Gratitud y otros buenos deseos (II)

 

img_3891Las personas agradecidas difícilmente dan cabida a sentimientos negativos como el resentimiento, eligiendo ver lo mejor de las personas y guardarlo en la memoria. Son más generosos y serviciales. Algunas investigaciones confirman que tienden a enfermar menos y son, en general, más felices, porque mejora la salud mental, fortalece la autoestima, facilita el sueño reparador, estimula la resiliencia, aumenta el nivel de energía, de entusiasmo y de atención. Cambiamos nuestra forma de pensar y nos permite centrarnos en esos pequeños detalles que nos traen alegría y satisfacción, ayudando a disminuir la ira.

Esta actitud nos ayuda a construir mejores relaciones y este reconocimiento sincero genera lazos de cariño, confianza, y cercanía. Por lo que la gratitud también está vinculada a la conexión con otros y la conciencia social. Seguir leyendo «Gratitud y otros buenos deseos (II)»

Ruidos

Cada día te repito que la vida no es fácil. Tú ya sabes de sobra que para ti no lo es. Las cosas no son lo que parecen. Ni son como deberían parecer.

Te lo repito yo. Pero también tú vida, que insiste para no variar.

Por algún motivo sigues creyendo mis palabras y entendiendo mis silencios. Y sigues ahí, aún cuando se bloquean cada uno de tus lamentos, cuando no puedo dejarte que elijas el camino del centro.

Entender que no tienes opción a la debilidad. Aunque la entiendas, no es un lujo que tú te puedas permitir. Aunque procuro que no me arrastre a mi la prisa para que aprendas lo antes posible. Camino en zig zag tratando de equilibrar.

Antes toca cometer todos los errores del mundo. No me gustan, me dan miedo, tengo la sensación de que te dejo sola en un abismo, pero seré paciente con cada uno de ellos. Y siempre estaré ahí cuando tú decidas empezar. Hasta equivocarte de nuevo.

Me quedo despierta pensando en tus sueños. Me quedo pensando en cómo pedirte que seas fuerte, como darte motivos para que aprendas a quererte a ti misma, si nadie te ha enseñado a querer. Cómo criticarte tus mentiras, cómo juzgarte, si tu mundo es distinto. Como hablarte de confianza, si ahora mismo no hay ni hacia dónde mirar. Como pedirte un compromiso, si la vida no cumplió casi nada contigo.

No puedo juzgarte. Ni quiero. ¿Quién no ha cometido nunca un error?

Nada de esto es culpa tuya. Ni mia. Ni de ella. De nadie. Simplemente es. Como ocurre la vida. Porque si.

Oigo quien te dice, a gritos o en voz baja, que tienes que curtirte de esfuerzo, de esperanza y de actitud. A ti que te sobra actitud, a ti que caminas con la esperanza machacada.

Reprocho tus lamentos para sacar tu carácter y puedas batallar. Y en la guerra, asientes. Que te faltan motivos para querer pelear. Y aún así todavía lo intentas. Y peleas para que alguien te vea. Que alguien sepa que estás aquí. Que existes.

Quiero que sepas que siempre valoro ese mérito de seguir. De pelear. Aunque tú no lo veas.

Solo se me ocurre pensar que la vida continúa para todos los que estamos aquí. También para ti.

Y si confío para mí en la esperanza, también lo haré para ti. Porque llegará ese día donde la luz aparezca, donde casi todo dependerá de ti. Crecerás, aprenderás y algún día, si tú quieres, podrás volar lejos. Si tú quieres.

Sanará. Cicatrizarán las heridas, el dolor se volverá tu poder y harás de ti la mejor versión que seas capaz. Lo sé. Lo veo en tus ojos. Ojalá encontrara la forma de que me creyeras.

Si confío para mí en la esperanza de que llegue un futuro mejor, también quiero para ti que lleguen los momentos de tregua, esos que para llegar ahí tocaba avanzar bajo un cielo gris. Para caminar, para huir, para aprender en buenas manos como debe ser el amor. El amor propio. El tuyo. Para tener una oportunidad. Para compensar lo mal que algunos comienzan la vida en un desliz.

No es por conciencia intranquila, ni siquiera por pena. No es porque piense que se pueda hacer más. Afecta a tu vida como una verdad y afecta a mi vida como golpes de realidad…

Golpes de realidad para las dos. Fuerzas para afrontar cambios jodidos, caminos hacia precipicios que al final se consiguen escalar, noches oscuras y soledades forzadas. Huidas de estruendos que estallan en tu cabeza, con palabras que no deberían ser para ti, de golpes y portazos, de gritos, de tortazos, de una crisis de histeria que parece perseguirte a ti. Solo a ti.

Y mañana vuelve para perdonar a quien no pide perdón. Y se perdona. Incluso se vuelve a empezar. Experta en pasar páginas. Experta en buscar silencios. Y aún no lo sabes, pero esa misma será tu penitencia en el futuro.

Hoy tocaba aprender una lección. Las dos.

Pero eso pasado mañana. Hoy tocaba reflexionar sobre la verdad. Habrá muchas versiones, muchos juicios y percepciones. Tres o cuatro caras de la misma moneda. Una sola cruz. Millones de opiniones a ojos de los demás. Todo palabras e historias que escuchar.

Pero solo hay una verdad: LA VERDAD.

No hay historias a medias, ni versiones a mitad. No has dolores que se entiendan ni miedos que se comprendan. No hay palabras que consúelen. Solo puedo darte mi mano y hacer que al menos, durante unos minutos no te sientas sola.

Mierda de empatía. Más miseria. Pero también existe y la encontraremos, una oportunidad.

Porque si te empeñas en amarte a ti misma, en amar a los demás, en perdonar(te), dejar pasar y olvidar. Si pasamos página y te dejas cuidar, algún día ese ruido pasará.

Te lo prometo.

¿Por qué resulta tan difícil normalizar emociones?

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«El equilibrio no significa evitar conflictos. Implica la fuerza de tolerar emociones dolorosas y poder manejarlas…» -Melanie Klein-

Que la sociedad haya instalado como verdad absoluta la exigencia de estar siempre bien, no significa que sea algo posible. Los estados emocionales van y vienen dependiendo del contexto, de nuestras expectativas, de cómo procesamos la información, de las sorpresas que te da la vida. Habrá que tener cuidado con los estados de «armadura» donde evitamos cualquier implicación emocional para no sufrir.  Acabará por dañarnos aun más.

Vivimos acampados en la cultura del bienestar a cualquier precio. Un estado de confort vinculado al consumismo y el poder. Tanto tenemos, tanto valemos. Tanto valemos, tan felices somos. Continuamente bombardeados con mensajes poco realistas que incrementan la presión, sobreestimando el control que tenemos sobre nuestras vidas, de forma que llegamos a creer que la culpa de la tristeza la tenemos nosotros. Como si uno tuviera en la palma de la mano la felicidad, y no quisiera verla.

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Lamentablemente la educación recibida en la infancia nos adoctrina en esta forma tan pobre de gestionar las emociones. Poco y mal enseñamos sobre esto.

Tener que dar la imagen de un estado de felicidad perpetuo es una exigencia tan enorme que a menudo se convierte en el principal obstáculo para no alcanzar precisamente el estado de paz mental que cualquiera ansía, obligándonos a enmascarar nuestros auténticos sentimientos, engañándonos a nosotros mismos. Agotador y un auténtico desperdicio de energía. Sería más equilibrado normalizar emociones. 

¿Pero porqué resulta tan difícil normalizar emociones? Seguir leyendo «¿Por qué resulta tan difícil normalizar emociones?»

Terapeuta vital

«Y si un día no tienes ganas de hablar con nadie, llámame… estaremos en silencio.»

Gabriel García Márquez

Es curioso cuánto podemos aprender de un niño. De él todavía más.

Llegó para colmar de felicidad a unos padres que lo deseaban con todas sus fuerzas. Que lo hicieron todo para acogerte.

Pero también llegó para enseñarnos como el amor puede sanarnos. Para comprobar como un auténtico aluvión de cariño, protección y amparo pueden enderezar la misma vida. Para recordarnos que aunque uno parta en desventaja en el inicio de la vida, llegan oportunidades para reconstruirnos de cero. Llegó para demostrar que el amor de verdad todo lo puede. Absolutamente todo, por muy feas que se pongan las cosas. Porque el amor es así, está por encima de todo. Seguir leyendo «Terapeuta vital»

¿Cómo revertir el agotamiento emocional?

     «Estás triste. Y sigues.

Estás harta. Y sigues.

Estás cansada. Y sigues.

Lo tuyo no es tozudez, no.

Es la increíble capacidad de sacar fuerzas de donde ya no queda nada…»
-Ariel –

     La mejor manera de superar el agotamiento emocional es empezando por descansar. El agotamiento no nos permite tomar decisiones sensatas. Nuestra razón no funciona  con coherencia cuando estamos saturados mentalmente. Nos atrapa la vorágine del ruido, las prisas y la apariencia de la urgencia. Y encadenamos entonces malas decisiones una detrás de otra.

     Para vaciar esa mochila tan pesada va a ser necesario parar y desconectar. Por lo que debes intentar tomarte un tiempo para ti, aunque sea breve, para que puedas relajarte y estar tranquilo, para distraerte y conectar con tus necesidades personales. Para esto, nada mejor que dedicar un pequeño momento al día para estar a solas, en silencio. Igualmente, es importante cuidar de un tiempo libre de calidad. Seguir leyendo «¿Cómo revertir el agotamiento emocional?»

Aguantar de más… La terrible consecuencia de ser siempre fuerte.

 

«Sabes que algo anda mal cuando sientes cansancio del que no se cura durmiendo”

     Últimamente se percibe alrededor una esfera de tensión mal gestionada. Cada vez son más las personas que sienten una verdadera agonía con su día a día por el entorno laboral, las dificultades económicas, las presiones sociales, las expectativas no alcanzadas, los problemas familiares, las discusiones entre los colegios y las familias, un tráfico caótico, desmotivaciones u otras incertidumbres vitales.

     ¿Cómo es posible que todo esté tan gris?, ¿Qué tendremos que ver nosotros, o nuestra actitud, frente a este descontento tan generalizado?

     Además del evidente mal contagio que sufrimos los seres humanos, algo tiene que ocurrir para no ser capaz de afrontar lo cotidiano con un poco más de serenidad y entusiasmo. Es cuanto menos curioso que cuando contamos con más comodidades que en toda la historia de la humanidad, resulta que más agotado anda todo el mundo. ¿Agotados emocionalmente? Seguir leyendo «Aguantar de más… La terrible consecuencia de ser siempre fuerte.»

Alvin, dichosa ardilla

Alvin es una ardilla que llegó a su casa hace ya unos cuantos años para hacerle compañía en un momento difícil de su vida. Un animalillo sin mucha importancia que transitaba por la vida en un barquito de papel, con los peligros, debilidades, alegrías y aventuras que eso conlleva. Aunque a pesar de eso conseguía llegar a puerto. Incluso, a veces, a buen puerto. Seguir leyendo «Alvin, dichosa ardilla»

Mi alma tiene prisa, por Mario Andrade

 

«Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora…

Me siento como aquel niño que ganó un paquete de dulces: los primeros los comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente.

Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.

Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.

No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.

No tolero a manipuladores y oportunistas.

Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.

Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.

Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.

Quiero la esencia, mi alma tiene prisa…

Sin muchos dulces en el paquete…

Quiero vivir al lado de gente humana, …muy humana.

Que sepa reír de sus errores.

Que no se envanezca con sus triunfos.

Que no se considere electa, antes de la hora.

Que no huya, de sus responsabilidades.

Que defienda, la dignidad humana.

Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.

Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.

Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas…

Gente a quienes los golpes duros de la vida, le enseñaron a crecer con toques suaves en el alma.

Sí…

tengo prisa… -por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.

Pretendo no desperdiciar parte alguna de los dulces que me quedan…

Estoy seguro que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.

Tenemos dos vidas y, la segunda comienza cuando te das cuenta que sólo tienes una…»

MARIO DE ANDRADE

Normalizar emociones

 

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 «No olvidemos que las pequeñas emociones son los grandes capitanes de nuestras vidas y las obedecemos sin darnos cuenta». -Vincent Van Gogh-

¿Cuándo fue la última vez que lloraste a moco tendido, o que sentiste un momento repentino de euforia descontrolada?

Con cada adulto, adolescente o niño ocurre siempre lo mismo. Detrás del dolor, de cada enfado, de cada incertidumbre, de cada sacudida, de cada circunstancia que nos acompaña o nos persigue, siempre hay un estado emocional convertido o no en un sentimiento. Es lo normal. Pero por alguna razón (que analizaremos en otra ocasión) nos empeñamos en negar la evidencia. Y es que no sé en qué momento nos han enseñado a negar/ocultar/disimular/posponer nuestros estados emocionales. Sin embargo, si supiéramos cuánto daño conlleva esta práctica de negar nuestro dolor, prestaríamos más atención.

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¡Enfócate!

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«Cambia tu atención y cambiarás tus emociones. 

Cambia tu emoción y tu atención cambiará de lugar»

Frederich Dolson

¿Quieren saber más curiosidades sobre nuestro  cajón de prioridad?

 

Por suerte, no ha hecho falta restaurar todo en nuestro cajón desastre, porque algunos compartimentos son de lujo. Esto ocurre porque hay varios niveles y algunos los tenemos muy bien organizados, dando gusto verlos. Seguir leyendo «¡Enfócate!»