Aguantar de más… La terrible consecuencia de ser siempre fuerte.

 

“Sabes que algo anda mal cuando sientes cansancio del que no se cura durmiendo”

     Últimamente se percibe alrededor una esfera de tensión mal gestionada. Cada vez son más las personas que sienten una verdadera agonía con su día a día por el entorno laboral, las dificultades económicas, las presiones sociales, las expectativas no alcanzadas, los problemas familiares, las discusiones entre los colegios y las familias, un tráfico caótico, desmotivaciones u otras incertidumbres vitales.

     ¿Cómo es posible que todo esté tan gris?, ¿Qué tendremos que ver nosotros, o nuestra actitud, frente a este descontento tan generalizado?

     Además del evidente mal contagio que sufrimos los seres humanos, algo tiene que ocurrir para no ser capaz de afrontar lo cotidiano con un poco más de serenidad y entusiasmo. Es cuanto menos curioso que cuando contamos con más comodidades que en toda la historia de la humanidad, resulta que más agotado anda todo el mundo. ¿Agotados emocionalmente?

Estar cansado después de una larga jornada de trabajo o un episodio puntual estresante es normal, ya que tras un descanso reparador se recuperarán las energías de nuevo. Pero, ¿qué ocurre cuando ese cansancio se intensifica y no desaparece?

     El agotamiento emocional es un estado más común de lo que creemos, tanto que a veces lo pasamos por alto. Y normalmente esconde detrás un estado profundo de tristeza no gestionada que perdura en el tiempo.

      Nuestro estado de ánimo está estrechamente relacionado con nuestro estado físico, y cuando se ve seriamente dañado, afectará también a nuestro bienestar físico, sintiendo entre otras cosas, que no tenemos la suficiente energía para afrontar nuestro día a día.

     Por ese motivo, la desesperanza aparece cuando confundimos la tristeza con el cansancio físico.

Estos son algunos de los síntomas a los que prestar más atención:

  • Te cuesta mantener el autocontrol. Estás nervioso. Incómodo. Te sientes irritado, molesto constantemente por todo cuanto ocurre, de mal humor y demasiado sensible ante cualquier hecho.
  • Sientes cansancio físico constante, mal cuerpo, fatiga, incluso habiendo descansado bien por la noche. Somatizas dolores de estómago, espalda, cuello o cabeza.
  • Sensación de estar sobrepasado y sin fuerzas para continuar.
  • Te sientes confundido, con algunas dificultades para concentrarte o pensar con facilidad incluso sobre cosas cotidianas que haces normalmente. Además te ocurren olvidos frecuentes, dificultades para recordar cosas incluso de vital importancia.
  • Tu consumo de alcohol o tabaco se ha disparado y tu alimentación es cada vez más inadecuada.
  • Sientes insomnio, por estar dando vueltas y rumiando sobre aquello que te tiene preocupado.
  • Empiezas a notar un distanciamiento afectivo, tus emociones comienzan a ser cada vez más planas e incluso en ocasiones parece que no sintieras nada, ni agradable ni desagradable.
  • Notas una falta de motivación en todos los aspectos de la vida, empiezas a actuar de manera mecánica, como si estuvieras obligado a hacer incluso lo que antes te gustaba. Actúas sin mostrar ninguna clase de entusiasmo o interés por actividades, incluso las de ocio y tiempo libre. Todo se convierte en una obligación.

     El agotamiento emocional es un estado de cansancio al que se puede llegar por una sobrecarga de esfuerzo, de mantenerse un tiempo prolongado asumiendo responsabilidades, conflictos, presiones de tipo emocional o cognitivo por encima de nuestras posibilidades. Se produce cuando hay un desbalance entre lo que damos y recibimos. Lo que nos genera una incomodidad psicológica y emocional. Puede darse en el ámbito laboral, entre parejas y sobre todo, en quienes cuidan o conviven con personas dependientes, narcisistas, depresivas, maniacas y obsesivas.

     Sucede en ámbitos de gran exigencia, que demandan grandes sacrificios prolongado a lo largo del tiempo. Especialmente promovidos por el miedo, la amenaza, la incertidumbre o el ataque emocional continuado por parte de alguien del entorno, que llevan a la persona a no tener tiempo para sí misma. A esto se le añade la falta de reconocimiento, afecto o consideración, ya que estos perfiles suelen estar rodeados de personas que exigen cada vez más de ellas y que esperan mayor rendimiento del que estas pueden afrontar. Como si no tuviera necesidades, o como si fuera más fuerte que el resto y pudiera aguantarlo todo.

     El desencadenante definitivo es cuando surgen cambios vitales importantes y existe una historia previa de problemas pendientes o situaciones sin resolver que aumenta la carga pesada que soportar.

    Esta fatiga o malestar convertido en síntomas físicos es el resultado de exigirle a nuestro sistema de afrontamiento más de lo que puede dar, o bien, de no darle tiempo a que se recupere entre desafío y desafío. A esta situación no se llega de un momento a otro, sino que se va desarrollando de manera paulatina, casi imperceptible, hasta sentir que nos desplomamos emocionalmente. Una especie de decepción, como si se hubiese esfumado las expectativas o esperanzas personales, sentimos que la vida nos pesa, que no queda más remedio que tirar la toalla, por la percepción de imposibilidad de mejorar o salir de esa situación.

      Es en ese quiebre en que las personas pueden sumergirse en una depresión profunda, en una enfermedad crónica o en una situación de indefensión y desamparo emocional o funcional. Este colapso trae importantes problemas de autoestima porque la persona se siente sobrepasada y deja de recordar sus logros y de confiar en sus capacidades. Porque incluso cuando se sacan fuerzas de donde no hay en un último intento por salir adelante, la falta de voluntad debido al cansancio nos hace fracasar una y otra vez en nuestros propósitos desesperados, lo que nos lleva a sentirnos más débiles, más agotados y más indefensos.

Lo más preocupante de todo es que cuando se cae en esta espiral y no es diagnosticada adecuadamente, resulta muy difícil de sobrellevar, dejando en muchos casos secuelas de recuperar. La situación empeora, nuestro entorno social se agrava y se vuelve más agresivo, los apoyos externos disminuyen y uno se siente a la deriva.

     Por suerte, siempre hay maneras de recuperar el rumbo y disfrutar de una travesía tranquila y sosegada… ¿Quieres saber cómo revertir esta situación?

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