Mi niña de lunares (II)

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No estar conforme con la imagen que vemos en el espejo es habitual, pero para algunas personas esta disconformidad suele tratarse de una expresión de preocupación desmedida: ven en el espejo auténticas deformidades y carencias.

Psicólogos, psiquiatras y cirujanos plásticos alertan sobre el preocupante crecimiento en los últimos años. La insatisfacción consigo mismo, desde la obsesión hasta la sobredimensión de los defectos degenera en este trastorno psicológico.

El Trastorno Dismórfico Corporal, también denominado Dismorfia Corporal, Dismorfofobia, Síndrome de la Distorsión de la Imagen o Síndrome del Espejo.

El procesamiento cognitivo humano hace que la imagen que percibe la retina sea procesada y “reelaborada” según las creencias, expectativas, exigencias, presiones o miedos. Nuestros ojos y nuestro cerebro “nos mienten” a menudo

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Poco conocido hasta hace poco, podemos decir que sólo entre un 2% de la población ha sido diagnosticada. Aunque ya se conocen casos de personajes mediáticos.

Quizá las Redes Sociales y el Influencer Marketing mucho tengan que ver con su acelerado crecimiento. Pero no le echemos toda la culpa.

Además de la presión social o los estereotipos aprendidos, perece que llevamos en nuestra maleta personal, factores que facilitan que este trastorno se desarrolle: aspectos de la personalidad, como el temperamento ansioso, perfeccionismo, autoexigencia o la necesidad de aprobación social están muy relacionados con el inicio y curso de un Trastorno Dismórfico.

Claro que algunos de estos factores pueden devenir de situaciones de fracaso en el pasado, circunstancias de violencia psicológica o maltrato.  Incluso la presión o exigencia de la familia para aproximarse a esos cánones de belleza, suelen estar en el origen de estos trastornos.

Sea como fuera, debemos considerar contar con un punto de vista profesional y especializado para tratar de adquirir un pensamiento más constructivo: para desbancar esas creencias, para aproximarse a una nueva forma de mirarse, de percibirse, de verse y de valorar tanto la propia imagen, como el significado y la  importancia que tienen para la persona que lo padece.

2 comentarios en “Mi niña de lunares (II)

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