Formas de sanar (Autolesiones II)

NO ESTÁS SOLO

31416707_10214556213435668_5154302873348981578_n (1).jpgSi te autolesionas, o si piensas en lesionarte, piensa que es un signo de una situación que tiene remedio con la colaboración adecuada. Habla con alguien de confianza, como un amigo,  un familiar cercano, un profesor, un orientador escolar que te pueda ayudar a dar los primeros pasos para buscar la ayuda necesaria. Puedes sentirte avergonzado o incómodo al hablar de tu comportamiento, de tu dolor o de tu incertidumbre. Pero si das el primer paso encontrarás  apoyo, atención y ayuda sin prejuicios.

Si es tu amigo el que se autolesiona, puedes sentirte  confuso o atemorizado, pero estoy segura de que quieres ayudarle. Coméntalo igualmente con un adulto de confianza que creas que pueda ayudar sin juzgar a tu amigo. Aunque puedas sentir que estás traicionando su confianza, es algo importante como para ignorarlo o afrontarlo solo. Piensa que no solo conseguirás que deje de autolesionarse, tu colaboración servirá para calmar un dolor más profundo, más allá de las heridas en sus brazos o piernas.

No hay manera segura de prevenir esta conducta de autolesión, pero podemos contribuir a gestionarla identificando a la persona en riesgo, así como las señales que indican la existencia de problemas. Ofreciendo ayuda y entrenamiento en habilidades resilientes y gestión de emociones, y habilidades para relacionarse y comunicarse, ya que muchos de ellos se sienten solos y aislados.

Es fundamental fomentar cauces de comunicación efectiva con los niños. Enseñarles desde pequeños a expresar sus sentimientos y temores hace más sencillo que consigan gestionar sus emociones saludablemente. Aumentar el diálogo sobre la influencia de los medios de comunicación. Enseñarles a pensar críticamente sobre influencias de riesgo y crear conciencia entre los iguales, para animarles a buscar ayuda.

IMG_4026.JPGTambién es determinante la observación de cambios significativos en el comportamiento y la búsqueda de ayuda profesional. Se necesita realizar una intervención personalizada, para ayudarle a aprender formas más saludables de enfrentar la situación.

La tendencia a ocultar el problema aumenta estos riesgos ya que, ante una falta de diagnóstico es imposible el tratamiento por parte de profesionales. En la gran mayoría de los casos el diagnóstico se hace muy complicado debido a la intencionalidad de ocultar el problema por parte del adolescente. La vergüenza, la culpabilidad y el miedo a ser interrogados y juzgados les lleva a ocultarlo. Por lo que para conseguir los resultados positivos en la terapia es imprescindible el apoyo de la familia. No cuestionarlos ni juzgarlos a ellos (ni tampoco cuestionarse como padres) será determinante para que se atreva a enfrentarse al problema. Con la ayuda de profesionales es posible aprender a administrar los conflictos internos y externalizar el dolor de forma sana y eficiente sin causar daño físico.

Puede ayudarte revisar la siguiente información de la Sociedad Internacional de Autolesión

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