensando que era algo mágico. Aunque en el fondo puede que sea una afortunada, al poder observar un fenómeno tan mágico en dos ocasiones.

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Continuemos. Bajo el seudónimo de P. L. Travers, la australiana selló en ocho tomos las aventuras de una institutriz que volaba en paraguas. Cuando cambia el viento de dirección, Mary Poppins sabe y siente que debe irse así que no demora la decisión: Coge la bolsa, abre el paraguas y se va. Sí, tal cual. Mary sigue su camino, sin ataduras del pasado, de personas, de lugares, de cosas… Con su marcha, empieza una nueva etapa, nuevos aires, nuevos Arcoiris. Tiempos de cambio. 

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Parece que cambiar no nos tendría que suponer ninguna dificultad; de hecho es algo inherente al concepto de crecimiento. Algunos lo llaman cambio, otros progreso e incluso hay quienes le llaman evolución.

Pero la realidad es que, en general, cualquier cambio supone una renuncia o pérdida inevitable, lo que produce incertidumbre; y esta incertidumbre genera miedo, al menos al principio, hasta que poco a poco nos vamos adaptando a la nueva situación.

Obviamente hay distintos tipos de cambio.

Los “cambios en pendiente”, o pequeñas transformaciones que se producen de manera gradual y de forma imperceptible. Ocurren de manera natural y son los cambios que uno no detecta. Por sí mismo no producen ningún efecto negativo.

Sin embargo, “los cambios en escalón” se producen en un corto período de tiempo y de forma más intensa. Las modificaciones nos parecen a priori muy bruscas y es fácilmente  reconocible un antes y un después. Los cambios en escalón ocurren a veces de manera programada y podemos preverlos; pero otras, nos pillan desprevenidos y nos golpean.  Los más complicados son los cambios inevitables. Ya que todo intento de detenerlo, retrasarlo o negarlo solo producirá más dolor. Pero a pesar de eso, tratamos de resistirnos.

A veces nuestra propia naturaleza, nuestros miedos e inseguridades nos pueden llevar a desear retrasar el cambio, disminuirlo o deshacerlo… hacer todo lo posible para que las cosas permanezcan igual. Pero si el cambio ha de llegar, es importante saber cómo manejarlo. Y para eso es recomendable reconocer las fases para afrontar los cambios en escalón que se nos resisten. Fases de un ciclo emocional de resistencia al cambio personal:

1. Etapa de impacto o choque: Es la más emocional y la que presenta mayor resistencia o parálisis. Se percibe una sensación de confusión, bloqueo, miedo. Suelen aparecer fuertes sentimientos de pérdida e idealización. La inseguridad percibida genera conductas de resistencia y boicot. Se puede llegar a sufrir ansiedad así como otras reacciones físicas. Pero recomiendo vivirla con toda la intensidad que se pueda, porque será la que te preparará para lo que está por venir.

2. Etapa de negación: tratamos de cerrar los ojos ante la realidad y ante cualquier evidencia de que la transformación es necesaria y está ocurriendo. Seguimos actuando como si nada hubiera pasado, con la ingenua pretensión de que la necesidad de cambiar desaparezca, tratando de aferrarnos a las rutinas cotidianas.

3. Etapa de la ira: Cuando la evidencia mande, no podremos seguir negando el cambio y empezamos a responder con rabia, frustración e ira. Empezaremos a exteriorizar todos los sentimientos que se reprimieron en las etapas anteriores. Cuidado en esta etapa, porque se puede dañar a los demás, incluso puedes dañarte a ti mismo.

4. Etapa de negociación: En la que intentaremos encontrar una salida que calme nuestro dolor, aunque se trata de un esfuerzo en vano porque aún estamos en un estado de resistencia al cambio. Seguimos sin aceptar el cambio y solo tratamos de encontrar una solución para evitarlo.

 ” Con el paso de las horas, Dorothy superó poco a poco su miedo; pero se sentía muy sola, y el viento chillaba tan fuerte a su alrededor que casi se volvió sorda. Al principio ella se preguntó si estaría hecha pedazos cuando la casa se cayese de nuevo; pero a medida que pasaban las horas y nada terrible sucedía, dejó de preocuparse decidió esperar con calma y ver lo que le deparaba el futuro. Por fin se arrastró por el suelo balanceándose hacia su cama y se acostó sobre ella; y Totó le siguió y se acostó a su lado. A pesar de los vaivenes de la casa y del gemido del viento, Dorothy pronto cerró los ojos y se quedó profundamente dormida” 

-El Maravilloso Mago de Oz-

5. Etapa de depresión: En esta etapa finalmente aceptamos “por obligación” que el cambio es inevitable, aunque nos gustaría seguir evitándolo y esto nos puede crear la sensación de irritabilidad o depresión.

6. Etapa de elaboración: por fin llega el momento de racionalización. Empiezan a aparecer nuevas creencias y conductas de aceptación. Tendemos a la autovaloración de las capacidades propias y planificamos lo que está por venir. Por tanto, se comienza a recuperar la capacidad para decidir o al menos gestionar, y poco a poco va desapareciendo la incertidumbre.

7. Etapa de prueba o acción: la resistencia al cambio finalmente va desapareciendo porque empezamos a necesitar reaccionar y empezamos a probar soluciones realistas y nuevos patrones de afrontamiento que se adapten poco a poco a la realidad y nos vayan acercando al cambio y nos permitan mirarlo desde nuevas perspectivas. Empiezan a desaparecer las resistencias, dando paso a los primeros cambios de forma más proactiva que en las fases anteriores. Poco a poco se deja de anticipar ni generar las ideas negativas, dramáticas y catastróficas que estaban bloqueando el proceso.

“Viento del Este y niebla gris anuncian que viene lo que ha de venir. No me imagino lo que va a suceder, mas lo que ahora pase ya pasó otra vez”.

-Mary Poppins-

8. Etapa de aceptación: Volvemos a encontrar el equilibrio y a sentirnos cómodos con el cambio. Encontramos y ponemos en práctica nuevos patrones de comportamiento adaptativos que nos ayudan a reconstruir nuestra identidad bajo las nuevas circunstancias.

La casa giró dos o tres veces y subieron lentamente por el aire. Dorothy se sentía como si estuviera subiendo en un globo. Los vientos del norte y del sur se reunieron en el lugar en donde se encontraba la casa, y lo convirtieron en el centro exacto del ciclón. En medio de un ciclón el aire es en general tranquilo, pero la gran presión del viento en cada lado de la casa se la llevó a más y más altura, hasta que quedó en la parte superior del ciclón; y allí se mantuvo recorriendo millas y millas de distancia tan fácilmente como si fuera una pluma. Estaba muy oscuro, y el viento aullaba horriblemente a su alrededor, pero Dorothy descubrió que viajaba con bastante facilidad. Después de los primeros giros y de algún que otro mal balanceo, se sintió como si estuviera siendo mecida suavemente, como un bebé en su cuna.

-El Maravilloso Mago de Oz-

Puede que ni nosotros mismos veamos hasta dónde llega el alcance, pero lo que es inevitable es que el viento ha cambiado, ahora viene del este. Y eso conlleva cambios.

Con el viento del Oeste, viene la bruja malvada en El Maravilloso Mundo de Oz;  pero quien sabe si alguna vez vuelve a soplar nuevamente el viento del este, lugar por donde sale el sol, y viene a visitarnos Mary Poppins. O si como Dorothy, despertaremos en casa y todo acaba por ser una pesadilla. Así que vivamos los cambios con esperanza, porque todo pasa por alguna razón.

Y aunque uno siente que se rompe en pedazos, en realidad solo está ocurriendo una revolución. 

Finaos y más… En España (2)

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El dia de los finados
En tiempos de mis abuelos
La gente comia castañas
Juntitas detras de un fuego

Yo no se que pasa ahora
Si es que no saben igual
Porque en vez de las castañas
La gente se pone disfraz..

…para seguir leyendo

Ya hemos visto como se vive la fiesta de los difuntos en diferentes partes del mundo… ¿ Y en España, cómo celebramos la festividad de los Fieles Difuntos y Todos los Santos?

La iglesia católica celebra el día de Todos los Santos y de la Conmemoración de los Fieles Difuntos, el 1 y el 2 de noviembre respectivamente. Para nosotros ambas festividades están unidas por la creencia en la vida eterna.

Lo tradicional es comprar flores y llevarlas a los fallecidos. Pero no todo es melancólico. Este día se acompaña de algunas tradiciones españolas divertidas para celebrarlo, ya que es un buen día para celebrar la vida.

Es muy popular tomar unos dulces tradicionales y participar en familia yendo a ver la obra de José Zorrilla “Don Juan Tenorio” (1844), que ese día se suele interpretar prácticamente en teatros de todo el país. Esta representación especial se hace en este día porque el acto final de la obra tiene lugar en la noche de Todos los Santos y el protagonista de la obra está muy relacionado con la muerte.

Otra tradición muy popular es la castañada, reunión con familiares y amigos, que le hacen frente al frío comiendo castañas recién asadas en cucuruchos de papel de periódico.

Igualmente, la tradición establece que cuando comes un buñuelo de viento se salva una alma del Purgatorio. Otros típico por estas fechas son los huesos de santo, hechos de masa de mazapán con forma de tubos de un dedo de grosor .

Para la fiesta prevista para mañana, ya teníamos preparado las castañas, los bollitos de anís, los frutos secos, los buñuelos y los huesos de santos. Si, además, contábamos con algún artista que nos tallara una calabaza, o alguien que nos contara alguna historieta, la fiesta estaba asegurada. Pero cual ha sido mi sorpresa, que gracias a una mamá muy comprometida, mañana algunos probaremos por primera vez los panellets; un dulce típico catalán, hecho de almendras, papa, azúcar y piñones. ¡Muchas gracias!

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¿Quien sabe? A lo mejor mañana nos encontramos con alguna sorpresa más…

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Pero sigamos con el recorrido por España. También se pueden degustar rosquillas de anís y papas asadas en Salamanca, arrop y tallaets en Alicante (trozos de calabaza bañados en sirope de mosto de uva muy dulce), borrachillos en Andalucía (roscos trenzados), rosaris en Mallorca (rosarios hechos de caramelos y azúcar), pestiños en Jaén o migas de niño en Castilla-La Mancha.

Las almas de los muertos no quedan olvidadas. En Begíjar, Jaén, los jóvenes salen con cazuelas de gachas a la calle para tapar con ellas las cerraduras de las casas e impedir la entrada a los malos espíritus. En los hogares iluminan el camino a las ánimas de los difuntos con mariposas de aceite en las ventanas, y pasan la noche comiendo sus tradicionales tortillas con chocolate. En Alicante, se ponen velas en las ventanas para indicar la ruta a las almas de los muertos. En el norte de Córdoba también se hace, y se ameniza la vigilia con gachas de leche.

Las Cofradías de las Ánimas de Zamora organizan procesiones por los cementerios locales, acompañándose de velas para guiar a los muertos y rezando el rosario. En Tajueco, Soria, se celebra el Ritual de las Ánimas con una procesión encabezada por el sacerdote en la que marchan dos grupos, casados y solteros, quienes van coreando las estrofas del cántico a las ánimas. Al finalizar, se toca la campanilla y se reparten pastelillos y vino.

En Cádiz celebran el Día de los Muertos de carnaval, aunque los que se disfrazan son los conejos, cerdos y gallinas de los mercados de la ciudad. Es la fiesta de los Tosantos, en la que también se hacen muñecos con frutas, verduras y frutos secos, que representan y critican a políticos y personajes de la sociedad.

En la región de Murcia, se organizan mercadillos callejeros en la capital y muchos pueblos, en los que se venden flores y productos gastronómicos típicos de las fechas: arrope, calabazate, carne de membrillo, pan de higo, huesos de santo y frutos secos.

Pero la feria de los difuntos por excelencia se celebra en Cocentaina (Alicante). La Fira de Tots Sants tiene lugar desde 1326, una de las más antiguas e importantes de España, declarada de interés turístico nacional porque concentra a más de 800.000 personas en tres o cuatro días. La feria está dividida en varios espacios: el más tradicional, que ocupa el lugar central, es el de maquinaria agrícola, pero también hay un zoco árabe, un mercado cristiano, zonas de animales y atracciones infantiles.

Si te has quedado con ganas de ponerte a hacer repostería, te sugiero:

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¿Y en Canarias?

Aquí recordamos de otra manera a los que se han ido. Nosotros celebramos Los Finaos reuniéndonos para contar historias de los parientes fallecidos mientras compartimos piñones, nueces, castañas y almendras, acompañado de vino dulce, anís y ron miel. En algunos pueblos hay una “finada” popular en la que se toca música por las calles y cuyo momento culminante es el Baile de los Finaos.

Es importante que nuestros niños conozcan sus tradiciones, que conozcan su historia, y que sepan el porqué de todo esto. Aquí está la ficha de trabajo para el “compara y contrasta”:

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En los últimos años esta celebración, que durante mucho tiempo estuvo olvidada y casi a punto de desaparecer, está conociendo un nuevo resurgir, en parte como forma de dinamizar la vida social y económica de los municipios, y en parte como reacción a la influencia creciente de tradiciones anglosajonas como Halloween. Sin embargo, ambas fiestas comparten un denominador común:  ¿por qué se celebran los finaos y el Halloween precisamente en esta fecha de finales de octubre?

Se trata de una cristianización de celebraciones paganas antiguas que marcaban el final del verano, de los días largos y de la luz para dar paso al otoño, cuyos días poco a poco se van acortando para ceder el protagonismo a la oscuridad y la dureza del invierno, que se identifican con el mundo de lo oculto: con el mundo de los muertos.

Además, ese día yo tengo algo más que celebrar. Estas fechas coinciden con una cita muy especial: la víspera, con la celebración del cumpleaños de una gran amiga.

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El día 1, con la celebración de un muchachito que ya cumple 9 años y poco tiene que ver con el juego terrorífico de Halloween. Él es más de castañitas.

¡Feliz cumple a los dos y feliz día de los finaos a todos!

Perú, cuestión de altura. No más

A Eva T, seguimos subiendo.

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“Si no hay miedo, el valor no vale nada.

Lo difícil no es no tener miedo, es seguir adelante a pesar de él”

Alejandro Palomas.

En el vuelo de vuelta a casa, divertida ella se atrevió a decirme que tenía expresión de enamorada. Mi sonrisa, por lo visto, me delataba. Cuando debía estar agotada por doce largas horas de vuelo, parecía sentirme pletórica. Puede que fuera por el subidón de glóbulos rojos. O puede que de verdad me estuviera enamorando.

Perú huele a maíz. A choclo. Huele a muchas cosas, pero en el aire se queda en suspensión el polvo de las más de 50 variedades de maíz. El ombligo del mundo, la cuna de la octava maravilla, tiene mucho más que Machu Picchu. Aunque su vieja montaña impresiona y te deja huella.

Chichen Itzá, el Cristo Redentor, Machu Picchu, Coliseo, Taj Mahal, la Gran Muralla China o la Ciudad de Petra… De todas las maravillas, pensaba y deseaba estar en La Ciudad de Petra, en Jordania; y en Machu Picchu, Perú. Y ha sido la segunda la que se chocó conmigo casi por la misma casualidad con la que ocurren las mejores cosas de la vida. Así que nueve años y un largo recorrido después, de vuelta a una maravilla del mundo. Así debía ser.

El valle sagrado, las lagunas, los pueblos coloniales, los mercados indígenas, las ruinas incas, los rincones escondidos y las montañas imponentes daban paso a lo inesperado, por muy esperado que estuviera. Amaneceres caprichosos que se colaban por una ventana sin persiana, y atardeceres que me pillaban por sorpresa, para parar por un momento el reloj que decidí dejar en casa. Una paleta de infinitos colores, para deleitarse.

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Ese momento en el que no estás pensando en nada, miras por la ventana y la realidad te ubica en medio de los Andes peruanos, en un valle a 3.400 metros de altitud, en la antigua capital del imperio inca. Con la sorpresa y la emoción casi se olvida el pequeño detalle del mal del altura. Aquí todo respira un ritmo muy lento. Ya lo decía Miguel, nuestro guía en Puno, que la altitud hay que afrontarla como el amor: cuidándose de los dolores de cabeza y tratando de acostumbrase despacio, con paciencia, a sus efectos.

La “montaña mayor o vieja” se posiciona a una altura de 3,061.28 m.s.n.m. Solo se me ocurre un calificativo: es majestuosa. Si consigues llegar a su cima, te premia con un paisaje imposible de explicar; y allí, al fondo, algo parecido a un gran conjunto de palacios y templos que existieron en otra época. Pero no es eso lo que impresiona.

Desde esa altura, a lo lejos, da igual lo que parezca, porque se hacen hueco la admiración, la exaltación y el sosiego, el descoloque y la recolocación, el vértigo y el equilibrio, el cansancio y la euforia. Cuando dejas de subir escalones y consigues recuperar el aliento, no sabes si lo que sientes es miedo, impresión, confianza, gratitud, certidumbre, júbilo, o plenitud. Sea lo que sea, estar allí te hace sentir algo parecido a ser feliz. La mezcla de tantas emociones te hace sentir exultante.

Allí, muchos caminantes desbordados de emoción, lloran al ver por primera vez la ciudad oculta entre las montañas. Otros lloran por el camino, por la sensación de incertidumbre y vértigo…Otras lloran cuando se dan cuenta de que hay que irse, que no se puede permanecer allí eternamente.

Una vez alcanzas el punto más alto, después de contemplar esa maqueta de piedra silenciosa, con los pies colgando del borde de la montaña, es difícil convencerse de que debemos volver a bajar y regresar a la realidad. Por suerte, también se disfruta del camino de bajada, peleando con cada escalón en donde no cabe el pie. Entretenido. Divertido. Momento para desatar la euforia, que se junta con los calambres, y el brindis para la celebración. Cuestión de actitud, ganas de vivirlo todo con intensidad. Parece mentira que un sendero por el que podrías caer al vacío, resulte apasionante.

Pero de todos los miedos posibles, como el de ser capaz o no de alcanzarlo, llegó primero el de la altura, acechando durante un buen tramo. El mal de la altura de Eva. De la otra Eva. Y no el soroche (como lo llaman los andinos), si no la acrofobia.

Eva  T  y Eva I

La acrofobia es una de las fobias más comunes: el miedo extremo a las alturas. Al igual que otras fobias, la acrofobia genera fuertes niveles de ansiedad, induciendo continuamente una conducta de contrariedad y evitación. Puede generar sentimientos de pánico, palpitaciones fuertes e irregulares, llanto o gritos, llegando incluso a sentir desorientación, dificultad para pensar o generarse parálisis momentánea por el pánico. Todo eso sientes mientras te enfrentas al altiplano peruano, o te adentras en Llaqtapata para perderte en sus montañas: Machu Picchu y Huayna Picchu

Con frecuencia sucede que ese miedo, al principio controlable, se convierte en incontrolable después de un incidente traumático en la infancia. Aunque no siempre ocurre por este motivo. También se cree que pueda tener algo que ver con nuestro sentido interno de las ondas de equilibrio. Pero lo cierto es que la acrofobia guarda cierta relación con el vértigo de la altura, el cual provoca una marcada sensación de inseguridad y miedo ante la posibilidad de una caída. Acompañado de angustia, torpeza e incluso incapacidad.

Las últimas investigaciones muestran que la acrofobia está presente en todas las personas y animales con sentido de la vista, aunque por lo general muy débilmente. Se trata de algo así como un mecanismo de defensa heredado.

Es bastante común y presenta rasgos innatos, por lo que algunas personas son propensas a sentir más miedo. En ocasiones se relaciona con la inseguridad, baja autoestima, depresión o sentimiento de incapacidad personal… Como si la persona no fuese capaz de confiar en su sentido natural del equilibrio en lugares de gran altitud.

Pero si queremos adentrarnos en Pisac, visitar  el Cañón del Colca, descubrir las ruinas de Ollaytaytambo o subir al mismísimo Machu Picchu, lo mejor será una terapia exprés e in situ de “habituación” al miedo. Viene bien que un acompañante comparta y recuerde las técnicas de relajación conocidas por todos, para enfrentar las situaciones estresantes, mientras uno se somete gradualmente a las situaciones donde el miedo se hace presente, para que no se pierda el control de la situación y la inseguridad vaya disminuyendo.

Si hay algo que nos paraliza en la vida, son los miedos; por eso nada mejor que deshacerse de ellos. Y no se me ocurre mejor ocasión que estar aquí, a ratos a más de 4.500 metros de altura.

Superar el miedo a las alturas

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