La EBAU y no morir en el intento IV: “Un poquito nervioso”

449be1dd-8ce5-4b1a-89ec-7298f53431d3Por fin ha llegado el día “D”. Ha llegado la hora y el momento del que tanto has oído hablar estos dos últimos años.

¿Qué podría decirte en cuestión de minutos que no te haya dicho ya este último mes? ¿Algo que te ayudara un poco más que un simple “mucha suerte”? Cuando además confío plenamente en que tu capacidad no la necesitará.

Allá voy. Haré lo que pueda. Todos te desearán mucha suerte. Yo además, te deseo que te pongas un poquito nervioso.  Y no, no me he vuelto loca.

Lo llaman examen. Pero cuando no te juegas absolutamente nada más allá del tiempo y el esfuerzo realizado (a base de mucho sacrificio) prefieres vivirlo como un desafío.

Así que por un momento, pongamos que mañana no te juegas nada. Llámalo reto. Objetivo. Adrenalina. Competición contra ti mismo. Competencia. Superación. Dominio.

Pronuncia varias veces estas palabras en voz alta. Repítelas una y otra vez. Grítalas. Memorízalas. Hazte con ellas. Te prometo que cambiarán tu forma de ver el día de mañana y tu motivación.

Sentirás que empieza a desaparecer el miedo y sentirás cierto orgullo. Se le llama adrenalina. Y la huida y el bloqueo que habitualmente genera el miedo, pasará a convertirse en fuerza. Así que, a tope de adrenalina.

¿Por qué te deseo un poco de nerviosismo? ¿Qué pasa en nuestro cuerpo cuando nos ponemos nerviosos?

Nuestro cerebro interpreta que  podemos estar en peligro y produce precisamente una descarga de adrenalina que activa el corazón. Es cierto que el ritmo cardiaco se incrementa, los músculos se tensan, la respiración se acelera y parece que algo no va bien, pero esta es la forma que tiene nuestro organismo de preparar al cerebro para que aumente su actividad. Todo ello para luchar por la supervivencia… o por la mejor nota posible; que a estas alturas, parece casi lo mismo.

Nos ponemos  nerviosos cuando sentimos que debemos dar una respuesta encaminada a reaccionar ante un cambio que nos supone, a priori, alguna posible dificultad. Algo que se escapa de nuestro control. Y lo consigue liberando unas sustancias químicas llamadas hormonas y neurotransmisores que alteran el funcionamiento de ciertas partes de nuestro cuerpo. Pero esa dificultad casi nunca es real. Es solo una percepción y una interpretación.

Ante esta información, el sistema nervioso autónomo, que no se puede controlar voluntariamente, actúa en consecuencia. Pero este sistema nervioso involuntario se divide en un sistema simpático, que funciona como acelerador, y un sistema parasimpático que, al contrario, funciona como freno o regulador. ¿Cuál te interesa ahora mismo?

Si, efectivamente, este sistema no se puede controlar a priori de forma voluntaria, ¿cómo puedes aprovechar tus nervios para utilizarlos según te convenga?

Pues muy fácil. La respuesta de ponerse nervioso implica a las emociones y a la propia consciencia. Explicarte esto es algo más complicado, pero vamos a la parte que te interesa ahora mismo. Todos tenemos un centro nervioso (locus coeruleus,) que se encuentra en la parte emocional del cerebro y que es el encargado de interpretar si los estímulos que llegan son tan importantes como para hacer saltar la alarma. A veces para bien, ya que cómo gestionemos nuestras emociones puede influir en cómo responderemos hacia el mismísimo éxito o al más absoluto fracaso. A nivel químico, todo depende del cortisol, como principal defensa. Pero esta hormona mañana no nos interesa mucho.

En otras palabras, siempre has sido un competidor nato. Un ganador. Y los ganadores se diferencian por ser capaces de caminar en medio de las tinieblas para salir exultantes. Y es porque aprovechan esos nervios para convertirlos en adrenalina. En empuje. En la fuerza necesaria para perseverar en aquello que sueñan y persiguen al mismo tiempo.

La adrenalina, una catecolamina más conocida como la hormona del estrés, le permite a tu cuerpo reaccionar en casos como este, de emergencia. Pero lo que más nos interesa ahora es que está altamente asociada con la capacidad de automotivación y de ser productivos, eficientes y exitosos.

Un competidor feroz siente  en los momentos previos al examen algo parecido al miedo o a la incertidumbre. A veces tan agudo que parece que hemos olvidado absolutamente toda la materia del examen. Gracias a Dios, se trata solo de una sensación.

Si conseguimos enfocar estos nervios en adrenalina y encaminarlo hacia esa parte optimista de motivación, automáticamente generaremos endorfinas, que estimulan el placer y, curiosamente, tienen un efecto relajante en el cuerpo, que será el que te ayude a sobrellevar cada prueba de la mejor forma posible.

En cuanto comience el examen, puedas leer las preguntas y compruebes que sabes mucho más de lo que en realidad creías, esta misma hormona provocará estados de euforia y bienestar. Y todo fluirá solo.

Haz como Nadal, cambia la palabra miedo por adrenalina. Esos nervios sirven para  llevarte a estar acojonado o a venirte arriba. Nada asegura que  los límites son como el trapo rojo ante el toro: una espuela en el ánimo, algo abordable. Una motivación.

Si por el contrario, nos seguimos sintiendo inseguros, es el momento de apelar a tu propia determinación. Llámalo fortaleza mental, instinto, creatividad. Es uno de tus grandes talentos. Confía como nunca en ti y exprímelo. El caso es que nunca debes quedarte parado ni bloqueado; sino pasar a la acción, recurrir a todos tus recursos cognitivos previos e ingeniar una respuesta lo más lógica posible. Pronto se irán reconduciendo las cosas. Has estudiado. Tus conocimientos están en algún cajón de tu memoria. Actívate. Empieza a generar una respuesta creativa y pronto comenzarán a fluir los conocimientos.

Se trata de ser un protagonista activo de esos instantes de tensión. No dejes que los nervios te dominen. Al contrario, sácale todo el partido a tus nervios. 

Si no te sabes una respuesta, no pierdas ni tiempo ni energía en enfadarte. Mantente con una actitud positiva e intenta seguir con creatividad hasta el final. Siempre hay opciones de retomar la calma y de que las cosas cambien, si mantienes la actitud adecuada.

Si te quedas en blanco a causa de los nervios, para en seco y escribe en un folio 10 palabras que empiecen por la misma letra; así desconectarás un momento del examen y podrás volver en pocos minutos a estar concentrado. Recuerda que no te quedas en blanco por falta de conocimiento, sino porque tu sistema nervioso te está jugando una mala pasada en un momento muy inoportuno. Hazte con el control y recondúcelo.

Pero en esa elección mide la importancia que tienen las palabras. Cuida tu discurso. Las palabras que usamos en nuestro discurso terminan por definir nuestra realidad.

Concéntrate para el desafío. Vete a la guerra con el único propósito de dar lo mejor de ti. Pero vete convencido de tus fuerzas. Tu cuerpo desencadenará la famosa “triada”: la dopamina, la adrenalina y la serotonina. Esta última es la que te dará la serenidad, la calma y  el sosiego para tomar buenas decisiones. Piensa detenidamente las respuestas, siente la emoción que te genera y disfruta de cada uno de los desafíos que supone este examen. En tres días estarás de vacaciones y esto solo será un vago recuerdo.

¡Vamos!

Un comentario sobre “La EBAU y no morir en el intento IV: “Un poquito nervioso”

  1. ¡Brillante narrativa! Pero creo que le has explicado tantas variables del sistema nervioso central; y sus consecuencias en el cuerpo humano…que tengo mis dudas en que se presente al examen y en lugar de tres, se tome cuatro días de vacaciones. Un cálido saludo.

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