A propósito

“Si lo que estás haciendo no te acerca a tus metas,  significa que tus acciones te están alejando de ellas”.

Brian Tracy

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Seguro que, como cada año, en 2016 también tienes algún propósito que te gustaría lograr, pero ¿qué hará que este año sea diferente?

Si nos vamos a los datos, son varios los estudios que concluyen que el 20% de los propósitos de año nuevo se olvidan en la primera semana, y al menos el 80% se abandonan a lo largo del año. Los datos son realmente desmotivadores. Así que, cuando ya nos encontramos superando esa decisiva primera semana y aún nos mantenemos firmes en nuestros objetivos, nos vendrá bien reflexionar sobre qué es lo que lo hace tan difícil. Como tozudos que somos, cometemos año a año los mismos errores. Si queremos resultados diferentes, pongamos en práctica hábitos diferentes. Para comenzar, analicemos los errores  más comunes:

  • ¿Demasiados buenos propósitos?
    Ya sabemos que debemos seleccionar solo uno o dos propósitos, y a ser posible que estén relacionados entre ellos. Nada de listas inmensas.
  • ¿Eres realista? El objetivo lo tenemos claro, ahora analiza tus probabilidades de éxito y los esfuerzos necesarios para lograrlo. A priori parece fácil, pero junto con tu lista de propósitos deberías añadir la lista de posibles momentos que te pueden conducir al “abandono” y estudiar cómo piensas afrontarlos. Lo que queremos conseguir está claro, pero lo que debemos tener aún más claro es todo lo que debemos renunciar para conseguirlo. ¿Estás convencido?
  • ¿Concretas? Las metas tienen que ser específicas y medibles. Tus propósitos deben estar muy claros, a ser posible escritos con números en valores numéricos: 2 kilos, 30 minutos de ejercicio, 3 días por semana, 5 cigarros menos, salir 15 minutos antes del trabajo, una cantidad de dinero para ahorrar, etc.
  • ¿Tu éxito dura un día, una semana, un mes…? La mayoría de nuestros propósitos requieren de tiempo para lograrlos. Y ya hemos visto que aún mas tiempo para mantenerlos. Piensa en metas más pequeñas y trabaja en pequeñas porciones de tus propósitos cada vez, o te agotarás incluso antes de haber empezado. Planifica también cuando premiarte a lo largo del camino por los pequeños logros, especialmente cuando consigas afrontar uno de esos “momentos duros”. Premios a corto plazo para metas a corto plazo.
  • ¿Lo suficiente? Sabemos que debemos hacer. Conocemos los pasos. No es difícil comprenderlo, lo complicado es hacerlo y mantener estos cambios el tiempo suficiente para que el cerebro lo adopte como parte de un comportamiento habitual. Comenzamos bien, pero las acciones no son suficientes a lo largo del tiempo para consolidar nuevos hábitos.

La mayoría de nosotros conoce la teoría. Al igual que las diferentes estrategias para planificarlos. George T. Doran nos indica los cinco criterios que deben considerarse al establecer un objetivo. Recuerda que según la técnica SMART, un objetivo debe ser específico, medible, alcanzable, realista y acotado en el tiempo.

De la misma manera, para hacer una buena planificación en el tiempo puede ayudarnos esta sencilla fórmula de planificación de Chuck Blakeman, que recomienda establecer un objetivo para los próximos 12 meses y desarrollar, sin detallar, un plan general para llegar a él. Posteriormente, debes concentrarte en detallar qué pasos deberías dar en los próximos tres meses, en sincronización con el objetivo anual. Y por último, debes definir un plan de acciones detalladas, a las que debes establecer una fecha límite de un mes aproximadamente.

Si tienes claro lo anterior, pero sigues sin lograrlo, es el momento de seguir avanzando y profundizar en cómo nos puede ayudar (o perjudicar) nuestro pensamiento. 

Controla el pensamiento de “todo o nada”

Aquí está una de las claves más importantes y donde más tropezamos. El también conocido como pensamiento dicotómico, extremos del pensamiento o pensamiento polarizado, absolutista, nos lleva a percibir la realidad de forma extremista y dentro de categorías opuestas, sin un espacio intermedio. “Blanco o Negro”, “Bueno o Malo”, “Todo o Nada”, “Siempre o Nunca”. No hay término medio, los detalles intermedios desaparecen en ese momento y dejamos de contemplar un amplio rango de interpretaciones que podrían ser mucho más acertadas. Pensar así no solo repercutirá en cómo vamos a sentirnos, sino que condicionará lo que decidamos hacer posteriormente: abandonar nuestro propósito porque sentimos que hemos fracasado.

 ¡Mucho cuidado! La mayoría de los que deseamos alcanzar una meta pensamos en términos de “lograr” propósitos o “romperlos”. Y no se contempla el lugar para un término intermedio. Pensar en “Blanco o Negro”, en “Éxito o Fracaso”, puede ser emocionante y divertido mientras se está avanzando hacia la meta. Pero esa emocionante sensación pronto se desvanece con el menor obstáculo, llevándonos al extremo de “fracaso total”.

Evita a toda costa el efecto de avalancha

Todos hemos experimentado el efecto de avalancha permitiendo que un “pequeño tropiezo” se convierta en una recaída mayor y dé por resultado un colapso total. Ese suele ser el momento en el que la mayoría abandona su propósito; especialmente aquellos de hacer dieta o dejar de fumar, que con frecuencia fracasan por este efecto de avalancha, porque cualquier pequeño obstáculo o recaída nos lleva a pensar que no somos capaces de conseguirlo.  En cambio, tomar en cuenta el progreso y no estancarse en los retrocesos puede ayudarnos. “La Ley del efecto” nos recuerda que las acciones seguidas por recompensas son reforzadas, haciendo más probable su repetición o continuidad. Parece obvio, ¿verdad?

Pues lo cierto es que la mayoría hacemos justamente lo contrario. En estudios sobre las costumbres de personas que intentaron hacer cambios en su vida y fracasaron, encontraron que en la mayoría de los casos existía un patrón que se esforzaba muy poco en premiar los avances y que se castigaban más duramente por los retrocesos.

Acaba con el conocido síndrome de “sería bueno lograrlo”

Diferenciar bien entre “agradables de tener” y “necesarios de tener” es un buen punto de partida. En el momento en que nos lo proponemos, nos parece necesario ahorrar, estar en forma, dejar de fumar, o tener mejores estudios. Pero para cuando acaben las fiestas, ya estaremos enfocados en situaciones aparentemente más “urgentes” y nuestras metas “agradables de tener” se acumulan en un segundo plano. Aquellos que, a pesar de sus urgencias (ellos también las tienen) mantienen sus metas, lo hacen diferente. El compromiso les asegura evitar el síndrome de “sería bueno lograrlo”. Por tanto, debemos encontrar maneras de mantenernos comprometidos para seguir avanzando en lo que realmente es importantes para nosotros.

Un motivo de peso, por favor

Para evitar caer en el pozo anterior, hay que tener claro “¿por qué es tan importante para mí?”, “¿por qué quiero conseguirlo realmente?”, ya que el poder motivador de cualquier meta se encuentra detrás del porqué lo queremos en lo más profundo de nuestras emociones. Déjalo por escrito para recordarlo cuando perdamos energías. Ten claro el porqué de tu objetivo y la motivación vendrá detrás.

Determina qué es lo que quieres, lo que necesitas para empezar y empieza. Antes de que te des cuenta, estarás celebrando tus éxitos.

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