Transformación

 

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¡Gracias!

 ¿Tía, qué están haciendo ustedes?
-esperando a que pase una libélula.
¿Para qué?
-porque mi amiga no las conoce y quiere ver una…
Yo tengo un libro que tiene el dibujo de una libélula.
-la libélula del libro no sirve.
¿Por qué?
-porque ella quiere escribir un haiku *.
¿Qué es haiku?
-es esperar que pase una libélula.

-Del muro de Nélida Cañas-

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Si estas palabras han llegado hasta ti, tengo la sospecha de que esta vez no será una casualidad. Te pediré que tengas un poco de paciencia, algo de curiosidad y que continúes leyendo para que llegues hasta el final y lo descubras.

Todo empezó cuando Alvin murió. No fui capaz de despedirla como merecía porque ¡cómo cuesta decir adiós!  Cómo cuesta poner un punto y final a las historias. Por apego o porque nos aferramos sin tregua a aquello que queremos, a lo que forma parte de nuestro camino, nuestro equipaje, nuestro álbum de fotografías. Lo cierto es que tanto a la pena, como al amor, al dolor o al miedo cuesta mucho encontrarles las palabras correctas. O al menos aquellas que se le parezcan.

Pero tratándose de ella, conociéndola tanto como la conozco y habiendo mirado soñadora tantas veces a las estrellas, tenía la certeza que había partido de esta vida con una bendición. Y esa bendición ahora formaba parte de mí. Había depositado en mis manos la admiración, la fantasía, la perseverancia, la lucha, lo esencial, las entrañas y unas pisadas en un suelo blanco y rojo que, después de todo, seguirán en este mundo cada vez que yo le dé continuidad en su nombre y con su ejemplo. Por algo será que nos cuesta tanto decir adiós.

Porque llevó siempre consigo unas enormes ganas de vivir, como si no hubiera un mañana. Quizá porque a menudo era consciente de que el mañana no depende nunca de nosotros. Y sabía reconocer qué era importante y cuándo era importante. No creía en la celebración de los momentos especiales. Ella era capaz de hacer de cada día un momento para celebrar.

Es justo por eso que siento que no puedo hacerle esto. No puedo aferrarme a un pasado que ya no existe. No puedo dudar a la hora de decirle adiós, su barquito de papel no puede quedar varado por más tiempo; y ahora toca esperar a que un día vuelva a ver “batir sus alas”. Porque ha llegado el momento de la transformación.

Las que fueron siempre sus ganas de vivir no permiten más tiempo de espera, ni más tristeza; uno tiene casi la obligación de seguir viviendo con sus mismas ganas. Se lo debo. Espero que sepa perdonarme el tiempo que he tardado en darme cuenta. 

“Mi cazador de libélulas,¿hasta dónde se me habría extraviado hoy?” -Haga no Chiyo-

Tan importante fue para mí, que es mi única intención conseguir despedirme con la misma alegría y con el mismo cariño con los que compartí sus días más felices. Y aunque me cueste la misma vida las despedidas, hace 16 años aprendí una importante lección para comprender, sin más, el verdadero significado de despedir a alguien, de poner un punto y final o pasar página en algún episodio de la vida.

Y no he encontrado, hasta hoy, mejor ocasión para compartirlo:

 “En el fondo de un viejo estanque vivía un grupo de larvas que no comprendían por qué cuando alguna de ellas ascendía por los largos tallos de lirio hasta la superficie del agua, nunca más volvía a descender donde ellas estaban.

Se prometieron unas a otras que la próxima de ellas que subiera hasta la superficie, volvería para decirles a las demás lo que le había ocurrido.

Poco después, una de dichas larvas sintió un deseo irresistible de ascender hasta la superficie.

Comenzó a caminar hacia arriba por uno de los finos tallos verticales y cuando finalmente estuvo fuera se puso a descansar sobre una hoja de lirio. Entonces experimentó una transformación magnífica que la convirtió en una hermosa libélula con unas alas bellísimas.

Trató de cumplir su promesa, pero fue en vano. Volando de un extremo al otro de la charca podía ver a sus amigas sobre el fondo. Pero sus amigas no podían verla a ella.

Comprendió que incluso si ellas a su vez hubieran podido verla, nunca habrían reconocido en esta criatura radiante a una de sus compañeras”

Del libro «Cuentos para crecer y curar» de Michel Dufour


La moraleja no puede ser más simple: que después de esa transformación que llamamos muerte, despedida o final no podamos volver a ver a nuestros seres queridos, ni comunicarnos con ellos, no significa que hayan dejado de existir en nuestra vida, ni mucho menos que hayamos dejado de quererlos … El amor sencillamente se transforma.

«LA MUERTE, NO ES MÁS QUE UN CAMBIO DE MISIÓN». (León Tolstoi)

Quien sabe de lo que hablo, quien ha visto una libélula, o sueña con verla y reconocerla, ha entendido una forma superior de amar. Un amor incondicional que continúa aunque no puedas ver, aunque no puedas tocar, oler o escuchar. 

Es el amor que permanece pese a todo. El amor que empaña nuestra mirada de nostálgica alegría al recordar los aprendizajes que merecen la pena, que sobreviven al tiempo y al espacio físico.

Quien ha pasado el duelo y lo ha vivido sabe bien de qué hablo y estará de acuerdo conmigo en que no hay palabras que lo expliquen, pero esa transformación es un sentimiento oceánico, cumbre, privilegiado.

Así que cuando veas una libélula rondar tu vera, no intentes capturarla o perseguirla, es un hada de alma libre, alguien que intenta cumplir su promesa con algún ser querido que seguramente lo estará echando de menos.  

Contempla serenamente su vuelo y déjala partir.

Cuenta la leyenda que al principio de los tiempos, cuando apenas se habitaba la Tierra, las almas se transformaban en hadas para ayudar a sus seres queridos con sus labores diarias con magia. Para no tener que partir. Pero tenían prohibido establecer vínculos para no alterar el orden de la naturaleza. Sin embargo, como Eva en el paraíso, algunas hadas desobedecieron, siendo castigadas convertidas en libélulas sin la posibilidad de hablar, aunque seguían leyendo los pensamientos, mantenían la intuición, la belleza y la magia para conceder sueños y deseos.

Años más tarde se les ofreció volver a su forma original pero ellas no quisieron renunciar a su cuerpecillo de libélula, sintiéndose mucho más libres de apegos.  Y vivieron para siempre así.

Y hoy en día nos recuerdan que en un lugar en donde hubo dolor, nació algo mágico y bello. Pensamientos que ayudan a sanar emocionalmente las heridas de la nostalgia.  Y lejos de misticismos en los que cada uno decide si creer o no, el baile de las libélulas con el viento es una lección que aprender. ¿Cómo de rápido somos capaces de adaptarnos a las circunstancias de cambio que nos propone la vida? Paciencia, resiliencia y constancia.

¿Debemos aferrarnos a la forma en la que esperamos que sean las cosas o estamos dispuestos para vivir tal cual acontece la vida?

Seamos capaces de adaptarnos, aprendamos a ser flexibles y a continuar con la nostalgia como parte de la vida.

La magia no existe porque nadie cree en ella. Pero cuando necesitas creer en la magia para que las personas que son parte de ti no se vayan del todo, la magia de las libélulas  no defrauda.

Recuerda que el amor de quien partió se transforma, no muere, pervive en alguien especial para ti que lleva su esencia. Y si has llegado hasta aquí, tanto si has visto alguna vez “tú libélula”, rondando tu ventana como si no, ha llegado el momento de sorprenderte.

Siempre habrá alguien dispuesto a alzar el vuelo de una libélula en tu vida. Hay una para ti. Deseo que la encuentres y puedas escribir tu propio *haiku.

 

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Pincha para ver tu libélula

Volar… con libélulas que vuelan conmigo

Sabes que tengo miedo a la oscuridad. Aunque no haya nada que me guste más que estar a solas. Porque cuento con tu luz. Porque a pesar de mis profundos miedos has iluminado el pasillo. Y me acompañas aún cuando estoy en pijama.

“Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso” – Jose Luis Borges-

Miedo a no sentirme querida. Aunque haya algo, desconocido, incluso cuando me equivoco; pero siempre oigo una voz que me dice que tengo derecho a torcerme en la vida.

Miedo a no tener oportunidad de volver atrás, cuando en realidad prefiero mirar al frente, pase lo que pase.

Hoy he descubierto que a pesar del pasado, que existe y procuro tenerlo en cuenta, hay un presente que ha conseguido hacerme ilusión, que mantuvo la esperanza… esa que nunca perdí, por muy fea que se pusieran las cosas. Seguir leyendo “Volar… con libélulas que vuelan conmigo”

Ciencia y más…

“El camino marca una dirección. Y una dirección es mucho más que un resultado”

La energía armónica y pacífica de la contemplación vacía la mente. Y a veces ese vacío se agradece.

No soy amiga del argumento simple de la energía que fluye. Me he terminado por convencer, o por convertirme, en alguien de ciencias (o simplemente he aprendido a tenerla en cuenta).

Pero en esa ciencia debe haber algo más, algo que no consigo explicar (ni siquiera consigo entender), pero que me lleva a apostar por la intuición. Algo que por algún motivo nos lleva a seguir cuando todo indica que no.


No basta solo con saber, hay que sentir lo que se quiere saber. O al menos lo que creemos querer saber. O lo que creemos querer sentir.

Experimentarlo y hacerlo tuyo es fácil. Lo difícil es hacerlo sentir a los demás cuando de verdad tú crees en algo. Como la esencia de tu interior. Por muy insegura que puedas mostrarte, tú la percibes e incluso en algunos momentos consigues complacerte en ella.
Pero lo difícil es enfrentarla. Apostar por ella. Todos deberíamos tener alguien que te insista para apostar. Que vea con claridad lo que tú intuyes, lo que tú sientes. O al menos que te haga pensar que ve y que cree en lo mismo que tú intuyes. Entonces, por algún motivo, todo cambia.

Solo depende o exige una versión más fuerte. O eso parece. Pero el único esfuerzo que te pide es que rompas con los dichosos muros mentales y los conviertas en balcones, puertas o ventanas. Incluso a veces te vale con un pequeño agujero por el que entre la luz.

Lo que no sabes es que ese muro puede ser de papel. Débil. Fácil de derribar, sobretodo si tienes alguien que te ayude a golpearlo. Aunque no lo ves porque nadie te lo ha enseñado antes.

Si te decides, puede que resulte hasta divertido. Si no lo intentas, nunca lo sabrás. ¿Qué tienes que perder que sea tan importante como para no intentarlo?

Sin embargo, no tengas prisa. O si. Cuando llegue el momento adecuado, lo sabrás. Y tu prisa tendrá sentido.

Eso lo aprendí de alguien que decía plenamente convencido ser de ciencias, pero me pedía desesperadamente que tuviera fe.

Imposibles, expectativas y otras creencias ajenas (Autoestima II)

¿Quién dijo que no se podía tener todo? ¿Quién aseguró que no era posible cumplir los sueños ? ¿Quién frivolizó con que los cuentos de hadas son solo cuentos? ¿Quién nos convenció de que no hay finales felices?

¿Quién nos repitió tantas veces que no era posible ? ¿Quién nos arrastró a la idea de que había que conformarse? ¿ Quién nos hizo creer que no éramos válidos, suficientes o competentes? ¿Quién consiguió hacernos sentir tan poca cosa?

¿Quién? ¿Quién me dijo tantas veces que no soñara la vida que quería? ¿Quién me pidió que desbancara todas mis esperanzas? ¿Quién me aseguró que perdía el tiempo? ¿Quién me hizo conocer el concepto de fracaso? ¿Quién le dio al fracaso, al error, una connotación negativa ?

¿Quién nos acusó de no sentar la cabeza ? ¿Quién nos juzgó por andar descarriados? ¿Quién se atrevió a decir que algo era un error? ¿Quién nos tachó de ingenuos? ¿Quién nos enseña a diario, con un trabajito fino, que no es posible, suficiente, alcanzable? ¿Quién nos genera tantas expectativas erróneas que nada tienen que ver con la realidad?

¿Por qué casi me convierto en esa persona que le dice a los niños que los “y si …” no existen? ¿Por qué casi olvido que podemos llegar a ser el único espejo en el que personitas inocentes descubren lo que valen? ¿En qué momento uno olvida que puedes cambiarle la vida a alguien? Aunque sea a una sola persona.

Seamos locos. Seamos soñadores. Seamos borrachos que se atreven a decir lo que sienten. Seamos tan perdedores que arriesguemos todo, porque no hay nada más que perder. Seamos tan perdidos o descarriados, que no nos quede más remedio que ser valientes. Seamos felices. Sólo eso. Sólo.

Anima al otro a ser loco. Empújalo sin miedo a que sea soñador empedernido. Comparte copas hasta compartir verdades que se sienten tan en el fondo de ti. Arriesga. No le metas miedo a nadie en el cuerpo. No dejes que se lamente la vida entera por no haberlo intentado. Hazle creer que es posible hasta cuando ni tú eres capaz de verlo posible. Insiste. Persevera. Hasta que lo crea.

Sé promotor del cambio. S´r gigante y regala el poder al otro para que sea valiente en su propia batalla. Incluso hasta cuando tú estés cagado de miedo. Porque llegará tu momento. Pero hasta entonces, sé feliz dando felicidad. Sólo eso. Sólo.

No seas tu mayor enemigo. No te conviertas en la sombra del enemigo ajeno.

 

Autoestima

 

“Hay demasiadas personas que sobrevaloran lo que no son 

y subestiman lo que son”.

(Malcolm Forbes)

Hoy tocaba examen de matemáticas y mientras se repartían las hojas, Paloma ha pensado en voz alta:- “no sé para qué lo hago, si seguro que voy a suspender”. 

Un ocasión ideal para explicar la importancia de confiar en nosotros mismos, si queremos afrontar (poco a poco) esas dificultades con una actitud  de iniciativa. Proactividad en lugar del lamento. 

– “Puede que suspendas, no lo sabemos. Pero no es lo mismo que suspendas con un 1 a que suspendas con un 4. Con un 4 hoy, estás más cerca de un aprobado la próxima vez. Así que ni siquiera te voy a pedir que hagas el examen creyendo que puedes aprobar. Sin embargo, sí te voy a pedir que lo hagas con todas las ganas que encuentres dentro de ti para sacar la mejor nota posible, aunque suspendas. Con eso me sentiré tremendamente orgullosa de ti

Paloma sonrió conforme y me contestó: – “Poner ganas sí sé hacerlo”. Y comenzó a responder el examen. Seguir leyendo “Autoestima”

El síndrome de Lucio

“La palabra ‘elección‘ es un fraude

mientras la gente elija sólo lo que le han enseñado a elegir” 

Idries Shah

Seguro que mientras leas esto pensarás en lo obvio de esta situación y la poca relevancia que tiene sobre nuestra vida. Pero pregúntate antes de empezar a leer cuantas cosas no haces porque piensas que “no se te da”, cuántas te limitas o te castigas por miedos, complejos o inseguridades aprendidas. Cuantos “NO” has pronunciado a los demás (y a ti mismo) porque en alguna ocasión anterior las cosas no salieron bien. Seguir leyendo “El síndrome de Lucio”

Penitencia

No hay mejor ciencia, que paciencia y penitencia”

 

Nunca escuchó un reproche tan tajante y categórico en su discurso. Nunca llegó jamás un sonido tan amenazante a sus oídos. Aquella frase se grabó en su memoria como fuego, como un mal presagio. El martilleo tañó durante meses en el silencio de su pensamiento: “su vida sería su propia penitencia”. 

Aquella sentencia sonó a un castigo mayor, desproporcionado, que le perseguiría hasta Dios sabe cuándo. Que al mismo tiempo sentía no merecer.

O puede que sí. Y sintió un miedo atroz. Mezclado con el dolor de su conciencia. Como si esa penitencia no llevara ya arrastrándola la vida entera.

Maldita conciencia cuando funciona bien.  ¿O bendita conciencia?

El presagio se cumplió. Su vida se convirtió en su propia penitencia. Pero quién dijo que no se pudiera disfrutar de esa bendita penitencia. 

Lo que daba miedo fue su soberbia en esa acusación tan directa. De alguien que sólo intenta hacer daño. Porque ni el amor ni el odio de verdad pueden expresarse con palabras, y menos en una sola frase.

Se cae en la intención de hacer daño con frases letales cuando ya no queda ni el suficiente amor para el respeto. Cuando ya se había contagiado del exceso de soberbia por el poder durante un breve espacio de tiempo. 

La vida te hace caer en la misma piedra hasta que aprendes. Curiosa fue su sorpresa al descubrir que ella sí había aprendido. Aunque fuera con años de retraso. Hasta volver al lugar donde 10 años atrás tuvo que soportar las más duras penitencias. Y miró donde siempre había mirado para ver cosas que nunca había visto.

“Pero si algo habían aprendido juntos era que la sabiduría nos llega cuando ya no sirve para nada” (Gabriel García Márquez, El amor en los tiempos del cólera)

Nunca una penitencia había llegado en tan oportuno momento. Porque, querido rey de la perfección, la penitencia llega impuesta desde el escalón de un error más grave: el juicio. 

¿Quién será, pues, capaz de enjuiciar? Desde la humildad y la absoluta falta de soberbia se juzgan y se asumen solo los propios errores; esos que no nos permiten juzgar a los demás. Quizá sirvan para hacernos entender que los errores se cometen por alguna razón. A veces por miedo, por inseguridad,… Vete tú a saber.

Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos. Sólo son errores de aquellos que intentan aprender en el camino. De los imperfectos. De los que viven. De los que se atreven. Lecciones que permiten comprender cuánto nos queda todavía por aprender. Cuánto por crecer. Y son precisamente los errores más graves los que crean empatía con los tropiezos de los demás.

Así que por esta vez su penitencia consistirá en guardar el dedo acusador en el bolsillo para no enjuiciar a los demás, ni siquiera a uno mismo. Para escuchar, comprender y apoyar al que se tropieza igual que nosotros. Para entender, para ver desde otro punto de vista. Para aprender a perdonar a los demás. Para asumir y seguir. Porque nunca debemos escupir hacia arriba. 

Gracias por el regalo de la penitencia que tu dedo acusador dejó en sus manos.

El pacto de Alicia

“—¿Pero tú me amas?— Preguntó Alicia.

—¡No, no te amo!— Respondió el Conejo Blanco.

Alicia arrugó la frente y comenzó a frotarse las manos, como hacía siempre cuando se sentía herida.

—¿Lo ves?— Dijo el Conejo Blanco.
Ahora te estarás preguntando qué te hace tan imperfecta, qué has hecho mal para que no consiga amarte al menos un poco.

Y es por eso mismo que no puedo amarte.

No siempre te amarán Alicia, habrá días en los cuales estarán cansados, enojados con la vida, con la cabeza en las nubes y te lastimarán.

Porque la gente es así, siempre acaba pisoteando los sentimientos de los demás, a veces por descuido, incomprensiones o conflictos con sí mismos.

Y si no te amas al menos un poco, si no creas una coraza de amor propio y felicidad alrededor de tu corazón, los débiles dardos de la gente se harán letales y te destruirán.

La primera vez que te vi hice un pacto conmigo mismo : “¡Evitaré amarte hasta que no hayas aprendido a amarte a ti misma!”—

Por eso Alicia no, no te amo.”

Extraído del libro “Alicia en el país de las maravillas”

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Las cabras no siempre tiran al monte

Sentenció categóricamente que las cabras siempre tiran al monte. Una intención fallida de ofender(me) o cuestionar(me). Pero no ofende quien quiere, sino quien puede.

Resulta todavía más curioso cuando la expresión viene de alguien que se dedica a la educación, dudando de la capacidad del ser humano para transformarse y reconstruirse. De la metamorfosis de las orugas. Igual que una bonita rosa (al parecer como él), en cualquier momento puede marchitarse, bien puede crecer una margarita en medio de un jardín abandonado, incluso rompiendo el asfalto.

Y así, tan solo me pregunto con qué finalidad va cada día, entonces, al aula. Con qué propósito se da a sus alumnos. Con qué esperanza se propone objetivos en su vida, si nada cambia y al final terminamos todos tirando al monte.

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He de confesar que precisamente porque tengo la seguridad de que no todas tiran al monte, estas pequeñas ovejillas negras son mi debilibidad, mi ojito derecho. Siento predilección por todo lo que aún está por demostrar. Mi apuesta siempre va por quien nadie apostaría un duro. No solo porque es donde reside el verdadero reto de mi oficio, sino porque el instinto siempre ha permitido encontrar en ellas la oportunidad, el valor y la esperanza por esa condición innata que tenemos las cabras (y los humanos) de evolucionar. Pero todo a su debido tiempo, que afortunadamente no todas las semillas florecen a la vez. 

Cabrón,chivato, irasco, cabrito, chivo, cabra loca, oveja negra, descarriada o aquella que tira al monte….son (en manos de un buen pastor) auténticos regalos por descubrir.  Incluso según leyendas, mitologías y constelaciones, algunas de estas cabras no solo tiraron al monte, algunas llegaron al cielo. 

Me siento cómoda con ellas. Conozco bien a mi rebaño porque siempre fui, perdón, sigo siendo una de ellas. Por suerte di con alguien que debió confiar en mí y ver más allá de mi desgana. Aunque hoy no pueda leer esto. 

Que la cabra siempre tira al monte hace referencia a la naturaleza, al instinto, a la actitud innata. Pero hasta las cabras aprenden… así que, en realidad, sería más acertado pensar que uno siempre hace lo que ha aprendido de pequeño, lo que le han enseñado, o lo que está acostumbrado a hacer por el entorno que le ha tocado. Y en ese caso, las ovejas tiran al monte ¿cuándo quieren o cuándo lo necesitan?, ¿de quién sería la culpa de que la cabra tire al monte, de la cabra o del pastor?

Y para ti, que no confías en las cabras y presumes de ser “alguien de ciencias”. En estadística, las ovejas negras son los valores extremos, los datos anómalos. Es el elemento de un grupo que va en dirección distinta o contraria a la del resto del grupo. 

Más conocidos como outliers, es la observación que parece inconsistente con el resto de los valores de la muestra, (siempre según el supuesto modelo probabilístico que debe seguir la norma). Se trata de un dato que lleva la contraria a los demás. Pero lejos de ignorar este dato, deberíamos identificarlo. Averiguar la razón de un valor tan extremo, ya que puede estar señalando algún hallazgo importante y no deberíamos desdeñarlo con rapidez.

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Pero “querida oveja, que te crees de lana blanca”, criada en libertad siguiendo ciclos naturales, según superstición surgida en el Alto Aragón, parece que tener a una oveja negra en el rebaño tiene grandes ventajas: han resultado ser animalillos que crecen conectados a su tierra y, por eso, en plenitud. Protegen como ninguna otra al resto de las ovejas, por lo que aún no siendo especialmente valoradas ni admiradas son necesarias en el rebaño . De hecho se dice que estas ovejas, cuando no tienen ni un pelo blanco (llamadas entonces ovejas “martas”), evitan que caigan rayos al rebaño durante las tormentas y también protegen a las ovejas blancas de que se vuelvan “modorras”, término popular para las que tienen enfermedades relacionadas con el sistema nervioso.

De ahí que las ovejas “martas” fueran consideradas en el pasado como ovejas sagradas a las que no se les podía hacer ningún daño. 

Estas cabritillas feas mías tienen un perfil recto y cuentan con cuernos fuertes. Son más resistente al clima y a las condiciones adversas; suelen necesitar buscarse la vida por lo que aprenden (a base de golpes) a utilizar todos los recursos de la naturaleza y su presencia es importante para la preservación de los campos.

Si ella no está, a ver quién hará de punching. A ver, quién si no, alegrará con su alegría y sus locuras al resto del ganado. A ver quién le da un poco de vidilla al pastor…

Estos alumnos ” difíciles ” son los que más satisfacción reportan, quien mejor recuerdas pasados los años, quien con más cariño te recuerda, quien más gratamente te sorprende en las vueltas de la vida. Así que por favor, desmitifiquen la infancia y apuesten por la diferencia. Y depositen sobre ellos grandes expectativas, que nadie mejor que una oveja negra para cumplirlas con tesón.

Motivos suficientes para que las ovejas negras estemos de suerte. De un tiempo a esta parte, ganaderos (verdaderos amantes de su profesión) están trabajando para renegar de esa connotación negativa de nuestras cualidades diferentes y estamos empezando a convertirnos en oportunidad. Ojalá (por el bien de las cabras perdidas en el monte, pero más por el de la sociedad en general) los maestros lleguemos algún día a hacer lo mismo.

Así que por favor, les ruego literalmente que no me mezclen churras con merinas (ni con manchegas, charolesas, limusinas, Ile de France…), y hagamos por descubrir el valor de las cabras y de velar por la heterogeneidad de los rebaños. No por inclusión o compasión, sino porque cada uno aporta un valor incalculable. La diversidad bien “pastoreada” es una fuente indiscutible de riquezas y talentos.

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Aprendamos a dar valor a la excepcionalidad de un rebaño así como a la importancia de comunicar las buenas expectativas que configuramos a nuestras cabras. No me lleven a las cabras a fracasar continuamente con las profecías cumplidas. Porque las cabras darán lo que su pastor espere de ella.

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Porque debería saber este buen pastor, que es precisamente “el pastor el que hace la lana”, así que quizá tenga más que ver con su arte del pastoreo que con las condiciones de la cabra, por lo que la cabra tire al monte. 

No es una metáfora: seamos cabras por un rato, disfrutemos de la locura de esta vida y tiremos todos juntos de excursión al monte. Allí se respira aire puro. La vida es muy corta para vivir siempre en un vallado.

 …porque esto no va sólo de ovejas, o de cabras …  ¡Cuidado! Habrá que cuidar a las ovejas negras, que últimamente están en peligro de extinción.

Atentamente, una cabra.

Terapeuta vital

“Y si un día no tienes ganas de hablar con nadie, llámame… estaremos en silencio.”

Gabriel García Márquez

Es curioso cuánto podemos aprender de un niño. De él todavía más.

Llegó para colmar de felicidad a unos padres que lo deseaban con todas sus fuerzas. Que lo hicieron todo para acogerte.

Pero también llegó para enseñarnos como el amor puede sanarnos. Para comprobar como un auténtico aluvión de cariño, protección y amparo pueden enderezar la misma vida. Para recordarnos que aunque uno parta en desventaja en el inicio de la vida, llegan oportunidades para reconstruirnos de cero. Llegó para demostrar que el amor de verdad todo lo puede. Absolutamente todo, por muy feas que se pongan las cosas. Porque el amor es así, está por encima de todo. Seguir leyendo “Terapeuta vital”